La robótica se ha convertido en una herramienta clave para enfrentar los desafíos ambientales y de sostenibilidad del planeta. A través de la automatización de procesos ecológicos, distintos desarrollos tecnológicos —desde brazos mecánicos hasta drones y robots submarinos— buscan reducir el impacto humano sobre los ecosistemas.
Entre los casos más destacados se encuentran los sistemas de clasificación de residuos, la reforestación autónoma, el monitoreo marino y la agricultura de precisión.
¿Cómo funcionan los robots que clasifican residuos?
Sistemas como Recycle Eye y TrashBot utilizan inteligencia artificial y sensores ópticos para identificar y separar materiales reciclables —plásticos, metales y cartón— de la basura común. Su implementación en plantas de reciclaje ha permitido aumentar la eficiencia del proceso y reducir de forma considerable la contaminación en los vertederos.
En la misma línea, la robótica también se ha volcado hacia la recuperación de bosques. Equipos de drones y robots terrestres, algunos impulsados por energía solar, son capaces de plantar miles de semillas al día en zonas áridas o de difícil acceso, acelerando así la reforestación en áreas pobres en vegetación.
Robots submarinos por la protección de los océanos
Otro de los desarrollos relevantes es "Burt", un robot submarino inspirado en animales marinos que opera sin dañar los ecosistemas. A diferencia de los dispositivos tradicionales, utiliza aletas flexibles en lugar de hélices y escanea los océanos en tiempo real para detectar contaminación, especies invasoras y blanqueamiento de corales.
A esto se suma la agricultura de precisión, representada por plataformas como FarmBot y TerraSentia, robots de pequeña escala que vigilan la salud de los cultivos, miden la humedad del suelo y eliminan plagas de manera localizada, minimizando así el uso de agua, fertilizantes y pesticidas químicos.
Investigadores de la UC contra las malezas
En Chile, un equipo de investigadores y estudiantes del laboratorio de robótica TAR-Lab de la Universidad Católica, en colaboración con la empresa SuperTrash, presentó en 2025 un prototipo robótico —cuyo diseño recuerda al personaje animado Wall-E— capaz de identificar y remover malezas en cultivos extensivos sin necesidad de aplicar pesticidas.
Tito Arévalo, profesor de Ingeniería Mecánica y Metalúrgica UC y líder del proyecto, explicó que "el control de malezas es un problema en la agricultura chilena y mundial, por sus efectos negativos en el rendimiento de los cultivos, el uso excesivo de herbicidas y el impacto ambiental que conlleva". Según el académico, el robot busca abordar directamente las preocupaciones sobre la contaminación química en el campo.
El dispositivo combina una cámara multiespectral y un sensor avanzado que permiten caracterizar la vegetación, diferenciar entre cultivo y maleza, y analizar el estado de salud de las plantas.
"Estos datos son integrados mediante algoritmos de inteligencia artificial para lograr una identificación y segmentación precisa de las malezas", detalló Arévalo. Una vez identificada la maleza, un brazo robótico equipado con una herramienta descrita como "broca barreno" la arranca de raíz sin dañar el cultivo circundante, actuando de forma temprana en plantas de hasta diez centímetros de altura.
El Wall-E boliviano hecho de material reciclado
Fuera del ámbito académico, la iniciativa del boliviano Esteban Quispe también ilustra el potencial de la robótica sostenible. A los 17 años, y utilizando material reciclado como motores, placas y cables descartados, construyó una réplica funcional de Wall-E con orugas y estructura metálica, capaz de responder a comandos enviados desde un celular.
Su interés nació tras ver la película de Pixar en 2008, y se consolidó tras años de pequeños proyectos electrónicos hasta culminar, en 2014, con la creación de su robot. Según el Global E-waste Monitor 2024, en 2022 se generaron 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en el mundo, de las cuales solo el 22,3% fue reciclado formalmente, cifra que da contexto a la relevancia de su proyecto.
Gracias a este trabajo, Quispe obtuvo una beca para estudiar electromecánica en la Universidad Católica de La Paz, y su meta actual es perfeccionar el control del robot mediante reconocimiento de voz.