sábado 25 de abril de 2026
Entrevista

Guido Girardi y Proyecta Chile 2050: "Con 0,34% del PIB en ciencia, no tenemos nada que hacer"

Guido Girardi sostiene que Chile “nunca ha tenido un proyecto país” pero que cuenta con grandes oportunidades, por lo que requiere que la academia proponga iniciativas en conjunto con empresarios y sociedad civil.

25 de abril de 2026 - 09:05

Chile se ha mantenido como un país en vías de desarrollo, especialmente tras las reformas económicas de la década de los 80 y profundizándose luego del retorno a la democracia en 1990. Si bien en 2010 se convirtió en el primer sudamericano en ingresar a la OCDE, en la actualidad aún está en deuda respecto a brechas sociales, altos niveles de desigualdad y una producción que no logra enfocarse en bienes de alta tecnología o valor agregado, lo que requiere mayor inversión en desarrollo tecnológico y científico.

Un país sin carta de navegación en Ciencia y Sostenibilidad

Los casos más emblemáticos de desarrollo se reflejan en países como Noruega, Suiza o Dinamarca, sumándose en las últimos años China, Corea del Sur y Singapur, que pasó de ser una isla pobre sin recursos en 1965 a una potencia económica mundial mediante una transformación basada en honestidad gubernamental, inversión en capital humano, apertura al comercio exterior y una planificación estratégica a largo plazo, además, invirtieron en educación STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y adoptaron el inglés como idioma oficial para la integración global.

Guido Girardi lleva años pensando en el Chile que viene. Como exsenador y hoy vicepresidente ejecutivo de la Fundación Encuentros del Futuro, lidera Proyecta Chile 2050: una iniciativa que convoca a universidades, gremios, sociedad civil y el mundo parlamentario para construir una hoja de ruta compartida hasta mediados de siglo.

En conversación con El Desconcierto, y a propósito del comienzo de la implementación de la iniciativa, Girardi advierte sobre las oportunidades geopolíticas que el país está desaprovechando, critica el historial de subinversión en ciencia de todos los gobiernos —incluido el actual— y propone una refundación del modelo de desarrollo basado en energías renovables, minería del conocimiento y soberanía científica.

— ¿Qué medidas son más urgentes para hacer de Chile un país más sostenible y equitativo?

Proyecta Chile 2050 nace de la necesidad de generar un espacio de confianza transversal en un momento en que la polarización —muy influenciada por las redes sociales— está destruyendo la capacidad de conversación y el diálogo. Sin diálogo es muy difícil ponerse de acuerdo.

La política se transforma en una política de trinchera, donde ya no hay capacidad de concordar con el otro. La política se transforma en una política de trinchera, donde ya no hay capacidad de concordar con el otro.

Vivimos además cambios gigantescos en inteligencia artificial y tecnología que están dejando obsoletas a las instituciones, las cuales van muy por detrás de la velocidad de los cambios. A eso se suma una nueva geopolítica donde Estados Unidos intenta impedir que China alcance la supremacía tecnológica, lo que marcará el destino de los próximos 20 años.

En ese contexto, planteamos crear, a partir de la experiencia del Congreso Futuro, una iniciativa liderada por las universidades: Proyecta Chile 2050. Están todas las universidades públicas y privadas del país, nacionales y de regiones. La preside el rector Emilio Rodríguez. Participan también la SOFOFA, la Fundación Chile, el Congreso, los sindicatos y los institutos profesionales como INACAP y DUOC.

El desafío es que Chile nunca ha tenido un Proyecto País compartido por todos sus habitantes. No el programa de un determinado candidato o gobierno, sino un acuerdo construido con gran participación del mundo académico, intelectual y científico. Uno se pregunta por qué países parecidos a Chile en su modelo de desarrollo, como Australia, Canadá, Nueva Zelanda o Finlandia, son hoy países desarrollados. Fundamentalmente porque tenían un propósito compartido: desde el niño más pequeño hasta el conjunto de la sociedad compartían una misión y remaban en la misma dirección.

Chile tiene recursos que son estratégicos para la humanidad. Es la Arabia Saudita de las energías renovables: tiene el mayor potencial solar y eólico del planeta. ¿Por qué dependemos de combustibles fósiles cuando somos el país más potente en energías renovables? Tenemos lo que yo llamo poder geopolítico. Podemos transformar esta riqueza en litio, en cobre, en energía renovable, en poder real. Eso nos permitiría no ser vasallos ni de China ni de Estados Unidos, sino tener soberanía y navegar en esa relación de manera equilibrada. Si no encadenamos hoy el presente con ese futuro —en minería, en energía limpia, en alimentación—, perderemos oportunidades gigantescas. Nuestro Estado y nuestras políticas no están preparados para eso.

¿Por qué dependemos de combustibles fósiles cuando somos el país más potente en energías renovables? ¿Por qué dependemos de combustibles fósiles cuando somos el país más potente en energías renovables?

De la extracción al conocimiento

— ¿Qué tan difícil es pasar de una economía de extracción a una del conocimiento?

Son procesos. Chile siempre va a tener que mantener una economía del cobre, del litio, de las energías renovables. Pero pongo un ejemplo: si pudiéramos tener 2 millones de megawatts de energía solar y eólica hacia 2050, podríamos transformar eso en hidrógeno verde. Ese hidrógeno verde valdría alrededor de 500.000 millones de dólares. Seríamos cinco veces más ricos solo con el hidrógeno verde; multiplicaríamos por cinco el ingreso del país.

Con esa capacidad energética también podríamos hacer fundiciones solares. China concentra hoy el 90% de la fundición de concentrado de cobre en el mundo y acumula así un poder geopolítico enorme. Si Chile hiciera fundiciones con energía solar limpia, podría recuperar ese poder y fundir los concentrados de Argentina, Perú y Bolivia.

Con 2 millones de megawatts también podríamos generar data centers y ser el país más importante en almacenamiento y procesamiento de datos del planeta, actividad que requiere gigantescas cantidades de energía y estabilidad política, que Chile tiene. Y podríamos transformar el desierto de Atacama en un vergel: Chile tiene solo el 1% de suelo arable tipo 1 en todo el país —cerca de 800.000 hectáreas— con una productividad altísima que genera 13.000 millones de dólares. Podríamos incorporar un millón más de hectáreas y doblar lo que producimos en alimentos, desalando agua e incorporando unos 250 metros cúbicos por segundo.

Chile tiene además el mar más productivo del planeta, y los alimentos del futuro serán fundamentalmente marinos, porque el cambio climático afectará la capacidad de la agricultura para resolver los problemas de alimentación. Son desafíos gigantescos. Las 2.000 personas trabajando en las mesas de Proyecta Chile 2050 están abordando también la educación del futuro, la seguridad y la salud. Las universidades, por ejemplo, desarrollamos para el Ministerio del Interior el proyecto SITIA, que usa cámaras inteligentes con inteligencia artificial para detectar vehículos robados, personas con órdenes de detención y situaciones de riesgo en tiempo real.

Inteligencia artificial y sostenibilidad energética

— ¿Cómo congeniar el desarrollo de la inteligencia artificial como país sin comprometer recursos hídricos y ecosistemas, como ha ocurrido con el humedal de Quilicura?

Depende de cómo lo hagas. Si utilizas la Patagonia —que tiene el mayor potencial eólico del mundo, agua y zonas frías—, podrías desarrollar data centers allá sin competir con poblaciones. Al sur de Puerto Williams prácticamente no hay asentamientos humanos. En el desierto de Atacama, en tanto, puedes desalar agua en lugar de usar agua dulce, y tienes un potencial energético gigantesco.

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En el desierto de Atacama habría que coordinarse para no competir con actividades como la astronomía, el turismo o la minería. Pero es un territorio con pocos usos urbanos que permite desarrollar actividades estratégicas para Chile sin el tipo de conflictos que hemos visto en otros lugares.

Ciencia y educación: la deuda pendiente

— Proyecta Chile 2050 dice contar con apoyo transversal del Congreso, el Ejecutivo, la academia y el sector privado. Sin embargo, la ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, anunció recientemente la suspensión temporal de becas de magíster y posdoctorado en el extranjero, y el Gobierno ha planteado limitar la gratuidad en educación superior hasta los 30 años. ¿Cómo ve estas restricciones?

Ahí tenemos un problema estructural que no es solo de este gobierno. Chile invierte casi nada en ciencia: el 0,34% del PIB. Países que han desarrollado capacidades y soberanía científica invierten sobre el 5% del producto, como Corea del Sur o Israel. Con el 0,34% que invirtió Chile bajo Piñera, Bachelet o Boric, no tenemos nada que hacer.

Si queremos apostar al futuro y ser líderes mundiales en hidrógeno verde, no tenemos doctores en hidrógeno verde. Si queremos desarrollar el potencial en energía renovable, nos faltan técnicos y profesionales en todas las áreas.

Hay una mirada que lamentablemente no pone el acento real en la ciencia. La innovación nace de un país que tiene ciencia básica, y con esa ciencia básica genera tecnologías con las cuales puede innovar. Si quisiéramos desarrollar el cultivo masivo de algas en Chile, eso significa ciencia e investigación.

Si queremos pasar a ser un país que le agregue valor a su inmensa potencialidad, tenemos que invertir más en ciencia y en educación. Si queremos pasar a ser un país que le agregue valor a su inmensa potencialidad, tenemos que invertir más en ciencia y en educación.

Hoy existe una política de restricción de gasto que ha reducido el presupuesto de todos los ministerios. Disminuirlo en salud, educación y ciencia no es el mejor camino. Debiéramos hacer lo que China: enviar chilenos a formarse al mundo entero para luego repatriarlos, mientras se invita a los principales científicos del mundo a instalarse en el país. Ellos saben que la ciencia y la investigación hacen la diferencia.

Si queremos pasar a ser un país que le agregue valor a su inmensa potencialidad, tenemos que invertir más en ciencia y en educación, desde el jardín infantil —donde se forman los cerebros en los primeros siete años de vida— hasta la educación superior. Y focalizaríamos los doctorados y posdoctorados en las áreas que son estratégicas para Chile.

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