Chile no controla el precio de la energía que consume. Aunque los combustibles que importa provienen principalmente de Argentina y Brasil, su valor se fija en los mercados financieros internacionales: el índice Brent en Londres y el West Texas Intermediate en Estados Unidos.
Eso significa que una crisis en el Estrecho de Ormuz —por donde transita el 25% del petróleo mundial— impacta directamente en las cuentas del país, aunque el conflicto ocurra a miles de kilómetros de distancia. Así lo advierte Gilberto Aranda, profesor titular del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, quien señala en entrevista con El Desconcierto que "las economías altamente dependientes de importaciones de ese tipo, como la chilena, reciben el impacto incluso en forma mucho más directa y mucho más pronunciada" que países productores.
El diagnóstico queda respaldado por el informe "Estado de los Combustibles Fósiles en Chile" (abril 2026), elaborado por la ONG Uno Punto Cinco. El documento revela que Chile gasta más de 12 mil millones de dólares anuales en importaciones fósiles, equivalente al 5,1% del PIB en 2024, una cifra comparable al presupuesto público de salud.
El 43% de ese gasto se destina a Estados Unidos, principalmente en derivados del petróleo. Y los picos de desembolso no responden a mayores volúmenes importados, sino a shocks externos de precios, lo que deja en evidencia una vulnerabilidad estructural que la política local no puede neutralizar.
Las economías altamente dependientes de importaciones de ese tipo, como la chilena, reciben el impacto incluso en forma mucho más directa y mucho más pronunciada Las economías altamente dependientes de importaciones de ese tipo, como la chilena, reciben el impacto incluso en forma mucho más directa y mucho más pronunciada
La exposición de Chile a la inestabilidad global
Para Aranda, el escenario actual en Medio Oriente no es una excepción sino una advertencia sobre lo que puede repetirse. "Con el grado de turbulencia e inestabilidad mundial, este escenario no se puede descartar en otro espacio o momento con características similares", afirma.
El efecto concreto es inflacionario: todo lo que depende del transporte —desde alimentos hasta traslado de personas— absorbe el alza del petróleo, y "eso lo siente el bolsillo de la gente".
La dependencia tampoco es nueva. Desde el año 2000, el gasto en importaciones fósiles ha representado entre el 3% y el 8% del PIB, con variaciones que no obedecen a decisiones soberanas sino a fluctuaciones del mercado global. Esa oscilación tiene consecuencias fiscales directas: el mecanismo MEPCO —que estabiliza los precios de los combustibles en el mercado interno— costó cerca de 2.440 millones de dólares en 2022, casi un 1% del PIB.
"Estamos poniendo plata fiscal en abaratar justamente lo que queremos dejar de usar", resume Juan Carlos Varela, coordinador del Área de Investigación, Campañas e Incidencia de Uno Punto Cinco.
Estamos poniendo plata fiscal en abaratar justamente lo que queremos dejar de usar Estamos poniendo plata fiscal en abaratar justamente lo que queremos dejar de usar
La transición renovable como respuesta soberana
Pese al diagnóstico crítico, tanto Aranda como Varela coinciden en que la transición hacia energías renovables y mayor sostenibilidad es la salida más concreta al problema de soberanía. "En la medida que el país avanza en energías limpias y menos dependencia de los biocombustibles, vamos a disminuir el impacto de situaciones adversas", afirma Aranda, quien reconoce que Chile ha hecho "avances sustantivos" en esa dirección, con más del 68% de la generación eléctrica ya proveniente de fuentes limpias.
En la medida que el país avanza en energías limpias y menos dependencia de los biocombustibles, vamos a disminuir el impacto de situaciones adversas En la medida que el país avanza en energías limpias y menos dependencia de los biocombustibles, vamos a disminuir el impacto de situaciones adversas
Sin embargo, el informe de Uno Punto Cinco advierte que ese avance eléctrico no se ha traducido en una reducción del consumo fósil total: en 2024, Chile consumió un 29% más de energía fósil que en el año 2000. Las renovables han crecido junto a los fósiles, no en su reemplazo.
La matriz energética primaria —que incluye transporte, industria y calefacción— sigue dominada en un 66% por combustibles fósiles, con el petróleo como principal componente, concentrado en el transporte.
Un acuerdo global que no llega
La vulnerabilidad de Chile se agrava en un contexto internacional donde los acuerdos para abandonar los fósiles avanzan con lentitud. En la COP30 de noviembre pasado no se alcanzó un pacto vinculante para dejar atrás los combustibles fósiles, y Aranda no prevé que eso cambie pronto.
"Hay países que buena parte de su Producto Interno Bruto reposa en ese tipo de energías", señala, y comparar ese escenario con pedirle a Chile que abandone el cobre. La transición, agrega, "no va a ser inmediata y requerirá muchos consensos".
Para Varela, sin embargo, la oportunidad está en la acción doméstica. "Chile tiene todo para ser un ejemplo en esto. Lo que falta es la voluntad de darle dirección y plazo a esa salida", afirma, apuntando a que el país posee recursos renovables excepcionales pero carece aún de un instrumento integrador que articule una hoja de ruta común para el carbón, el petróleo y el gas natural.
Chile tiene todo para ser un ejemplo en esto. Lo que falta es la voluntad de darle dirección y plazo a esa salida Chile tiene todo para ser un ejemplo en esto. Lo que falta es la voluntad de darle dirección y plazo a esa salida