Las bolsitas de té fabricadas con materiales plásticos pueden liberar entre 555 y 2.498 partículas de microplásticos por taza al entrar en contacto con agua caliente. Así lo establece un estudio de la Universidad Recep Tayyip Erdoan, en Turquía, publicado en la revista npj Science of Food, que reabre la discusión sobre la exposición cotidiana a estas partículas.
La investigación, a cargo de Necla Pehlivan y Kenan Gedik, analizó 28 marcas de té en bolsitas plásticas, de celulosa y de hoja suelta. En estas últimas, la cantidad detectada fue considerablemente menor: entre 0,3 y 2,4 partículas por taza.
Para Cristóbal Galbán-Malagón, académico del Centro GEMA, Genómica, Ecología y Medio Ambiente de la Universidad Mayor, la diferencia "no está necesariamente en el té que consumimos, sino en los materiales utilizados para prepararlo". Sin embargo, advirtió en entrevista con El Desconcierto que las condiciones de análisis no fueron exactamente las mismas, por lo que las cifras no son directamente comparables.
Del mismo modo, precisó que el té de hojas tampoco está libre de microplásticos, ya que estos pueden incorporarse durante el cultivo, el procesamiento o el transporte. "Lo que sí demuestra el estudio es que el material utilizado para fabricar las bolsitas puede constituir una fuente adicional de contaminación que podríamos evitar", afirmó.
El té de hojas tampoco está libre de microplásticos, ya que estos pueden incorporarse durante el cultivo, el procesamiento o el transporte El té de hojas tampoco está libre de microplásticos, ya que estos pueden incorporarse durante el cultivo, el procesamiento o el transporte
Efectos de los microplásticos en el cuerpo humano
De acuerdo con el investigador, la exposición es prácticamente diaria a través de los alimentos, el agua y el aire. Si bien gran parte de las partículas ingeridas se elimina por el sistema digestivo, las más pequeñas pueden cruzar barreras del organismo. De hecho, ya se han identificado en muestras de sangre, pulmones y otros órganos humanos.
En esa línea, explicó que estudios experimentales han demostrado que pueden provocar inflamación y alteraciones celulares. "La principal preocupación está en lo que podría suceder después de décadas de exposición continua", precisó.
No obstante, llamó a no confundir la presencia de microplásticos con una enfermedad: "Actualmente, todavía no tenemos evidencias suficientes para establecer una relación directa entre los niveles habituales de exposición alimentaria y enfermedades específicas en las personas".
La principal preocupación está en lo que podría suceder después de décadas de exposición continua La principal preocupación está en lo que podría suceder después de décadas de exposición continua
Los microplásticos contra los ecosistemas
En el plano ambiental, el académico, quien ha estudiado la presencia de estas partículas en la Antártica, sostuvo que los microplásticos permanecen durante largos periodos en océanos, ríos, lagos y suelos. Además, muchos organismos acuáticos los ingieren al confundirlos con alimento, lo que puede afectar su crecimiento o reproducción.
Esto resulta especialmente preocupante en el plancton, base de numerosas cadenas alimentarias. A su vez, en los suelos pueden alterar sus propiedades y afectar a los microorganismos. "Uno de los mayores problemas es que muchos plásticos, en lugar de desaparecer, se van fragmentando en partículas cada vez más pequeñas que resultan muy difíciles de retirar", explicó.
¿Cómo reducir el consumo de microplásticos?
Respecto de las medidas cotidianas, Galbán-Malagón recomendó usar té de hojas sueltas con infusores metálicos, evitar calentar alimentos en recipientes plásticos, preferir envases de vidrio o acero inoxidable y reemplazar utensilios plásticos deteriorados.
En cuanto a la compra a granel, indicó que "puede ayudar, pero no es una solución definitiva", ya que los microplásticos también están en el agua, el aire y los suelos agrícolas.
De esta forma, enfatizó que la responsabilidad no puede recaer solo en las personas. "Estamos hablando de un problema ambiental muy extendido que requiere también cambios en los procesos industriales, mejores materiales y medidas que reduzcan la liberación de estas partículas al ambiente", afirmó.
Finalmente, aclaró que "no se trata de generar alarma", sino de reducir la exposición y frenar la llegada de plásticos al ambiente, "porque una vez que estas partículas llegan a los ecosistemas, eliminarlas resulta extraordinariamente difícil".
Una vez que estas partículas llegan a los ecosistemas, eliminarlas resulta extraordinariamente difícil Una vez que estas partículas llegan a los ecosistemas, eliminarlas resulta extraordinariamente difícil