Una alternativa sostenible para combatir la crisis de contaminación por plásticos avanza a paso firme desde el Biobío luego de que científicas y científicos de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) se encuentran desarrollando un innovador material biodegradable y antimicrobiano capaz de sustituir a los polímeros sintéticos en la industria del envasado y embalaje.
Tras más de doce meses de experimentación, el proyecto ha logrado transformar desechos de la agricultura en nanofibras de celulosa, las cuales se integran a una matriz polimérica para dar origen a un nanocompuesto con alta resistencia térmica y mecánica.
A diferencia del plástico derivado del petróleo, este avance se inserta de lleno en el paradigma de la economía circular y la legislación chilena actual, enmarcándose en los requerimientos de la Ley de Plásticos de Un Solo Uso y las metas de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP).
El proyecto es financiado por el fondo FONDEF IDeA I+D 2025 e iniciado en julio del año pasado, mientras que la investigación es liderada por las académicas Fabiola Valdebenito, Elizabeth Elgueta y Carolina Quezada.
Residuos agrícolas convertidos en bioplásticos
El Dr. Francisco Vásquez, especialista en biotecnología e Investigador Postdoctoral incorporado al proyecto, subrayó el impacto medioambiental de valorizar subproductos agrícolas y agroforestales: “al darle un valor agregado para sustituir otro componente que está en la industria química, disminuyes la huella de carbono”.
Agregó: "la idea es que esta bioeconomía genere un círculo virtuoso: partimos de una materia prima y luego el producto, mediante su biodegradabilidad, va a llegar al suelo y va a alimentar nuevamente al mismo producto que nos va a generar la materia prima”, explicó.
Desde un punto de vista químico, este bioplástico es capaz de resistir temperaturas elevadas y frena microorganismos, además de igualar o superar las capacidades físicas de los envoltorios sintéticos del mercado habitual, como el polietileno de baja densidad.
“El gran avance en el desarrollo del material biobasado es la resistencia mecánica que se suma a las propiedades antimicrobianas ya estudiadas y establecidas. Además, se logró demostrar que es un material biodegradable a través de normas ISO, como era esperado”, declaró.
¿Qué falta para aplicarlo a escala real?
Superadas las primeras fases técnicas, la iniciativa afronta ahora su mayor desafío: verificar que estas virtudes físicas y químicas se mantengan al fabricar el producto a mayor volumen.
Para lograrlo, la universidad instaló un equipo de extrusión semi-piloto que imita los métodos de moldeado habituales en la industria manufacturera.
“Estamos en verificación. Vamos a poder también dar el salto semipiloto y verificar que el proceso se pueda escalar”, señaló el investigador.
La hoja de ruta contempla iniciar las pruebas comerciales en envoltorios de baja exigencia, para luego ascender progresivamente a empaques que demanden una mayor protección contra la humedad y el oxígeno.