La basura marina se ha transformado en materia prima para una parte de la industria textil. Redes de pesca abandonadas y botellas PET recuperadas del mar son hoy el insumo de chaquetas, trajes de baño y anteojos que comercializan Ecoalf, Karün y Outerknown, en un modelo circular que busca reducir el uso de petróleo en la fabricación de fibras sintéticas.
La magnitud del problema explica el surgimiento de estas iniciativas. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), cerca de 11 millones de toneladas de plástico ingresan cada año al océano, y hasta 2,7 millones de toneladas de ese total provienen de los ríos.
El mismo organismo proyecta que, sin cambios en la producción y el consumo, el volumen podría alcanzar entre 23 y 37 millones de toneladas anuales hacia 2040.
¿Cómo afecta el plástico a los ecosistemas marinos?
El daño se produce por tres vías principales. La primera son las llamadas redes fantasma, artefactos de pesca perdidos o abandonados que siguen capturando peces, tortugas, aves y mamíferos marinos durante décadas, un fenómeno conocido como pesca fantasma.
A ello se suma la formación de microplásticos. La acción del sol, el oleaje y la sal fragmenta los plásticos no biodegradables en partículas que peces y mariscos confunden con alimento, lo que introduce compuestos sintéticos en la cadena alimentaria.
La tercera vía es la destrucción de hábitats. Las acumulaciones de desechos cubren arrecifes de coral y el lecho marino, y bloquean la luz solar que plantas y algas necesitan para realizar la fotosíntesis.
Transformando la basura marina en ropa
Una de las iniciativas con mayor trayectoria es la de Ecoalf, firma española fundada en 2009 por el empresario Javier Goyeneche. En 2015, a través de la Fundación Ecoalf, la marca impulsó el proyecto Upcycling the Oceans, que trabaja con pescadores para retirar residuos del fondo marino con sus redes de arrastre. Los desechos se clasifican y una parte se convierte en un polímero con el que se fabrican hilos para chaquetas, calzado y mochilas.
El proyecto comenzó con tres pescadores en Alicante. Según cifras difundidas por la fundación en junio pasado, hoy reúne a 4.775 pescadores de cinco países y ha retirado más de 2,1 millones de kilos de residuos del mar. Su fundador lo ha planteado como una respuesta al funcionamiento de la industria: "La moda está basada en un modelo económico que no funciona", afirmó Goyeneche en declaraciones recogidas por el medio especializado Modaes.
En Chile, en tanto, la marca Karün, fundada en 2012 por Thomas Kimber y con oficinas en Puerto Varas, fabrica anteojos a partir de redes de pesca recicladas. El material se recolecta en comunidades costeras de la Patagonia, cuyos emprendedores reciben un pago por las redes, y su poliamida se transforma en monturas. La compañía cuenta además con la certificación de Empresa B.
En el hemisferio norte, Outerknown fue fundada en 2015 en Estados Unidos por el surfista Kelly Slater, 11 veces campeón mundial, junto al diseñador John Moore.
Desde su primera colección, la marca utiliza ECONYL, un nailon regenerado que produce la empresa italiana Aquafil a partir de redes de pesca recuperadas y otros residuos de nailon, como alfombras y restos textiles. Con esa fibra elabora boardshorts, trajes de baño y chaquetas.
El reciclaje de basura marina no resuelve todo el problema
Pese a sus beneficios, la transformación de residuos marinos en prendas no cierra el ciclo. Fabricar con material reciclado disminuye la extracción de petróleo para producir sintéticos vírgenes y retira plástico del agua, pero las prendas sintéticas, incluidas las recicladas, siguen liberando microfibras en cada lavado.
El propio PNUMA estima que el lavado de ropa vierte cada año en el océano alrededor de medio millón de toneladas de microfibras plásticas. Por ello, algunas marcas complementan su producción con tecnologías de filtrado durante el lavado y con diseños pensados para que las prendas puedan volver a reciclarse al final de su vida útil.