Ante una serie de productos no autorizados ni registrado que se ofrecen en el e-commerce, la Universidad de Chile en conjunto con el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) crearon un sistema operativo utilizando inteligencia artificial, capaz de analizar miles de publicaciones online y detectar posibles infracciones en cuestión de segundos.
Artículos como plaguicidas no registrados, medicamentos veterinarios ilegales y hasta especies de fauna silvestre protegida se venden en plataformas sin que la fiscalización tradicional pueda detectarlos a tiempo.
La Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas y el SAG, con financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), desarrollaron AI-MarketScan.
El sistema opera mediante inteligencia artificial multimodal, es decir, modelos que procesan distintos tipos de información simultáneamente.
Su funcionamiento sigue tres pasos: primero, revisa imágenes y textos de publicaciones electrónicas y selecciona las que tienen relación con la normativa del SAG. Luego, identifica el tipo de producto. Finalmente, cruza esa información con la regulación vigente para detectar irregularidades.
"Lo que hacemos es reconocer los objetos que se ven y describen en los anuncios y comparar esa información con lo que dice la regulación. Ese cruce es lo que permite identificar productos que no cumplen la normativa", explica Claudio Pérez, académico que lidera el proyecto.
Hasta ahora, el sistema analizó más de 232 mil publicaciones vinculadas al SAG y detectó 4.634 alertas clasificadas por nivel de severidad.
Entre los casos más críticos figuran la venta de especies protegidas, productos altamente tóxicos y medicamentos sin registro sanitario. Una revisión manual de ese volumen habría requerido cerca de 38 mil horas de trabajo, equivalentes a más de cuatro años de fiscalización continua. AI-MarketScan, en cambio, puede procesar cerca de 10 mil publicaciones por hora.
"El problema simplemente no es abordable sin inteligencia artificial. Estamos hablando de millones de publicaciones que hay que filtrar, analizando imágenes, texto y etiquetas. Es como buscar una aguja en un pajar", sostiene Pérez.
El fiscalizador no desaparece: cambia su rol
El resultado del sistema no es una resolución automática, sino un ranking de alertas priorizadas. La decisión final sigue recayendo en funcionarios del SAG. "La inteligencia artificial permite priorizar y enfocar el trabajo en los casos más relevantes", precisa el académico.
Así, el modelo de fiscalización pasa de ser reactivo —basado en denuncias o búsquedas fragmentadas— a preventivo, con capacidad de mapear el riesgo en el comercio electrónico antes de que los productos problemáticos se masifiquen.
El equipo proyecta ampliar AI-MarketScan a nuevas plataformas y áreas de fiscalización dentro del SAG en el corto plazo. Más allá de lo tecnológico, el proyecto apunta a un problema estructural: cómo el Estado puede operar en entornos digitales que crecen a una escala que ya no es manejable sin herramientas computacionales.