¿Será la ocasión para una cuarta ofensa al ser humano?
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Las cosas cambian con notable rapidez, al punto que el arte de la predicción se volvió imposible. En este cuadro, tal vez lo prudente sea prepararse para una "cuarta ofensa".
¿Será la ocasión para una cuarta ofensa al ser humano?
Fue Sigmund Freud quien reconoció la existencia de unas ofensas al ser humano, que han provocado severas “heridas narcisistas”. En efecto, en un breve artículo publicado en la revista Imago en 1917, con el título de Una dificultad del Psicoanálisis, e incluido luego en sus obras completas (Madrid: Biblioteca Nueva. Tomo II. Págs.1110-12), afirma:
A consecuencia de esta situación, los hombres han debido convivir con tres insoportables laceraciones, verdaderas humillaciones, que ponen en dificultad su estima y agreden su autoimagen.
La primera de ellas se produjo en el siglo XVI, y se debe a Copérnico, quien recogiendo algunas ideas que ya tenían un largo recorrido, consigue demostrar que la Tierra no es el centro del Universo, sino que ocupa un lugar en la periferia de un sistema mayor: “La situación central de la Tierra le era garantía de su función predominante en el Universo, y le parecía muy de acuerdo con la tendencia a sentirse dueño y señor del Mundo”. El transito del geocentrismo al heliocentrismo fue un cambio radical, y a la vez un atentado al narcisismo. El ser humano pierde su posición de privilegio, ya no está en el centro del Cosmos, y sin alternativa está obligado a asumirse solo como una figura menor en este reparto. Se configura así una “ofensa cosmológica”.
La segunda se produce tres siglos más tarde, cuando Charles Darwin, luego de una documentada investigación, establece que el hombre surge gradualmente en un proceso evolutivo azaroso que abarca millones de años, y no como la culminación de una creación divina. Ya no somos una especie privilegiada, completamente aparte en el Universo, elegida por Dios, sino, más bien, mantenemos raíces comunes con otros seres vivos.
Creyendo tener poderosas razones el hombre se había auto designado como soberano entre los restantes habitantes de la Tierra, hasta que interviene el evolucionismo darwiniano poniendo fin a esta exaltación: “Es la segunda ofensa -la ofensa biológica- al narcisismo humano”. Aun así, todavía en pleno siglo XX, el hombre se mantiene confiado: “Aunque exteriormente humillado, se siente soberano en su propia alma”.
Esta tranquilidad, sin embargo, no duraría demasiado.
Freud se asigna la responsabilidad de la tercera ofensa, que tiene su fundamento en el descubrimiento de procesos psíquicos inconscientes. A partir de ahora la conciencia experimenta algunas limitaciones, ya no es dueña de su propia casa, porque “surgen de pronto pensamientos, de los que no sabe de dónde vienen, sin que tampoco sea posible rechazarlos”. La interpretación freudiana identifica un punto ciego en la conciencia, dado que no existe un acceso al origen, a los procesos que la hacen posible. Una nueva ofensa, esta vez de carácter psicológico.
Así, ya no somos el centro del Universo, tampoco una especie producto de una creatividad superior. Todavía más, por obra de la reinterpretación que Freud hace de la conciencia, ya ni siquiera conocemos las verdaderas causas de nuestra conducta. Actuamos, pero no sabemos las razones profundas de esa acción.
Contemporáneamente, la Inteligencia Artificial ha desatado numerosas interrogantes (sin mencionar expectativas y temores), que parecen desafiar una vez más la autoimagen que el hombre se ha construido laboriosamente.
Veamos: ¿Piensa realmente la IA? ¿Se trata de una inteligencia homologable con la humana? ¿Es posible atribuir conciencia a una máquina? ¿Llegarán estos sistemas a tener sentimientos, a generar procesos de auto aprendizaje, acumularán experiencia? ¿Podrán, en síntesis, actuar autónomamente? ¿Terminarán superándonos?
Interrogantes difíciles, inquietantes, pero sin respuesta. Al menos sin respuestas seguras, ampliamente aceptadas. Numerosas dudas, certezas escasas. Muchos se han apresurado a responder negativamente: ¡Obviamente sólo los seres humanos piensan! ¡La conciencia es nuestro sello! ¡Una máquina no puede superarnos!
Las cosas cambian con notable rapidez, al punto que el arte de la predicción se volvió imposible. En este cuadro, tal vez lo prudente sea prepararse para una cuarta ofensa. ¿Quién sabe?