lunes 14 de septiembre de 2026
Entrevista

Guido Girardi sobre tecnoligarcas: "Lo de Cerimedo es solo una pequeña escaramuza de un fenómeno global"

En entrevista con El Desconcierto, el exsenador vincula el caso Cerimedo con la estrategia global de la ultraderecha, ve al papa León XIV como único líder frente a los tecnoligarcas y declara muerto el socialismo.

14 de septiembre de 2026 - 13:15

La detención en Bolivia del estratega digital argentino Fernando Cerimedo y la comisión investigadora que la Cámara de Diputadas y Diputados aprobó el 2 de septiembre para indagar sus eventuales vínculos con el entorno del presidente José Antonio Kast reabrieron en Chile el debate sobre bots, desinformación y manipulación algorítmica en las campañas electorales. Esa discusión es parte de otra mayor, sobre el poder de las grandes tecnológicas, a la que el papa León XIV entró en mayo con su primera encíclica, Magnifica Humanitas, que advierte sobre el riesgo de un "tecnofascismo".

En ese contexto, Guido Girardi, exsenador, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Encuentros del Futuro y fundador de Congreso Futuro, publicó en agosto el ensayo Thiel: el enemigo del Papa que seduce a las élites, sobre el cofundador de PayPal y Palantir, Peter Thiel, y la corriente conocida como "ilustración oscura". En entrevista con El Desconcierto, Girardi aborda el proyecto ideológico de los tecnoligarcas, el impacto evolutivo de la inteligencia artificial, la economía de la atención detrás de la desinformación y el vacío del progresismo frente a ese escenario.

Una tecnología que cambia la especie

-Acabas de publicar el ensayo Thiel: el enemigo del Papa que seduce a las élites. ¿Qué tienen Peter Thiel y estos tecnoligarcas que están transformando el mundo? ¿Es un cambio paradigmático que no habíamos visto antes?

Para entender lo que está pasando hay que entender el poder de las tecnologías que el humano construyó, y su apropiación por un grupo de oligarcas. Entre ellos, Peter Thiel, el gran ideólogo, el Marx de esta ilustración oscura.

Estamos en un cambio que ningún ancestro vivió como nosotros. Otros vivieron cambios: un ancestro dejó de ser mono al ponerse de pie y se transformó en Homo habilis.

-Se ha comparado la irrupción de la inteligencia artificial con la de la imprenta.

No tiene nada que ver. Esto es un cambio evolutivo. La imprenta no cambió la especie: en 1440 hizo que los humanos leyeran, generó cableados nuevos en el cerebro y agregó el pensamiento profundo y el pensamiento crítico. Esto es más bien como el fuego, que hizo crecer el cerebro de Homo erectus y traccionó el lenguaje. El lenguaje creó conceptos, puso nombres a las cosas y trajo emociones complejas. Eso nos transformó en Homo sapiens. Hace 900.000 años estuvimos a punto de desaparecer: quedaron cerca de 1.200 homínidos. Sin fuego, habríamos desaparecido.

Como el bipedismo, que nos sacó de la jungla y liberó las manos para construir herramientas; como las primeras herramientas líticas, hace tres millones y medio de años, que cambiaron la alimentación e hicieron crecer el cerebro; como el fuego, esta tecnología está cambiando el cerebro y la vida de los seres humanos. Pero es distinta por dos razones.

Primero, todas las tecnologías anteriores aumentaron las competencias humanas y no reemplazaron al ser humano. El martillo siempre lo maneja el humano y siempre será martillo; el motor a combustión generó la segunda revolución industrial y modificó el empleo, pero no reemplazó a nadie. Esta es un martillo que cada día clava mejor que los humanos —mañana será un millón de veces más potente; luego, 100 millones de veces— y que sí reemplaza al humano. Además es recursiva: se programa sola. La gran discusión hoy en Anthropic y en OpenAI es que ellos mismos temen una tecnología que no saben hasta dónde puede llegar, que se desarrolla sola y no necesita al humano. Es un riesgo existencial gigantesco. Puede reemplazar la mitad de los empleos, y no solo los de baja complejidad: el neurocirujano más especializado será más fácil de reemplazar que una enfermera.

Segundo, cambia el cerebro en décadas, no en millones de años. Los cambios que modelaron a nuestros pueblos fueron muy lentos: domesticamos plantas y animales hace apenas 12.000 años, y eso permitió la agricultura y, al almacenar grano, las instituciones. El cerebro humano piensa a 120 metros por segundo; es un límite biológico, y construimos un mundo a esa velocidad. Esta tecnología piensa a 300 millones de metros por segundo, y va a construir un mundo, instituciones, un Estado y una manera de conceptualizar las cosas a esa velocidad. Nuestras instituciones quedan obsoletas.

-¿También las de la democracia liberal?

La democracia liberal está hecha para el mundo lento. Su delivery es lento, el Estado es lento. Hoy, si el Uber demora tres minutos, lo cancelas. La sociedad va a cancelar a las instituciones tradicionales. La democracia tiene que repensarse. Yo hice la ley de etiquetado nutricional, la de los sellos negros: la presenté en 2006 y entró en régimen en 2019. En esos 13 años cambió el mundo. Hace tres años no existía ChatGPT. ¿Quién regula ese mundo cuando las democracias van tan atrás y la política está capturada por la inmediatez?

Y ese poder transformador está en manos de un grupo con una ideología. Esta tecnología serviría para derrotar el cáncer, para dar más acceso a la alimentación, para enfrentar problemas de salud, de seguridad y de cambio climático. Pero ellos se apropiaron de ella, son los dueños, y la usan para imponer su visión: contra el humanismo, contra la democracia, contra los derechos humanos.

La ilustración oscura

-Desde los progresismos han surgido propuestas de regulación, como las de Bernie Sanders. La Unión Europea ha avanzado en normas y Brasil actuó contra la plataforma X. ¿Qué se puede hacer desde el sur global, desde países como Chile?

El primer problema es de toma de conciencia. Por eso escribí ese ensayo. Acabo de estar en Santander, en una escuela de verano dirigida por Josep Borrell, excanciller de España y exjefe de la diplomacia europea, con intelectuales y gente de la política. En todas mis conferencias ante el mundo político pregunto lo mismo: ¿quién conoce a Peter Thiel? ¿Quién leyó De cero a uno? Muy pocos.

¿Quién conoce a los filósofos detrás de esto? Nick Land, el filósofo del aceleracionismo, escribió la ilustración oscura: hay que acelerar la revolución tecnológica hasta que implosione y deje obsoletos al capitalismo y a la humanidad —destruirla, en el fondo— para construir sobre ella una poshumanidad. ¿Quién ha leído a Curtis Yarvin, el personaje más influyente hoy en Estados Unidos y en el círculo MAGA? Tomó las ideas de la ilustración oscura y es uno de los que más influyen sobre Trump. En el ensayo planteo que Yarvin le propone a Trump convertir Gaza en un centro turístico y aplicar aranceles. No es solo una medida política: es ideológica.

Es como si quienes combatían al comunismo no hubieran sabido que existían El capital, Marx, Lenin o Trotsky. Este es un movimiento profundo, con intelectuales. Trump no es un tipo errático: sigue una partitura.

-Quedó la imagen de Trump como un bufón.

Como bufón, Trump convierte la política en un carnaval y destruye lo políticamente correcto. Y lo hace sobre pasto seco: una democracia que, en términos reales, no resolvió los problemas de la mayoría, y una mayoría que está contra las instituciones, los políticos y las élites. Su rol es salirse de la élite y dejar a Kamala Harris o a Hillary Clinton como sus representantes, aunque él sea multimillonario. Cuando dice que los haitianos se comen a los gatos, le avisa a su público que él no es políticamente correcto, porque nadie políticamente correcto diría eso. Lo dice de forma planificada, para que la gente piense: 'Él es como yo, se equivoca, dice tonteras, no es un político'.

-¿Cuál es la ideología que hay detrás?

La revolución oscura tiene sus Marx. Una es Ayn Rand, la filósofa del egoísmo racional: la libertad individual es la única que importa y la sociedad es tu enemiga, porque implica una libertad que me antecede, la del conjunto. Consideran que no todos somos iguales. Hay algo supremacista: hay ganadores y perdedores, hombres superiores y otros desechables. ¿Por qué a los ganadores, que ganaron su riqueza legítimamente, les van a robar con impuestos? ¿Por qué va a haber democracia, donde los que ellos llaman parásitos —los perdedores— les imponen cosas? El discurso de Milei es eso: una sociedad sin reglas, sin Estado.

Por eso pido que lean a Murray Rothbard, uno de sus ideólogos, que dice que las sociedades son parásitos que hay que eliminar. Nick Land dice en alguna parte que esa sociedad, la que no son ellos, es desechable. Es un paso más allá de Margaret Thatcher, que en los años ochenta dijo que no existía la sociedad, inspirada en Ayn Rand. Ellos son un pequeño grupo que se salva a sí mismo; el resto es desechable.

Y están contra los derechos humanos, porque hay una alianza entre la extrema derecha y estos Yarvin y Land, que son transhumanistas. Dicen que, así como terminaron Homo habilis y Homo erectus, Homo sapiens terminó: no sirve para la siguiente etapa, conquistar el espacio y Marte, donde ni el cuerpo ni el cerebro sirven. Su obsesión es la inmortalidad. Por eso aceleran, aunque el riesgo sea que una inteligencia artificial supere al humano y nos desplace.

Creen que, así como la inteligencia artificial acaba de entender el plegamiento de las proteínas —que al cerebro humano le habría tomado millones de años—, entenderá la programación de los genes. Estamos cableados para morir; cuando puedan desprogramar eso, dicen, construirán la inmortalidad. Ray Kurzweil, cofundador de Singularity University y jefe de ingeniería de Google, dice en La singularidad está más cerca que en 2045 pondremos nuestra conciencia en una máquina. Y Elon Musk acaba de decir que Neuralink ya tiene dispositivos para traspasar la conciencia humana a una máquina y ser inmortal. Ya no es ciencia ficción. Y los derechos humanos y la democracia son, para ellos, la catedral: lo que impide el desarrollo de estas tecnologías.

-La catedral son instituciones como la universidad y la prensa.

Que Trump esté contra Harvard no es casual ni es un problema político: Harvard representa la ciencia, la ilustración, la verdad. Y la verdad es parte del establishment, como The New York Times y esos medios. Votar por Trump es castigar al establishment de políticos corruptos. Con la verdad pasa lo mismo: proviene del establishment, y en este movimiento lo falso es una forma de agredir a la verdad, que pertenece a la élite, a la ciencia, a la catedral.

La disputa por la atención

-¿Cómo la falsedad pasó a ser un arma electoral?

Lo falso es lo verdadero, porque la verdad ya no activa la atención. El negocio de Silicon Valley es disputar el cerebro, capturar la atención. Y la atención, evolutivamente, se activa con lo negativo, lo violento, lo amenazante, lo conspirativo. La verdad es conocida, no tiene novedad; lo falso es novedoso. Y como en el mundo digital no hay certificación de veracidad, la falsedad reemplaza a la verdad. Si publico un tuit sobre un premio Nobel, no tiene ningún retuit; si publico uno antivacunas, se dispara.

Hay 5.000 millones de personas frente a las pantallas y todos somos conejillos de Indias. Si estás en un teléfono en línea, ellos saben cómo funciona tu cerebro y prueban mecanismos para engancharte. Es el recurso más valioso: el combustible de la inteligencia artificial son los datos, y para sacar tu dato tengo que capturar tu atención. Son los pozos petroleros de esta economía. La disputa de Silicon Valley es por tu cerebro.

-Vuelvo a la pregunta: ¿cómo se regula esto? En 2009, en La educación de un libertario, Thiel escribió que ya no creía que la libertad y la democracia fueran compatibles. ¿Qué se hace desde nuevos movimientos, un populismo de izquierda, como antídoto?

Lo primero es no alimentar al monstruo, que es lo que hacen los medios tradicionales. Las redes capturan la atención porque pueden poner contenido insidioso, incitación al odio, pornografía. Si yo digo algo brutal en este medio, hay sanción para el medio y para mí; en las redes no pasa nada. Para competir, los medios alimentan al monstruo: crimen y encerronas todo el día. Pero ellos siempre harán eso y dos cosas más, y lo único que logramos es subir el umbral de atención de la sociedad. Los medios tienen que recuperar el rol de certificar la veracidad, no competir con ellos.

-Es complejo si la audiencia es la que decide.

La audiencia decide, pero va a decidir cada vez más así si alimentas la disputa por la atención. No hay que competir en el hacer: ahí la inteligencia artificial lo hará cada vez mejor que nosotros. Hay que competir en fortalecer las competencias humanas que se están perdiendo. Los jóvenes ya no conversan: en 280 caracteres no hay conversación ni empatía. No leen y son más vulnerables a la falsedad, porque no hay pensamiento crítico. Hasta el amor se transforma en una optimización matemática: se pierde la capacidad de seducir, de conquistar, de interactuar con el otro. Cuando usas Tinder le estás entregando tu vida humana a las plataformas.

Al final vamos a enamorarnos de los robots, porque vamos a perder la capacidad de interactuar con otros seres humanos. Los niños ya no juegan entre ellos. El robot fagocita tus competencias humanas y cada vez es más capaz de intimar, más sensible, más inteligente. Nosotros nos volvemos más deshumanizados y menos inteligentes. Vas a tener un robot antropomorfo, con la figura que elijas, siempre disponible, cariñoso y amable, que nunca te generará un conflicto. Nunca te dirá: 'Oye, dejaste la toalla botada'. Con otro ser humano vas a estar lleno de conflictos y no vas a saber enfrentarlos. Vamos para allá.

-¿Dónde se inscribe el caso Cerimedo en esto?

Es parte de una estructura mayor, que consiste en polarizar los cerebros con miedo. Los medios ponen crimen todo el día porque el miedo captura la atención. Pero con miedo los seres humanos dejan de usar la corteza prefrontal, que es la que permite razonar y reflexionar: si viene una fiera y te pones a reflexionar, te come. El miedo activa la amígdala, la defensa y el ataque. Expuesto permanentemente al miedo, mi cerebro silencia la corteza prefrontal y me vuelvo un ser reactivo. Por eso, cuando habla Hillary Clinton, Kamala Harris o cualquier persona con un contenido sensato y complejo, esa sociedad con el cerebro reactivo no escucha. Solo escucha contenidos emocionales. Polarizados, los cerebros se desplazan a los extremos; con miedo en medio, buscan el orden, la autoridad.

Lo que pasa acá en Chile es lo que hace todos los días Elon Musk. Musk es el principal apoyador de este grupo nazi en Alemania y está detrás de esa estrategia en toda Europa, como Cerimedo lo hizo con actores latinoamericanos. Musk lo hace acá también, y Cerimedo también lo usa aquí, porque es un modelo global para disolver las instituciones democráticas. Si polarizo y destruyo la conversación, mueren las democracias liberales. No las iliberales, como la de Putin, que se alimentan de esa estructura.

Lo de Cerimedo es una pequeña escaramuza de un fenómeno global. Es igual que el comunismo en el siglo pasado: había un centro, la Unión Soviética, que difundía en el mundo entero y tenía filiales en todas partes. Aquí es lo mismo, pero con redes sociales, mucho más rápido.

"Ser revolucionario hoy es defender al humano"

-¿Cómo se renueva el socialismo frente a esto?

No se renueva. El socialismo está muerto. Fue un gran proyecto para el siglo XX: creó el Estado de bienestar, generó igualdad de derechos, democracia, una economía solidaria, derechos para los trabajadores, sindicatos. No entenderíamos el siglo XX sin los movimientos progresistas, incluidos los liberales y hasta proyectos liberales de derecha. Tuvieron una narrativa y un objetivo.

-La derecha libertaria tiene un proyecto, un programa. ¿Dónde está el del progresismo?

La izquierda no entiende esto. Y este movimiento transcurre sin que lo veas. En el mundo analógico veíamos todo: la radio, la televisión. Esto es personalizado: yo no veo en mis redes lo que dicen los republicanos, veo gente que se parece a mí. Van capturando el mundo sin que los demás lo veamos y de repente emergen como una fuerza, como el nazismo en Alemania. Cuando aparecen, ya tienen todo conquistado. Nosotros ni siquiera sabemos qué es la ilustración oscura. Ellos sienten que las democracias no gestionan este mundo, y tienen un punto.

-Cuando se habla de un sueldo universal, ¿es un caballo de Troya? Da la base material a ese proyecto.

Cuando se reemplace el trabajo, estos oligarcas serán dueños del trabajo del mundo: el factor de productividad ya no será humano. ¿Por qué propone la renta básica Sam Altman? ¿Por qué la proponen los demás? Porque su temor —fundado— es la rebelión: que la gente sienta que puede perder su trabajo y volverse desechable. Hoy las empresas se preocupan de los seres humanos y de su educación no por altruismo, sino porque tú eres el factor de productividad. El día que las máquinas sean el 100% del factor de productividad, las empresas se preocuparán de la inteligencia de silicio más que de la humana, y el ser humano será, como dice Harari, económicamente inútil. Esta sociedad no solo es poshumana: es inmensamente desigual, y las desigualdades van a ser mucho mayores.

Ellos conciben la renta básica como un instrumento frente a esa humanidad que se les puede venir en contra. Pero es un mecanismo de captura. ¿Qué te van a financiar? La casa, la alimentación. Pero vas a vivir en un mundo de diseño: irás a la playa de forma virtual. El mundo real va a ser de los ricos, que se lo van a apropiar.

-El papa León XIV, en su encíclica, convocó a una rebelión humanista, a defender al humano. ¿Puede ser él el líder de esa rebelión?

Es el único líder. Soy injusto: otros han tenido coraje, como el primer ministro de Canadá, pero son muy pocos. Los demás se sometieron a la presión, al temor, porque es un poder inconmensurable. Solo OpenAI invierte 165.000 millones de dólares al año; ningún país puede hacerlo. Y entonces sale la rebelión del papa. ¿Qué dice? Que hay que desarmar a la ilustración oscura —lo dice así, hay que desarmarlos— y habla de tecnofascismo. El papa está solo, con todo el poder en contra. Es una autoridad moral, con un coraje gigantesco.

¿Y qué están haciendo las izquierdas humanistas, los proyectos democráticos humanistas? Nada. Nosotros venimos trabajando esto con los filósofos: hicimos dos cumbres en Congreso Futuro con Éric Sadin, Markus Gabriel, Hartmut Rosa —que debe ser el filósofo alemán más importante—, José María Lassalle —el principal de España—, Yuk Hui, de China, y Yasuo Deguchi, el principal de Japón, para pensar hacia dónde va el humano. Pero esta no puede ser una discusión elitista o de filósofos.

-Has dicho que los progresismos se convirtieron en conservadores que conservan la democracia por conservarla.

En esa lógica, yo soy un conservador. Ellos son los revolucionarios: están llevando adelante la revolución oscura. Yo quiero conservar la democracia, las instituciones, al humano, el planeta y la capacidad de conversar. Ser revolucionario hoy es defender al humano. Esa es la revolución: defender lo que dábamos por sentado, la democracia y los derechos humanos.

Notas Relacionadas

Las más leídas

Últimas noticias