Fue un desafío grande. Cuando trabajaba en el banco tenía estabilidad, un buen sueldo, salud, seguro complementario, bonos. No fue una decisión de un día para otro, porque sabía que estaba dejando algo que mucha gente sueña con tener. Tuve que hacer el salto de manera responsable, ahorrando, generando un colchón, porque hoy vivo de lo que va saliendo, sin ingreso estable. Espero que a fin de año, con la publicación de mi primer libro, eso cambie. Ha sido un aprendizaje constante: cómo se hace una boleta de honorarios, cómo se lleva la contabilidad. Todo lo hemos ido resolviendo mi esposa y yo juntos.
- ¿Cómo reaccionaron tus excompañeros del banco cuando les contaste tu decisión?
Ya me conocían como divulgador científico, porque incluso me habían presentado así en una reunión del servicio central. Tenía mucho apoyo, aunque también me genera estrés, porque necesito cubrir gastos y no tengo ingresos fijos. Pero de a poco vamos concretando proyectos y firmando contratos.
Contra la pseudociencia y las fake news
- En tu último video haces un autoanálisis sobre los costos de ser divulgador: insultos, cansancio, comentarios negativos. ¿Qué te llevó a hacer esa pregunta?
Hice ese video a raíz de una controversia que se generó después de una declaración mía sobre los antivacunas. Llegaron muchos insultos y me pregunté si valía la pena este esfuerzo de luchar contra la pseudociencia y la desinformación. No tengo una respuesta clara todavía. Lo que sí recibí fueron testimonios de gente que, gracias a mis videos, perdió el miedo a cosas que antes creía ciertas, como usar el microondas. Es difícil dimensionar el impacto real de este trabajo, pero siento que hay gente en una posición intermedia, con desconfianza, que igual es capaz de escuchar y reflexionar.
- ¿De qué videos te sientes más orgulloso?
Me gustan los que desmienten cosas parte por parte. Uno que le fue muy bien fue sobre los audífonos Bluetooth: existía la idea de que provocaban daño por la radiación, y expliqué que usan ondas de microondas, pero que eso no significa nada sin considerar la potencia. Otro que me gustó fue el que desmentía teorías sobre el supuesto control climático artificial, del tema HAARP.
- ¿Sientes que las redes sociales han aumentado las teorías conspirativas o es lo mismo de siempre, pero más amplificado?
Las redes lo han amplificado. Es mucho más fácil crear una teoría conspirativa: no requiere estudio, solo una buena historia. Y creo que hay una responsabilidad de la comunidad científica en esto, porque las conspiraciones ganaron el espacio de las redes sociales mientras nosotros nos quedábamos un poco paralizados. Falta que la ciencia se meta más en ese terreno y baje el contenido a la gente.
El cáncer y la desigualdad en salud
- Antes de dedicarte a la divulgación pasaste por otra dificultad importante: un cáncer. ¿Cómo fue ese proceso?
Fue muy duro. En enero de 2020 me diagnosticaron un tumor en la glándula pineal, una zona de difícil acceso en el cerebro. Tenía además una hidrocefalia. Pasé por varias operaciones y, tras repetir una biopsia, me dijeron que era un germinoma que requería quimioterapia y radioterapia.
- ¿Por qué terminaste tratándote en España?
El radioterapeuta nos advirtió que la radioterapia convencional podía dejarme secuelas graves, como pérdida de memoria y daño neurológico irreversible. Con mi esposa averiguamos que en España existía la protonterapia, más moderna y localizada, que daña menos el tejido circundante. El problema era el costo: cerca de 50 millones de pesos. Como trabajaba en un banco, me dieron un crédito preferencial, con alto interés. Y siempre pienso que es una frase terrible, pero al menos tuve la posibilidad de endeudarme. Hay gente que ni siquiera tiene esa opción. El resto lo pagamos con bingos, rifas y donaciones. Todavía sigo pagando esa deuda.
- ¿Cómo vivieron ese proceso en España?
Fuimos solos, mi esposa y yo. Averiguamos todo, compramos los pasajes, aprendimos a usar el metro. Nos quedamos en una asociación contra el cáncer que recibía principalmente a niños oncológicos. Muchas de las personas que conocimos ahí fallecieron. Fue muy duro ver a un niño arrastrando un tanque de oxígeno, o vivir yo mismo los efectos de la quimioterapia: la caída del pelo, las náuseas, la debilidad. Un momento tan frágil te hace replantear la vida por completo.
- ¿Qué crees que falta en Chile para enfrentar mejor este tipo de situaciones?
Creo que falta mucho acompañamiento terapéutico y de salud mental, sobre todo para los cuidadores de pacientes oncológicos. El foco está puesto en el paciente, pero el acompañante, la familia, queda muy abandonada. Cuando alguien se enferma de cáncer, se enferma toda la familia, y ese acompañamiento integral todavía no existe.
Ciencia, política y regulación de la inteligencia artificial
- Recientemente la ministra de Ciencia se refirió a que buscarían flexibilizar las regulaciones sobre inteligencia artificial. ¿Cómo ves la gobernanza científica en el país?
Siento que falta pensar a largo plazo. Hace falta legislar políticas de Estado sobre ciencia que trasciendan los gobiernos. No puede ser que los límites y las directrices de la ciencia cambien cada cuatro años. Además, en el Ministerio de Ciencias deberían participar más los propios científicos y las comunidades académicas. Falta una conversación integral, donde se sienten expertos de distintas áreas y se llegue a acuerdos comunes, con un documento público que explique por qué se tomó cada decisión.
- ¿Cuál es tu postura frente a la inteligencia artificial?
Es una herramienta que llegó para quedarse, muy útil y potente. No sirve prohibirla, porque se va a usar igual. Eso sí presenta un desafío para instituciones educativas, que deben actualizar sus metodologías de enseñanza y evaluación. Pero también hay un peligro: la IA necesita un marco regulatorio y ético claro, con límites sobre qué información se le puede entregar y trazabilidad sobre su origen. Si no la regulamos, se nos va a ir de las manos. Es un fenómeno global, mucho más grande que un país, y por eso mismo es tan difícil de controlar.
Medioambiente y el desafío energético
- Has hecho varios videos sobre humedales y temas ambientales. ¿Cómo ves a Chile en protección medioambiental?
Chile ha ido aprendiendo a ser más estricto con la regulación ambiental, aunque se han cometido errores y existen zonas de sacrificio. Espero que no haya retrocesos, aunque eso ya es un tema político.
- ¿Qué relación ves entre la inteligencia artificial y el medioambiente?
La inteligencia artificial consume mucha electricidad, y Estados Unidos, donde están la mayoría de los centros de datos, no tiene capacidad suficiente para generarla. Chile tiene ríos, sol y viento: una capacidad enorme para producir electricidad. Por eso está muy expuesto a que vengan países a instalarse aquí para generar energía y llevársela. Eso puede traer beneficios económicos, pero también impacto ambiental. Por eso hay que ser firmes con las regulaciones, aunque generar electricidad de forma responsable sea necesario. Es un desafío que no es a 50 años: la demanda ya está aquí, ahora.
Pueden ver la entrevista completa en esta nota o ir al canal de Youtube de El Desconcierto para dejar sus opiniones y comentarios.