Uno de los debates alrededor de las elecciones presidenciales en Brasil y el triunfo de Lula da Silva, estuvo marcado por la siguiente pregunta en el resto de la región: ¿por qué nos debe importar lo que pase en Brasil?
Me pareció que fue uno de los cuestionamientos más repetidos en torno a este balotaje, en medios de prensa, en redes sociales o en conversaciones presenciales. Y considero importante abordarlo, porque más allá de las ideologías políticas, las perspectivas valóricas, las estadísticas económicas, o la criticas a la extrema derecha (que tengo muchas), hay algo que es transversal para nuestro continente, e incluso para el mundo, y esto es la protección del Amazonas.
Quizás alguna publicación en redes sociales sobre esta temática llegó a nuestro algoritmo, pero quedamos sin profundizar ni comprender los datos más allá del titular, y quisiera tomarme la libertad para ser majadera en ello: la protección del Amazonas es fundamental para la existencia de nuestro planeta.
El Amazonas es la selva tropical y el sistema fluvial más grande de la Tierra, se extiende por más de 7 millones de kilómetros cuadrados y por nueve países de Sudamérica, Brasil, Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Guyana, Surinam y la Guayana Francesa, (National Geographic, 2024).
Para comprender algo de su magnitud e importancia, algunos datos reveladores son que cubre el 40% del territorio de América del Sur, es más grande que todo el territorio de la Unión Europea, y alberga más del 10% de todas las especies conocidas de flora y fauna del mundo. Dentro del territorio de Brasil se encuentra un 62% del Amazonas (WWF, 2025).
Si esto fuera poco, es hogar de más de 30 a 47 millones de personas, entre ellas más de 400 pueblos indígenas distintos, varios de ellos en aislamiento, y su río es el más caudaloso del mundo, transportando cerca del 20% del agua dulce fluvial del planeta (The Nature Conservancy, 2022).
Hoy, el Amazonas está en constante peligro, cerca del 77% de la superficie deforestada se convirtió en terreno para la ganadería y la producción de carne para consumo humano, y se han perdido más de 8,5 millones de hectáreas de bosque amazónico entre 2018 y 2022, lo que equivale a 8,5 millones de canchas de futbol (WWF, 2025).
Sin el Amazonas, perdemos la regulación del clima global, la capacidad natural de la tierra de almacenar carbono en sus arboles y mitigar el calentamiento global, una fuente fundamental de agua dulce, así como millones de especies y de riqueza de ecosistemas. Sin el Amazonas, nos acercaríamos a la destrucción del planeta más rápido que nunca.
Dentro de la campaña presidencial de Luiz Inácio Lula da Silva, frenar la deforestación, fortalecer la fiscalización y proteger los derechos de los pueblos indígenas del Amazonas fue un eje de gran importancia, por el contrario, el candidato de la extrema derecha Jair Bolsonaro se enfocaba en el desarrollo económico en este territorio, y en la flexibilización de las normas de protección, en lugar de priorizar la conservación ambiental tradicional, abriendo la puerta a mayor deforestación y a más industrias extractivas. Como mencionó nuestro anti-poeta Nicanor Parra, “El error consistió en creer que la tierra era nuestra cuando la verdad de las cosas es que nosotros somos de la tierra”, y esa es la importancia de proteger el Amazonas.
No podemos seguir viendo el cuidado y la preservación de la biodiversidad como una temática secundaria, no podemos seguir permitiendo que los intereses económicos, extractivos y productivos sean más importantes que el cuidado de las especies, no podemos seguir priorizando la existencia humana sobre la de otros animales. Si seguimos generando políticas en base a esta mirada antropocentrista, solo nos acercaremos al fin de nuestra existencia, y con ello a la perdida de toda una existencia de flora y fauna.
Proteger la naturaleza del planeta, es proteger nuestro futuro.