En Estados Unidos, el barrio donde se vive puede anticipar cuántos años se vivirá. La brecha de mortalidad entre vecindarios de una misma ciudad supera los 20 años en 56 de las 500 urbes más pobladas del país, según un análisis del Departamento de Salud Poblacional de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York (NYU).
En el centro de esa desigualdad aparecen los desiertos alimentarios. Son zonas sin acceso a comida fresca, donde la oferta se reduce a locales de comida rápida y tiendas de descuento.
El tema volvió a la discusión pública tras el estreno de Big Chicken: A Fast Food Conspiracy. Es un documental de Netflix dirigido por Liana Stewart y protagonizado por el comediante británico Mo Gilligan, quien comió solo pollo frito durante 28 días para medir los efectos en su salud. La cinta examina, además, el sistema industrial que abastece a las cadenas de comida rápida.
¿Qué son los desiertos alimentarios en Estados Unidos?
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) los define como sectores de bajos ingresos donde parte importante de la población vive a más de 1,6 kilómetros de un supermercado en zonas urbanas, o a más de 16 kilómetros en zonas rurales. De acuerdo con un informe del organismo enviado al Congreso en 2009, unos 23,5 millones de personas vivían en estas condiciones.
Asimismo, el estudio concluyó que la pobreza concentrada y la presencia de minorías son los factores más determinantes en la falta de acceso a alimentos saludables. Por eso, en numerosos barrios afroamericanos y latinos la alternativa diaria pasa por el pollo frito y los productos ultraprocesados.
Cómo afecta la desigualdad alimentaria a la esperanza de vida
Las consecuencias se expresan en tasas más altas de obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares. En Chicago, la diferencia de esperanza de vida entre barrios alcanza los 30,1 años, la mayor del análisis de NYU.
En Nueva York, en tanto, los habitantes de East Harlem viven en promedio 71,2 años. En el Upper East Side, a pocas cuadras, la cifra llega a 89,9 años. Según los investigadores, las brechas más amplias se concentran en ciudades con mayor segregación racial y étnica.
Frente a la ausencia de grandes cadenas de supermercados, que evitan estas zonas por su baja rentabilidad, organizaciones comunitarias han impulsado medidas de mitigación. Entre ellas figuran:
- Mercados móviles que recorren barrios desatendidos y aceptan el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP).
- Huertos urbanos en terrenos baldíos.
- Incentivos para que almacenes de barrio instalen refrigeradores y vendan productos frescos.
Sin embargo, estas iniciativas no alteran las causas estructurales. Mientras el diseño urbano y el modelo de la industria alimentaria sostengan la segregación territorial, la brecha de mortalidad seguirá dependiendo de lo que cada hogar puede comprar y comer.