La seguridad alimentaria ocurre cuando todas las personas disponen, en todo momento, de acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos para una vida activa y sana. Para alcanzarla deben cumplirse simultáneamente cuatro dimensiones: disponibilidad, acceso, utilización y estabilidad.
En este contexto, El Desconcierto conversó con Daniela Siel, científica y directora de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad Mayor, sobre el bienestar y la sanidad animal como pilares de la producción sostenible.
La alimentación está directamente relacionada con la salud, el desarrollo infantil, el aprendizaje y la calidad de vida. Una población que no accede regularmente a alimentos suficientes y saludables tendrá más riesgo de enfermar, menores capacidades para estudiar y trabajar, y quedará expuesta a ciclos de pobreza y desigualdad.
Conviene aclarar la diferencia entre inocuidad y seguridad alimentaria. Esta última no se refiere solo a la disponibilidad de alimentos —el número de kilos de proteína a nivel mundial—, sino también a que todas las personas puedan acceder a ellos, que tengan calidad nutricional adecuada y que sean inocuos, es decir, que no representen un riesgo para la salud.
Desde la medicina veterinaria tenemos un rol muy relevante, en conjunto con otras disciplinas, porque parte de los alimentos que consumimos provienen de sistemas de producción animal. La salud de los animales, la forma en que se producen los alimentos y los controles a lo largo de toda la cadena productiva son fundamentales para proteger la salud de las personas a través de la inocuidad alimentaria.
Bienestar animal y producción sostenible
-¿Qué tan relevante es el cuidado de los animales en términos de una producción sostenible?
Me parece que es lo medular. No se puede hablar de producción sostenible si los animales están enfermos o estresados, o si están mantenidos en condiciones que no responden a sus necesidades biológicas, tanto físicas como mentales. Hoy sabemos que los animales deben ser cuidados igual que los humanos: tienen salud física, mental y emocional.
No se puede hablar de producción sostenible si los animales están enfermos o estresados, o si están mantenidos en condiciones que no responden a sus necesidades biológicas, tanto físicas como mentales No se puede hablar de producción sostenible si los animales están enfermos o estresados, o si están mantenidos en condiciones que no responden a sus necesidades biológicas, tanto físicas como mentales
Cuando un animal está sano, bien alimentado y con condiciones adecuadas de bienestar, utiliza de manera más eficiente los recursos naturales para su alimentación. Además hay menos mortalidad y pérdidas productivas, y por lo tanto menor necesidad de tratamiento farmacológico. La vacunación adecuada, las medidas de bioseguridad y el uso responsable de antimicrobianos son centrales tanto para la salud animal como para la sostenibilidad de la producción.
Hoy hablamos de una producción animal sostenible porque no se trata solo de producir más carne, sino de hacerlo de manera responsable con el cuidado animal, con las personas que trabajan en los sistemas productivos y con el medio ambiente. El bienestar animal ya no se ve solo como algo éticamente correcto, sino como parte de la calidad del alimento y de la eficiencia productiva.
-¿Podrían los objetivos del Plan de Acción Mundial de la FAO para la Transformación Sostenible del sector pecuario verse truncados por el cambio climático, la escasez de agua, los conflictos globales y la inflación?
Es súper complejo. Si esos factores no son mitigados, van a dificultar el cumplimiento de los objetivos. El cambio climático ya afecta la disponibilidad de agua, la producción de forraje, la salud de los animales y la distribución de enfermedades. La sequía hace que ciertas enfermedades se distribuyan de manera más rápida entre animales y humanos, y sabemos que hay más riesgo de pandemias asociado al cambio climático.
Los conflictos internacionales interrumpen las cadenas de suministro y aumentan los precios de granos, cereales, fertilizantes, energía y transporte. Eso afecta a los productores de proteína animal y repercute directamente en el precio que pagan los consumidores.
Dicho esto, no creo que esto vuelva imposible la transformación. Nos llama a todas las ciencias a innovar, a buscar sistemas productivos más resilientes, capaces de adaptarse a escenarios de crisis. Para lograrlo necesitamos inversión, que se financie como política estatal la investigación y el desarrollo, y que las políticas públicas acompañen estos cambios. También es clave la colaboración entre gobiernos, industria y academia, porque este problema no puede abordarse desde una sola disciplina.
En esa línea, el año pasado creamos un doctorado en Salud Ambiental y Biomedicina, ya acreditado por la Comisión Nacional de Acreditación del Ministerio de Educación, que incluye en todas sus tesis la relación entre salud animal, humana y medioambiental.
Estamos formando investigadores para resolver problemas complejos que requieren soluciones interdisciplinarias, considerando también lo económico y lo sociocultural. Espero que los gobiernos y las organizaciones internacionales permitan que esas soluciones lleguen a todo el mundo, porque hay países y territorios que no acceden a lo que otros sí tienen.
Estamos formando investigadores para resolver problemas complejos que requieren soluciones interdisciplinarias Estamos formando investigadores para resolver problemas complejos que requieren soluciones interdisciplinarias
El rol de las empresas
-¿Cómo podrían las empresas del rubro aportar a una mayor seguridad alimentaria dadas las condiciones de su rol en el mercado?
Las empresas tienen una responsabilidad muy importante, porque distintos representantes de la industria participan en las diferentes etapas de la cadena alimentaria: producción, procesamiento, transporte, almacenamiento y distribución.
Un primer aporte fundamental es la trazabilidad: contar con documentación y procesos que permitan saber, desde el inicio hasta el fin de la cadena, en qué condiciones se produjo el alimento, qué controles sanitarios se hicieron y qué estándares de bienestar animal se siguieron. Las organizaciones también deben incorporarse al plan mundial de uso responsable de antimicrobianos, dada la resistencia antimicrobiana que afecta a la salud animal, humana y medioambiental.
No basta con pedirles que cumplan su rol; necesitamos que mejoren sus estándares y que estos se hagan transversales a toda la industria. Para eso, las entidades expertas deben entregar capacitación, herramientas y acceso a tecnología. Es un trabajo mancomunado.
Necesitamos que (las empresas) mejoren sus estándares y que estos se hagan transversales a toda la industria Necesitamos que (las empresas) mejoren sus estándares y que estos se hagan transversales a toda la industria
También es súper importante reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, generando capacitaciones para las empresas que realizan almacenamiento, transporte y cadena de frío. Sería útil un apoyo gubernamental para que puedan invertir en eficiencia hídrica y energética, en economía circular, y contar con incentivos para la valorización de residuos o subproductos.
Esta sostenibilidad debe ser parte de las decisiones de gobiernos y privados, con metas concretas y medibles. Una organización que se preocupa de la inocuidad alimentaria como estándar final cuida a los animales, mantiene relaciones justas con sus proveedores, fortalece su sostenibilidad interna, da confianza a los consumidores y usa responsablemente los recursos que necesita para su cadena productiva.