Diez días antes, el 24 de octubre, en la sede del Congreso Nacional, se habían reunido senadores y diputados y elegido a Salvador Allende, presidente. El senador Tomás Pablo, que presidía la sesión, expresó: “(…) en virtud de lo dispuesto por los artículos 64 y 65 de la Constitución Política de Chile, el Congreso Pleno proclama presidente de la República, para el período comprendido entre el 3 de noviembre de 1970 y el 3 de noviembre de 1976, al ciudadano Salvador Allende Gossens. Se levanta la sesión”.
Inmediatamente, el diputado Mario Palestro, a todo pulmón, grita: “Viva Chile, mierda”, otorgándole un carácter popular y patriota al acto. Los parlamentarios aplauden y se levantan para entonar el himno nacional.
Días después, el martes 3 de noviembre, a la ceremonia de cambio de mando, asisten senadores y diputados; representantes de las Misiones Especiales de Argentina, Brasil, Perú, Uruguay, México, Estados Unidos, Francia, Unión Soviética, China, Corea, entre muchas otras. También delegados de la CUT y de la FECH; de los partidos políticos de izquierda; y familiares y amigos de Allende.
Poco antes de las 11:00 arriba Eduardo Frei Montalva, presidente saliente, y ocupa un lugar en la mesa central. A las 11:02 horas llega Salvador Allende acompañado por el Edecán del Senado.
En el salón de honor, el senador Pablo, exclama: “En el nombre de Dios, se abre la sesión. Si no hay oposición, daré por aprobada el acta de la sesión del Congreso Pleno en 24 de octubre de 1970, en que se eligió presidente de la República por el período constitucional 1970-1976 al ciudadano don Salvador Allende Gossens. Aprobada”.
Enseguida, el presidente electo acompañado por los miembros de su futuro Gabinete ingresa al salón de honor.
Suenan los acordes del himno nacional. Finalizadas las estrofas, Pablo, expresa: “De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 70 de la Constitución Política del Estado, procederé a tomar juramento al señor Presidente Electo don Salvador Allende Gossens. ¿Juráis o prometéis desempeñar fielmente el cargo de Presidente de la República, conservar la integridad e independencia de la Nación, y guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes?” El presidente electo –con absoluta seguridad—responde: “Sí, prometo”.
A continuación, Frei, se quita la banda tricolor y la piocha de O’Higgins, símbolo máximo del poder de la Nación, se las pasa a Pablo quien se las coloca a Allende.
Enseguida, el presidente toma juramento a sus ministros: José Tohá, en Interior; Clodomiro Almeyda, en Relaciones Exteriores; Pedro Vuscovic, en Economía; Alejandro Ríos Valdivia, en Defensa; son algunos.
A las 11:20 horas, terminada la jura de los secretarios de estado, el senador Pablo, trona: “se levanta la sesión”.
El presidente de Chile, luciendo orgulloso los símbolos del poder, se dirige al palacio de La Moneda. Allí, junto a Hortensia Bussi, desde un balcón, saluda al pueblo que se ha reunido en la Plaza de la Constitución.
Dos días después, el jueves 5 de noviembre, en el Estadio Nacional se realiza un festivo acto en que Salvador Allende, por primera vez como presidente, les habla a los chilenos. “Dijo el Pueblo: Venceremos y vencimos. Aquí estamos hoy, compañeros, para conmemorar el comienzo de nuestro triunfo. (…) Hoy con la inspiración de los héroes de nuestra patria, nos reunimos aquí para conmemorar nuestra victoria, la victoria de Chile (…). El pueblo al fin hecho Gobierno asume la dirección de los destinos nacionales”.
Después de mencionar los objetivos de su administración, termina su alocución expresando: “Este Chile en primavera y en fiesta, siente como una de sus aspiraciones más hondas, el deseo que cada hombre del mundo sienta en nosotros a su hermano”.
Así, en aquellos días soleados de comienzos de noviembre de 1970, empezaba el gobierno de la Unidad Popular. La primavera de Allende.
Tres años después, con furia llegó el invierno.
El Estadio Nacional se convierte en centro de torturas y muerte. El Congreso Nacional donde el presidente había prometido respetar la Constitución y las leyes es clausurado, y en su centenario edificio estilo neoclásico, nunca se vuelve a realizar un juramento. Mario Palestro, el diputado que grito “Viva Chile, mierda”, para salvar su vida, se asila en la Embajada de Venezuela.
El balcón de La Moneda desde donde Salvador Allende había saludado a su pueblo es destruido por la Fuerza Aérea. Los partidarios de su gobierno que lo habían vitoreado aquellos días primaverales fueron encarcelados, exiliados y asesinados. Y el presidente que deseaba “que cada hombre del mundo sienta en nosotros a su hermano”, en la tarde del martes 11 de septiembre, se quitó la vida en su lugar de trabajo, después de haber resistido un golpe militar.