miércoles 04 de noviembre de 2026
Opinión

Oficina Nacional de Asuntos Religiosos (ONAR): un fantasma en el espacio público chileno

Debiesen existir nuevas lecturas de liderazgo, cambios y transformaciones en lo que compete a religión y recursos estatales de esta última. De lo contrario, la Oficina Nacional de Asuntos Religiosos se transforma en una plataforma de poder político-religioso que cambia cada cuatro años, sin continuidad en su agenda pública y con pocos índices de impacto.

4 de noviembre de 2026 - 11:45

En Chile existe una oficina estatal encargada de velar por el respeto y diálogo de las distintas tradiciones religiosas asentadas en suelo nacional, hablamos de la Oficina Nacional de Asuntos Religiosos (ONAR). Esta última fue creada con el objetivo central de promover desde una perspectiva de Estado el goce del derecho a la libertad religiosa, garantizado en la Constitución Política de la República.

Así lo asevera la propia web en cuestión. El tema es que los objetivos específicos que dice plasmar la ONAR no siempre reflejan como fin último el motivo para lo cual fue creada, por ende, se visualizan entramados, ausencias y ciertas dudas que, entre paréntesis, inscriben tensiones políticas, públicas y religiosas respecto de las categorías de representatividad, laicidad y financiamiento estatal.

Una de las cosas que ha sufrido sistemáticamente la ONAR es el nombramiento de sus directores cuya “ideología política” al parecer tiene estrecha relación con el gobierno que se encuentre de turno. De esta manera, según mi parecer, enarbolando un discurso pragmático, sesgado y a momentos con fines más políticos que transversales, claramente esta organización gubernamental no fue creada con ese fin; aunque el cargo amerite lineamiento “político”. En la actualidad, su director es Christian Jara Anríquez; profesional que cuenta con una amplia trayectoria liderando organizaciones y proyectos en el ámbito público y privado.

Como académico y consultor ha asesorado en liderazgo, comunicación, formación y gestión a instituciones en Chile y el extranjero, desempeñándose también como profesor experto en liderazgo estratégico en la Universidad Adolfo Ibáñez en programas de pregrado y postgrado. Es periodista, MBA de la Universidad Adolfo Ibáñez, Máster en Comunicación Empresarial e Institucional de la Universidad de Barcelona, con postgrados en finanzas y educación. Como pastor de la Iglesia Asambleas de Dios de Chile, ha oficiado por más de 30 años en la iglesia Catedral de la Alabanza en La Florida, Santiago. Sin embargo, hasta ahora, los resultados públicos de la ONAR continúan siendo indelebles, pocas métricas cuantitativas del real impacto que tiene.

La ONAR debe avanzar hacia un diálogo no solo con quienes adhieren a esfuerzos por legalizar los cuestionados temas valóricos de hoy en día, junto con ello, tampoco centrar el foco en tradiciones religiosas exclusivamente heterodoxas. Estamos frente a una organización importante, pero con profundas interrogantes. La idea es fomentar laicidad de manera transversal en Chile, eso incluye a otras líneas políticas, históricas y teológicas. La tarea es construir y preservar un Estado laico totalmente enajenado de ideologías políticas individuales que subyacen al ejercicio público profesional, un vicio muy sistemático en la organización.

Vendría bastante bien la presencia de una mujer como directora de la ONAR en un próximo período. Claro, con los preceptos previamente esbozados para mejorar el impacto, horizontalidad y ejecución de los objetivos trazados. A su vez, es fundamental hilvanar proyectos concretos y no meramente reuniones con fotos, fotos y más fotos. Aquí tenemos un desafío significativo, de hecho, una carencia profundamente interpelante para un gobierno que dice promover cambios importantes.

Tal vez, desde el Estado, también debiesen existir nuevas lecturas de liderazgo, cambios y transformaciones en lo que compete a religión y recursos estatales de esta última. De lo contrario, la Oficina Nacional de Asuntos Religiosos se transforma en una plataforma de poder político-religioso que cambia cada cuatro años, sin continuidad en su agenda pública y con pocos índices de impacto, o bien, ella solamente responde a mantener contento principalmente al mundo evangélico protestante de Chile, ya que hasta ahora, siempre ha sido un hombre y de esta tradición cristiana no católica romana el director de la ONAR, punto débil y bastante poco justificado frente a la opinión pública.

Considerando los recortes presupuestarios de las últimas semanas, y a partir de todo lo enunciado, me propongo plasmar las siguientes interrogantes para el debate público.

¿Son indispensables los recursos estatales que van en función de la Oficina Nacional de Asuntos Religiosos en Chile, o hay necesidades de mayor prioridad en la población nacional? ¿Estamos frente a una organización gubernamental que está destinada solo para ser liderada por hombres, o bien, simplemente es otro de los tantos vicios de esta entidad? ¿Es saludable para un cargo público de temática religiosa que su director sea un pastor? ¿A qué se debe que la Oficina Nacional de Asuntos Religiosos siempre sea dirigida por el ala evangélica protestante de Chile? ¿Realmente eso es libertad religiosa, o bien, una especie de guiño político para un pueblo pobre, triste y desventurado?

Tal vez, estamos frente a un fantasma en el espacio público que, por definición, recibe recursos estatales para su funcionamiento, sin embargo, hay varias conjeturas que merecen análisis y nuevos desafíos, de lo contrario, queda bastante débil la imagen de un becerro de oro llamado Oficina Nacional de Asuntos Religiosos (ONAR).

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