domingo 06 de septiembre de 2026
Opinión

La extrema derecha busca convertir el caos en poder

Mientras en Chile se desarrolla una nueva edición del mentado Foro de Madrid, convertido en uno de los principales espacios de articulación de la extrema derecha iberoamericana, en España miles de personas vuelven a manifestarse contra el Gobierno de Pedro Sánchez. Y, una vez más, el discurso tiene un protagonista recurrente: la inmigración.

6 de septiembre de 2026 - 11:45

La fórmula es conocida y peligrosamente efectiva. Se instala la percepción de una llegada masiva de extranjeros; después se relaciona inmigración con inseguridad, delincuencia y pérdida de control; finalmente, se transforma ese temor en indignación política. El resultado es un ciudadano asustado al que se le ofrece una respuesta sencilla para problemas que, en realidad, son mucho más complejos.

No estamos hablando de un fenómeno exclusivamente español. Lo estamos viendo en Europa, en Estados Unidos y también en Latinoamérica. El discurso cambia de idioma, pero conserva la misma estructura: identificar un enemigo, exagerar una amenaza, provocar miedo y presentarse luego como el único capaz de restablecer el orden.

Ese es precisamente uno de los peligros que representa el Foro de Madrid. No se trata simplemente de una reunión de dirigentes conservadores. Es un espacio de encuentro, coordinación y difusión de ideas de la extrema derecha iberoamericana, donde confluyen discursos nacionalistas, antiinmigración, ultraconservadores y profundamente confrontacional.

Y aquí conviene detenerse.

La democracia no solamente se puede destruir mediante un golpe de Estado, como lo hicieron hace más de 50 años. También puede ser erosionada desde dentro. Se puede llegar al poder utilizando elecciones, parlamentos, redes sociales y campañas perfectamente legales y, una vez alcanzado ese poder, comenzar a debilitar instituciones, cuestionar contrapesos, desacreditar a la prensa, atacar a quienes piensan diferente y convertir al adversario político en un enemigo. La democracia puede ser utilizada como trampolín contra la propia democracia, lo estamos viendo en distintos lugares de Latam y del mundo.

En España, Vox ha comprendido que la inmigración es un extraordinario combustible político. No significa negar que existan problemas migratorios, dificultades de integración, delincuencia o desafíos relacionados con las fronteras. Sería absurdo hacerlo. El problema aparece cuando esos fenómenos son utilizados para construir una narrativa donde el inmigrante termina convertido en explicación de prácticamente todos los males de una sociedad, y las redes sociales hacen el resto.

Un vídeo, una imagen, un delito cometido por una persona extranjera o un episodio aislado pueden multiplicarse miles de veces hasta producir la sensación de que todo el país vive sumergido en el caos. La percepción termina reemplazando a los datos. El miedo no necesita demasiadas pruebas. Necesita repetición, bueno lo que hoy conocemos por el caso Cerimedo, que seguro este debe ser uno de muchos más.

Cataluña conoce bien esta batalla política. Una comunidad marcada por una fuerte tradición democrática y progresista también se ha convertido en escenario de intensas disputas alrededor de la inmigración. La llegada de miles de personas procedentes del norte de África ha sido presentada por determinados sectores como una amenaza gigantesca, cuando la realidad migratoria es bastante más compleja que el relato que circula en las redes.

Y aquí aparece una pregunta que deberíamos hacernos también desde Chile: ¿quién gana cuando una sociedad tiene miedo? Porque cuando una población está asustada, es mucho más fácil convencerla de que necesita mano dura. Que necesita un salvador. Que necesita entregar poder a quienes prometen acabar con el caos. Este mecanismo tampoco es nuevo en nuestra historia.

Chile debe estar atento con atención lo que ocurre al otro lado del Atlántico. No porque España sea idéntica a nuestro país, sino porque los laboratorios políticos de la extrema derecha están funcionando simultáneamente en distintos territorios. Lo que hoy se prueba en Madrid puede mañana aparecer adaptado en Santiago, Buenos Aires, Lima o cualquier otra capital latinoamericana.

Por eso el Foro de Madrid merece algo más que una fotografía de sus participantes. Hay que observar qué discursos construye, qué enemigos necesita y qué estrategia política existe detrás de ellos.

Porque si para conquistar el poder necesitan miedo, trabajaran para que este miedo siga latente. Y si necesitan enemigos, buscarán enemigos. Y si necesitan caos para presentarse después como los únicos capaces de imponer orden, el caos también puede convertirse en una herramienta política.

La pregunta, entonces, no es solamente qué ocurrió en esta nueva edición del Foro de Madrid. La pregunta verdaderamente inquietante es otra: ¿Cuál será el próximo miedo que intentarán vendernos para convencernos de que entregarles más poder es la única salida?

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