viernes 26 de junio de 2026

El primer invierno sin leña: ¿respiró mejor Rancagua en 2025?

La leña envenena el aire de Rancagua desde hace décadas. Pero los datos de monitoreo continuo de calidad del aire sugieren que el invierno de 2025 fue distinto.

26 de junio de 2026 - 16:45

Los números son concretos. Entre mayo y julio de 2025, que es el corazón del invierno, las concentraciones promedio de material particulado fino (MP2,5, las partículas microscópicas que entran al sistema circulatorio) cayeron a sus niveles más bajos desde que hay registros en la ciudad.

La estación Rancagua-I midió una media de 40,7 microgramos por metro cúbico, y Rancagua-II llegó a 42,7. Para entender la magnitud: en 2024, esos mismos meses habían registrado 47,4 y 51,8, respectivamente. No es una diferencia marginal.

Pero quizás el dato más revelador no es el promedio, sino a qué hora bajó la contaminación. En las ciudades donde se quema leña para calefacción, la contaminación sigue un patrón horario muy reconocible: sube de forma sostenida entre las 18 y las 22 horas, cuando los hogares encienden sus estufas al volver del trabajo. Durante el día, el aire es relativamente más limpio.

Pues bien, en 2025 ese peak vespertino se redujo entre un 25 y un 27 por ciento respecto a 2024 en ambas estaciones. Las horas del mediodía, en cambio, cambiaron muy poco. Si la mejora fuera solo por un invierno más cálido o más ventoso, bajaría todo el día por igual. Que baje selectivamente entre las 18 y las 22 horas apunta directamente a que hay menos estufas encendidas. Es la huella del cambio de comportamiento en los hogares.

También cayeron los días en los que el aire estuvo peor. Usando un umbral de 50 microgramos / metro cúbico de media diaria, en 2025 hubo alrededor de doce días menos de concentraciones muy elevadas durante mayo y julio en comparación con 2024. En Rancagua-I, eso representa bajar de un 42 a un 29 por ciento en el período; en Rancagua-II, de un 50 a un 35 por ciento. Dicho de otra forma: Rancagua pasó de tener aire muy contaminado durante la mitad del invierno a tenerlo durante un tercio del invierno. Es un avance real.

¿Y 2026? Aquí la historia se complica. Abril estuvo tranquilo, en línea con los mejores años recientes. Pero mayo volvió a subir con fuerza: las medias se parecen más a 2023 o 2024 que a 2025. Y los primeros veinte días de junio confirman esa tendencia al alza. El peak vespertino también rebotó. Puede ser que el invierno de 2026 sea más frío o tenga menos viento, lo que hace que la contaminación se acumule más, independientemente del combustible que se use.

También puede ser que, tras el impacto inicial de la prohibición, una parte de los hogares haya vuelto gradualmente a sus viejos hábitos. Probablemente sea una mezcla de ambas cosas. Los datos completos del invierno de 2026 y la información meteorológica dirán más.

Lo que sí está claro es que 2025 fue un año bisagra. Por primera vez en más de una década de registros, Rancagua respiró un invierno significativamente menos cargado de humo. La prohibición de la leña fue el cambio más importante introducido antes de ese invierno, y la reducción se produjo exactamente donde y cuando debía producirse si aquella medida funcionó. Eso no es una prueba definitiva; en ciencia, pocas cosas lo son con un solo año de datos, pero es una señal que merece atención, seguimiento y, con cautela, algo de optimismo.

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