lunes 31 de agosto de 2026
Entrevista

Del alerce al belloto del sur: libro ilustrado invita a reconocer árboles nativos de Chile para cuidarlos

El primer libro del paisajista Ricardo Walker, editado por Debate e ilustrado por María Edwards, entreteje recuerdos, historias y voces de naturalistas a partir de los árboles que rodean su casa en Panguipulli. En El Desconcierto, aborda el origen de la obra y la flora endémica.

31 de agosto de 2026 - 14:21

Los árboles nativos de Chile crecen en calles, cerros y avenidas, pero suelen pasar inadvertidos: "es como si estuvieran escondidos, pero están a plena vista". Desde esa constatación parte "Árboles chilenos" (Debate), el primer libro del paisajista Ricardo Walker, que propone un gesto simple pero transformador: aprender a nombrar las especies que habitan el territorio para empezar a quererlas.

La idea tiene una raíz biográfica. Walker, fundador del Vivero Los Boldos —con sedes en Santiago y Panguipulli —, llegó joven a una propiedad familiar en la Región de Los Ríos sin saber distinguir un árbol de otro. "Al principio solamente veía una masa verde", relató a El Desconcierto, y fue así como fueron jardineros locales quienes le enseñaron a identificar las especies, hasta que la vista se abrió a los matices del bosque. "Ahí me di cuenta de que el reconocimiento de especies finalmente también era una forma de cariño, y uno empezaba a querer cuidar eso que puede reconocer", explicó.

Por eso, el libro busca instalar esa idea "más por abajo", como una práctica cotidiana: "el conocimiento puede ser una forma de cariño".

¿Cómo se construyó el libro "Árboles chilenos"?

Walker llegó al paisajismo desde la arquitectura, en busca de un tiempo distinto, ligado a la naturaleza. "El jardín no es naturaleza, pero contiene naturaleza. Y nosotros también somos naturaleza. En cierta manera es un lugar donde uno puede encontrarse con uno mismo", afirmó. Esa lógica ordenó la escritura: su primera idea fue hacer el libro tal como hace un jardín, partiendo de la percepción de un lugar y dejando que aparecieran historias, personajes, recuerdos y naturalistas en torno a los árboles cercanos a su casa en el sur.

El resultado, ilustrado por la artista María Edwards, funciona como un collage de puertas de entrada al paisaje. Cada especie, sostuvo el autor, tiene una historia natural y otra humana, y basta un gesto de curiosidad para cruzarlas. Él mismo lo vivió hace más de 20 años, cuando recogió unas semillas verdes caídas del cerro Santa Lucía, en el centro de Santiago, y las sembró en Panguipulli. Eran bellotos del sur, una especie amenazada que hoy reproduce en su vivero. "Por ese simple gesto de curiosidad los tengo ahora gigantes en el sur", relató.

"El jardín no es naturaleza, pero contiene naturaleza. Y nosotros también somos naturaleza. En cierta manera es un lugar donde uno puede encontrarse con uno mismo" "El jardín no es naturaleza, pero contiene naturaleza. Y nosotros también somos naturaleza. En cierta manera es un lugar donde uno puede encontrarse con uno mismo"

¿Qué hace única a la flora nativa de Chile?

Consultado por un árbol capaz de resumir al país, Walker apuntó a la araucaria y el alerce, "nuestros árboles tutelares", aunque confesó su fascinación por los chaguales y la palma chilena, "vestigios de otros tiempos". El rasgo distintivo, subrayó, es el alto endemismo de la flora nacional, que estimó entre un 40% y un 45%: "Somos una isla ecológica".

Las ilustraciones del libro siguen esa misma lógica de cercanía. Edwards, esposa del autor, dejó de lado la técnica científica de la ilustración botánica para trabajar bosquejos de árboles que ambos conocen, como el boldo que crece afuera de su casa en Panguipulli. "En cierto modo son como retratos", cerró Walker.

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Imagen referencial - Foto: Depositphotos

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