domingo 28 de junio de 2026

Día Mundial del Árbol: la deuda histórica con los ecosistemas nativos de Chile

Chile lleva décadas declarando el valor del bosque nativo, pero ha sido incapaz de construir una estrategia robusta para transformar ese patrimonio natural en desarrollo local.

28 de junio de 2026 - 05:00

Cada 28 de junio, el Día Mundial del Árbol nos invita a reflexionar sobre el estado de la naturaleza y las decisiones que estamos tomando para protegerla. En Chile, una de las principales deudas socioambientales sigue siendo la degradación de nuestros ecosistemas nativos, desde los bosques templados del sur hasta las formaciones xerofíticas de la zona centro-norte (ecosistemas compuestos por especies adaptadas a condiciones de escasez hídrica).

A diferencia de la deforestación, que implica la eliminación total de la cobertura vegetal, la degradación ocurre cuando un ecosistema pierde biodiversidad, capacidad de regeneración, productividad o resiliencia frente a perturbaciones, afectando finalmente a las comunidades y ciudadanía en general. Es un proceso menos visible que la tala rasa, pero mucho más extendido.

Chile cuenta con aproximadamente 15,5 millones de hectáreas de bosque nativo y 11,5 millones de hectáreas de formaciones xerofíticas en Chile (concentradas principalmente entre las regiones de Arica y Parinacota y Maule), muchas de ellas sometidas durante décadas a incendios, sobrepastoreo, fragmentación, sustitución, extracción selectiva y abandono. Paralelamente, gran parte del territorio nacional presenta procesos de degradación de tierras, desertificación o sequía.

La situación es especialmente preocupante en un contexto de cambio climático cada vez más extremo. Tras más de una década de megasequía, el país enfrenta olas de calor más frecuentes e intensas, mientras que las precipitaciones tienden a concentrarse en menos eventos, aumentando simultáneamente los riesgos de sequías e inundaciones.

A ello se suma la posibilidad de eventos El Niño de gran intensidad durante los próximos meses y años. Los incendios forestales son quizás la expresión más dramática de esta nueva realidad: solo en la temporada 2022-2023 ardieron más de 428 mil hectáreas, una de las mayores superficies afectadas registradas en la historia reciente del país.

Frente a este escenario, persiste una idea equivocada que ha permeado parte importante del debate público: que conservar significa simplemente no intervenir. Si bien existen ecosistemas que requieren protección estricta, una gran proporción de los bosques nativos degradados necesita manejo activo para recuperar su condición ecológica.

El manejo forestal sustentable consiste en hacer intervenciones planificadas en los ecosistemas forestales de manera que provean de bienes y servicios (madera, agua, alimentos, etc.) para las actuales y futuras generaciones, sin comprometer su capacidad para regenerarse o alterar la biodiversidad. El manejo forestal sustentable implica considerar aspectos ambientales, económicos y sociales.

Además, existe una dimensión que suele quedar fuera de las políticas públicas: la economía rural. Ninguna estrategia de conservación será sostenible si quienes viven y trabajan en los territorios no encuentran oportunidades reales de desarrollo asociadas a los ecosistemas que se busca proteger.

Chile lleva décadas declarando el valor del bosque nativo, pero ha sido incapaz de construir una estrategia robusta para transformar ese patrimonio natural en desarrollo local. Mientras otros países han desarrollado industrias sofisticadas basadas en especies nativas, nosotros seguimos exportando materias primas e importando valor agregado. Hemos desaprovechado la oportunidad de impulsar una industria nacional especializada en maderas nativas de alto valor destinadas a mobiliario, diseño, construcción especializada, terminaciones arquitectónicas y manufactura avanzada.

La verdadera discusión no es si debemos conservar o producir, la pregunta es si seguiremos exportando recursos de bajo valor o si construiremos una economía basada en ecosistemas nativos saludables, manejados de manera sustentable y capaces de generar empleo, innovación y bienestar en los territorios.

La restauración ecológica por sí sola no será suficiente. Necesitamos mercados dinámicos para productos derivados del bosque nativo, incentivos para la innovación, certificación, diseño, capacitación especializada y cadenas de valor que permitan que una mayor proporción de los beneficios permanezca en las comunidades rurales.

Lamentablemente, sucesivos gobiernos han contribuido a instalar una visión simplificada de la realidad rural. Se habla de conservación sin comprender que las familias rurales necesitan ingresos. Se promueve la protección de los ecosistemas, pero se destinan recursos insuficientes para su recuperación. Se reconoce el valor de los bosques nativos, pero se ignora que miles de propietarios y propietarias asumen los costos de conservarlos sin recibir beneficios equivalentes. Como resultado, la conservación termina percibiéndose como una carga y no como una oportunidad.

En este Día Mundial del Árbol, el llamado es a abandonar la falsa dicotomía de destruir el bosque v/s no tocarlo. Chile necesita una política de Estado que impulse la recuperación activa de bosques nativos y formaciones xerofíticas degradadas, fortalezca a pequeños y medianos propietarios/as, promueva la cooperación entre sí e impulse una industria innovadora basada en productos nativos de alto valor agregado. Sin mercados, no habrá restauración a gran escala. Sin desarrollo rural, no habrá conservación duradera. Y sin una acción política decidida, seguiremos observando cómo nuestros ecosistemas se degradan mientras celebramos, año tras año, su importancia.

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