jueves 13 de agosto de 2026

Del triunfo al estancamiento del Frente Amplio

Solo mediante una autocrítica útil, un programa adaptado al Chile del presente, y la humildad de escuchar antes de volver a prometer, el FA podrá ser nuevamente una alternativa real de gobierno y de transformación social.

13 de agosto de 2026 - 11:45

La izquierda vive tiempos complejos: la extrema derecha y los populismos desafían nuestra identidad y nuestro programa en la disputa por el sentido común. A casi cinco años del triunfo en segunda vuelta con Gabriel Boric, el Frente Amplio pasó a convertirse en la oposición al gobierno más conservador, neoliberal y reacio al conocimiento desde el retorno a la democracia.

Ante el desafío de ganar en las urnas y transformar la realidad de Chile, la reflexión es una obligación para nuestro sector. Y esa reflexión exige la valentía de mirar críticamente al partido, para aprender tanto de nuestros aciertos como de nuestros errores.

El escenario y la disputa

Chile arrastra un agotamiento multidimensional. La ciudadanía está cansada de su cotidianeidad y de la promesa incumplida de un futuro mejor. Por un lado, el modelo de desarrollo agotó su capacidad de crecimiento hace más de una década, manteniendo al país estancado.

Por otro lado, la estrategia inicial de seguridad del Estado estaba rebasada desde antes del plan nacional del gobierno de Boric –plan ratificado por el gobierno de Kast–, incapaz de abordar las nuevas formas de delito y el resguardo fronterizo. Hasta ahora, ningún sector, incluido el gobierno del Frente Amplio (FA), ha logrado construir mayorías en torno a un proyecto político sólido que trascienda los periodos presidenciales.

Frente a este escenario, la ciudadanía tiene visiones encontradas sobre el rol del Estado y en su confianza hacia él: dependiendo del día, la pregunta o la materia, la ciudadanía pedirá más o menos Estado, y que el Estado esté en disputa es tanto una oportunidad como un riesgo. Y quien mejor lo ha capitalizado hasta ahora no ha sido el Partido Republicano, sino Franco Parisi y el Partido de la Gente (PDG), que –ante la desaparición del centro político– han interpretado de mejor manera los anhelos de la ciudadanía despolitizada –así mismo lo muestra un estudio reciente de Ultra Lab y la Fundación Friedrich Ebert–.

Si comparamos el crecimiento electoral del Frente Amplio en la Cámara de Diputadas y Diputados entre 2021 y 2025, el partido sumó solo 56.777 votos, mientras el total de sufragios emitidos entre ambas elecciones aumentó en 6.330.954. Es decir, el FA se encuentra estancado en su crecimiento y apoyo ciudadano, y nos encontramos lejos de representar a las grandes mayorías del país.

De todas formas, cabe precisar que la derecha no triunfó en Chile por promover la reducción del Estado, sino por abanderar la seguridad y posicionar como adversarios a la izquierda, los derechos humanos, el Estado y las élites intelectuales; es decir, a un componente central de nuestra identidad. Un marco narrativo del cual el discurso del PDG no se distancia mayormente.

El programa que falta

El éxito futuro del FA pasa por una crítica reflexiva de quiénes hemos sido, y por una crítica útil con análisis mesurados que no caigan en la autocomplacencia ni en la autoflagelación. No más AFP, refundación de Carabineros, un sistema universal de salud y una reforma tributaria fueron algunas de las propuestas más ambiciosas que se encuentran en el programa de gobierno con el que ganamos hace cinco años y que, sin embargo, no formaron parte del programa de nuestra candidata Jeannette Jara cuatro años después.

Vale la pena cuestionarse si ya no creemos en estas propuestas, si dejaron de ser urgentes, o si simplemente quedaron fuera por un cálculo electoral con el que podemos estar más o menos de acuerdo. Así mismo, podemos identificar un gran ausente en el programa de Apruebo Dignidad que sería crucial durante todo el periodo, la seguridad.

Dicho eso, la pregunta de fondo no es qué programa nos servirá para la próxima elección, sino cuál es el programa para la próxima década: ¿cuáles son las necesidades presentes y futuras del país? ¿cuáles políticas pueden resolverlas? ¿tenemos capacidad de formar las mayorías políticas y sociales que permitan implementarlas? ¿tienen eco esas ideas en las personas? y, si no es así ¿que debemos hacer al respecto?

A esa complejidad, se suma un desafío adicional tras el gobierno de Kast: la reconstrucción del país y sus instituciones. Como señaló el exministro Nicolás Grau hace algunos días, alguien tendrá que hacerse cargo del déficit fiscal que deje la megarreforma del actual Ejecutivo, así como del desmantelamiento de programas e instituciones del Estado que hoy está en curso.

Escuchar para representar

La respuesta a este escenario no vendrá de repetir las recetas de siempre ni de abandonar nuestras convicciones socialistas. Se requiere la audacia de construir un relato que haga sentido en la vida cotidiana de las mayorías, y esa audacia tiene un punto de partido: escuchar antes de proponer.

Un proceso de escuchar de cara al país, con la humildad de recoger las críticas y la fortaleza de reconstruir nuestro proyecto pensando en el largo plazo, tal como lo hicieron nuestros compañeros uruguayos tras sus propias derrotas electorales, es hoy la tarea más urgente y, a la vez, la más postergada del FA.

Para que un ejercicio así funcione, no puede ser un proceso más entre varios que corren en paralelo dentro del partido: necesita una metodología común, una sistematización seria, y una síntesis que efectivamente llegue a las definiciones políticas, y no quede archivada en un informe más.

Solo mediante una autocrítica útil, un programa adaptado al Chile del presente, y la humildad de escuchar antes de volver a prometer, el Frente Amplio podrá ser nuevamente una alternativa real de gobierno y de transformación social.

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