La restauración de ecosistemas en Chile dejó de ser una tarea exclusiva de biólogos y brigadistas forestales. Durante 2026, la reforestación en el país muestra una marcada diversificación de actores: empresas, organizaciones sin fines de lucro, municipios y la comunidad académica consolidaron un frente común para recuperar hectáreas degradadas por incendios forestales, la sobreexplotación del suelo y el cambio climático.
Alianzas y acuerdos por la restauración
Una de las alianzas más robustas de la temporada la encabeza la Fundación Reforestemos junto al sector privado. En respuesta a la emergencia dejada por los incendios en las regiones de Ñuble, Biobío y La Araucanía, marcas e instituciones como BMW (a través de Inchcape), Viña Undurraga, Nespresso, Epson, SURA, Marley Coffee, Netafim y Solcor aportaron recursos para ejecutar el Plan de Restauración 2026.
La iniciativa va más allá de la compra de bonos de carbono: contempla silvicultura preventiva, donación de especies nativas a pequeños propietarios agrícolas y preparación técnica de suelos afectados por el fuego.
En paralelo, la CONAF desplegó este año los fondos del Fondo de Conservación y Manejo Sustentable del Bosque Nativo, que dispuso cerca de 7.000 millones de pesos para iniciativas de personas naturales y jurídicas.
A esto se suma la renovación del convenio entre CONAF Magallanes y Reforestemos para continuar el enriquecimiento ecológico dentro del Parque Nacional Torres del Paine, con la meta de integrar 10.500 nuevos árboles nativos.
Reforestación en Puerto Varas
La reforestación también encontró nuevos formatos de movilización comunitaria. Organizado por la empresa B UÑU Lab, el Festival de Conservación Pala en Mano 2026 trasladó su sede desde Chiloé hacia Puerto Varas.
Con el respaldo de la municipalidad local —a través de la Dirección de Medio Ambiente, Aseo y Ornato (DIMAO)—, 26 organizaciones y nueve empresas privadas, entre ellas ISA Vías, Lago Sofía, Transportes GLA, Tecno Fast Home, Salfa Rent, Inmobiliaria Terrasur, Changan y Mesa Tropera, el evento convocó a cientos de voluntarios a fines de junio.
La intervención, sin embargo, no se limitó a una plantación masiva. Bajo la supervisión técnica del especialista alemán Reinhard Fittstech, se sembraron 1.830 árboles nativos de 23 especies distintas en 1,1 hectáreas urbanas: 1.050 en el Cerro Philippi, 506 en el Parque El Mirador y 274 en Quebrada Honda.
"Restaurar no es solo hacer un hoyo y poner una planta", remarcó Javier García, director ejecutivo del festival, que priorizó el seguimiento técnico, el desmalezado y la fertilización para garantizar la supervivencia de los ejemplares en el largo plazo.
Estudiantes en acción por la Patagonia
En el extremo sur del país, el ámbito académico y el turismo sostenible concretaron una acción directa. Estudiantes de la carrera de Técnico en Turismo Sostenible de la Universidad de Magallanes (UMAG) lideraron una jornada de reforestación en el entorno del Parque Nacional Torres del Paine.
La actividad se desplegó en el sector Tauri Chico, dentro de la Reserva Las Torres. En colaboración con Las Torres Conservancy y el cuerpo de guardaparques de senderos, los alumnos plantaron 1.000 ejemplares de lenga, distribuidos en 10 núcleos de regeneración.
La salida buscó vincular el aprendizaje técnico con la conservación activa del territorio, en línea con los desafíos del turismo de mínimo impacto.
¿Hacia dónde avanza la inversión en biodiversidad?
Las alianzas también se proyectan al plano estratégico. Espacios impulsados por el Ministerio del Medio Ambiente, el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) y la academia —con la participación de redes como Acción Empresas, LATAM Airlines Group, Biocarbon e ISA Conexión Jaguar— comenzaron a delinear un marco técnico para que las inversiones en biodiversidad cumplan estándares auditables.
De esta manera, la tendencia en Chile apunta a distanciarse del greenwashing. La integración de empresas, organismos públicos, academia y municipios en iniciativas medibles como el Festival Pala en Mano o la alianza entre la UMAG y la Reserva Las Torres muestra que, hoy, el compromiso medioambiental exige estudio de suelo, seguimiento a largo plazo y manos en la tierra.