La devastadora riada registrada esta semana en la frontera entre Nepal y China vuelve a poner en el centro de la discusión los riesgos asociados a la alta montaña, los glaciares y las remociones en masa.
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Tras el aluvión que arrasó la frontera nepalí, expertos consultados por El Desconcierto advierten que Chile comparte los mismos factores de riesgo en su cordillera y sus glaciares.
La devastadora riada registrada esta semana en la frontera entre Nepal y China vuelve a poner en el centro de la discusión los riesgos asociados a la alta montaña, los glaciares y las remociones en masa.
En Chile existe un antecedente: la tragedia de Villa Santa Lucía, en la comuna de Chaitén ocurrida en diciembre de 2017.
El episodio chileno no fue idéntico al ocurrido ahora en Nepal. Sin embargo, comparten un elemento relevante: la posibilidad de que procesos desarrollados en zonas cordilleranas movilicen grandes cantidades de hielo, agua, roca y sedimentos hacia sectores ubicados aguas abajo.
El 16 de diciembre de 2017, un evento hidrometeorológico provocó el desprendimiento de parte del glaciar Yelcho y una posterior remoción en masa que afectó a Villa Santa Lucía, localidad ubicada en la comuna de Chaitén, en la Región de Los Lagos.
De acuerdo con los antecedentes oficiales del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, el desastre dejó 21 personas fallecidas y una desaparecida, además de destruir viviendas, infraestructura pública y buena parte del equipamiento de la localidad. El organismo estimó que aproximadamente el 50% del sector urbano resultó afectado.
El material proveniente de la alta montaña se encauzó por el río Burritos antes de alcanzar Villa Santa Lucía. Fue una gran remoción en masa que descendió con enorme energía y terminó depositándose en la localidad.
Con el avance de las labores de búsqueda, el número de víctimas fatales aumentó hasta llegar a las 21 personas fallecidas que registra actualmente el balance oficial, mientras una persona permanece desaparecida hasta el día de hoy.
El vínculo entre ambos acontecimientos debe hacerse con cautela. La tragedia de Nepal está siendo investigada y los primeros antecedentes apuntan a una enorme avalancha de hielo y roca asociada al colapso de un glaciar, que generó una repentina crecida en la zona fronteriza entre Nepal y Tíbet.
Las autoridades nepalesas elevaron a 359 las personas fallecidas, mientras la Junta de Turismo de Nepal reportó 517 ciudadanos extranjeros desaparecidos, cifras que permanecían sujetas a revisión durante este jueves.
En paralelo, investigadores han planteado la posibilidad que el material desprendido haya bloqueado temporalmente el cauce y generado una acumulación de agua que posteriormente se liberó de forma súbita. La explicación definitiva del mecanismo todavía se encuentra bajo investigación.
El investigador Hans Fernández Navarro, del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O’Higgins (UOH), explicó a El Desconcierto que el fenómeno registrado en Nepal involucró el colapso de un glaciar colgante cuyo frente se encontraba sobre los 5.200 metros de altitud.
Fernández agregó que Chile también tiene antecedentes asociados a procesos de alta montaña y recordó específicamente Villa Santa Lucía.
Sobre este punto, Uri Colodro, geógrafo, coordinador de Cambio Climático de WWF Chile y líder global de Ciudades de WWF, indicó a El Desconcierto que el país debe estar preparado:
Con esto coincide el académico del Departamento de Geografía y Coordinador Académico del Magíster en Geografía de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, José Araos.
“Chile comparte plenamente los factores de riesgo: laderas andinas inestables por descompresión glaciar, incremento de lagunas glaciares, sismicidad activa y cada vez más frecuentes ríos atmosféricos, factores y procesos capaces de gatillar desbordes violentos”, señaló.
Y, más cerca de Santiago, hay otro antecedente histórico parecido, aunque con sus diferencias.
El 4 de septiembre de 1958, una secuencia de temblores afectó al Cajón del Maipo. Investigaciones geológicas han establecido que el terremoto principal tuvo características corticales y estuvo asociado a una falla ubicada en la cordillera.
El movimiento sísmico provocó además remociones en masa y grandes deslizamientos en el entorno cordillerano. Un informe del Programa Riesgo Sísmico de la Universidad de Chile identifica, por ejemplo, el deslizamiento ocurrido en el sector de Las Cortaderas durante el sismo de Las Melosas, señalando que desde esa cicatriz se han producido posteriormente flujos de detritos.
Otros antecedentes geológicos describen cómo el material movilizado por el terremoto llegó a obstaculizar el curso de un río y generó una laguna temporal. Es decir, el episodio constituye un antecedente importante de deslizamientos y alteraciones de cauces provocadas por un terremoto, más que un aluvión convencional en el sentido meteorológico del término.
El programa antes mencionado advierte precisamente sobre la importancia de conocer estos peligros geológicos propios del contexto andino, debido al riesgo que representan para sectores poblados y a la necesidad de preparación frente a ellos.
La comparación con Nepal adquiere una dimensión especialmente sensible cuando se observa el río Maipo, uno de los cursos fundamentales para el abastecimiento de agua potable de la Región Metropolitana.
Un evento extremo en la alta cordillera no implicaría automáticamente un corte de agua potable en Santiago. Sin embargo, una gran remoción en masa que alcanzara el sistema fluvial podría incorporar sedimentos y provocar niveles extraordinarios de turbiedad, dificultando el proceso de producción de agua potable.
No se trata solo de una hipótesis abstracta. En junio de 2023, las intensas precipitaciones en la cordillera provocaron niveles elevados de turbiedad en los ríos Maipo y Mapocho. Aguas Andinas informó entonces que debió utilizar su infraestructura de respaldo y advirtió sobre la posibilidad de suspender temporalmente el suministro si las condiciones no mejoraban.
La empresa cuenta con infraestructura destinada precisamente a enfrentar este tipo de situaciones. Los Megaestanques de Pirque y los pozos de Cerro Negro-Lo Mena permiten disponer de aproximadamente 37 horas de autonomía ante episodios que impidan producir agua potable normalmente desde fuentes superficiales.
En junio de 2023, el Gobierno de Santiago informó finalmente un corte temporal que afectó a 34 comunas de la Región Metropolitana, con una estimación de alrededor de seis millones de personas afectadas.
Por ello, un escenario futuro de gran remoción en masa en la cuenca del Maipo debe entenderse como un riesgo que requiere evaluación y preparación, no como una predicción de un próximo desastre.
La discusión sobre estos fenómenos también se relaciona con la crisis climática, aunque tampoco corresponde atribuir automáticamente cada aluvión, deslizamiento o colapso glaciar al calentamiento global.
El Ministerio del Medio Ambiente identifica para Chile un aumento del riesgo asociado a lluvias intensas, inundaciones y aluviones, mientras documentos técnicos de Sernageomin advierten que el retroceso de glaciares y el descongelamiento del permafrost pueden contribuir a condiciones favorables para determinadas remociones en masa.
En el caso de los glaciares, el propio Hans Fernández ha señalado previamente la importancia de monitorear estas masas de hielo, tanto por su papel como reservas hídricas como por los cambios que experimentan en un escenario de calentamiento. La UOH, además, participa en el seguimiento del glaciar Universidad mediante investigaciones vinculadas con la Dirección General de Aguas.
En ese contexto, Fernández sostuvo a nuestro medio que “la evidencia científica indica que estos eventos serán cada vez más evidentes por la crisis climática y por eso el mapeo y conteo de glaciares es importante en este contexto”.
El punto central no es afirmar que una tragedia como la de Nepal vaya a repetirse en nuestro país. La lección es otra: Chile posee una extensa cordillera, glaciares, laderas inestables y cuencas donde las modificaciones ocurridas en altura pueden tener consecuencias aguas abajo.
Villa Santa Lucía demostró en 2017 el potencial destructivo de una gran remoción de material en la alta montaña. Las Melosas mostró décadas antes cómo un terremoto puede desencadenar importantes movimientos de ladera y modificar temporalmente el comportamiento de un cauce. Y los episodios recientes de turbiedad del Maipo evidencian que la infraestructura de agua potable de Santiago ya está expuesta a los efectos de eventos extremos en la cordillera.
La tragedia de Nepal representa una oportunidad para recordar que conocer, monitorear y mapear los glaciares, laderas y cauces de montaña es una tarea preventiva, especialmente ante un escenario de crisis climática y de eventos hidrometeorológicos extremos.
En momento donde en Chile las autoridades políticas no han prestado mucha atención a los problemas medioambientales, el panorama es preocupante.
“Las soluciones existen, pero requieren inversión y voluntad política. Se necesita monitoreo permanente de los glaciares identificados como de mayor riesgo, sistemas de alerta temprana en las cuencas cordilleranas más expuestas, y una planificación territorial que impida que asentamientos, proyectos turísticos o de infraestructura sigan expandiéndose hacia estas zonas de riesgo, tal como advirtieron geógrafos tras la tragedia de Villa Santa Lucía”, dijo Uri Colodro.
“Actualmente, menos de un tercio de los municipios chilenos cuenta con Planes de Acción Comunal de Cambio Climático (PACCC), lo que supone una brecha urgente de cerrar para la toma de decisiones a nivel local y el avance de la acción climática, con foco en la adaptación y Soluciones basadas en la Naturaleza”, añadió.
Ante ello, el académico José Araos manifestó para cerrar que “el trágico desastre en el Himalaya nos advierte que el riesgo no es hipotético ni lejano. Fortalecer el apoyo estatal a la investigación científica de alta montaña no representa un lujo académico, sino una inversión estratégica en seguridad pública indispensable para diseñar sistemas de alerta temprana eficientes, planificar el territorio y salvaguardar las vidas de quienes habitan al pie de Los Andes y sus glaciares”.