sábado 29 de agosto de 2026
Salud mental

Baby blues, depresión y psicosis posparto: los síntomas que ocultan madres y que caso Lindsay Clancy pone en debate

El caso de Lindsay Clancy, la mujer acusada de matar a sus tres hijos en Massachusetts y cuya defensa sostiene que actuó bajo una psicosis posparto, ha reactivado el debate sobre la salud mental materna. La psicóloga miembro de la Red Chilena de Salud Mental Perinatal, Andrea Peralta, explica las diferencias entre el baby blues, la depresión posparto y la psicosis, y advierte: que en Chile "una de cada cinco mujeres presenta un trastorno de salud mental perinatal".

29 de agosto de 2026 - 07:59

Con bandas elásticas de ejercicio y en el sótano de la casa familiar. Así habría asesinado Lindsay Clancy a sus tres hijos —de 5 y 3 años, y un bebé de 8 meses— en enero de 2023 en Massachusetts, Estados Unidos, en un caso que se ha tomado la pauta noticiosa de Estados Unidos y que, a través de redes, ha tenido alcance en Latinoamérica.

El tema sigue repercutiendo a medida que el juicio entra en su fase final. La opinión pública se ha dividido: mientras gran parte repudia los hechos, un movimiento —integrado principalmente por mujeres que utilizan el color rosa como símbolo— si bien condena los hechos, al mismo tiempo ha mostrado respaldo a la acusada, aludiendo a la carga mental que sufren las madres.

Según sostiene la defensa, a Lindsay Clancy se le habría diagnosticado con psicosis posparto, una afección poco común que causa la pérdida total del contacto con la realidad, afectando a entre 1 y 2 de cada 1.000 mujeres de forma repentina, tras dar a luz.

Baby blues, depresión y psicosis posparto

¿Dónde termina el agotamiento normal del posparto y dónde empieza una emergencia psiquiátrica? La psicóloga Andrea Peralta, miembro de la Red Chilena de Salud Perinatal, explica que la psicosis posparto no es lo mismo que una depresión posparto ni un episodio de baby blues.

Este último corresponde a una alteración ligera del estado de ánimo que se da inmediatamente después de dar a luz, y que afecta a entre un 70% y 80% de las madres —según un consenso clínico general—. Se caracteriza por cambios leves en el ánimo y suele durar los primeros días tras el parto.

Sin embargo, advierte Peralta que si ese mismo estado anímico se extiende durante las semanas siguientes, ya podría comenzar a hablarse de una afección de mayor gravedad: "Si pasadas esas seis semanas los síntomas continúan o se incrementan, y llegan a los tres meses con agotamiento, irritabilidad y tristeza profunda, ya se podría evaluar como una depresión posparto". En esta etapa, los síntomas comienzan a intensificarse y perduran en el tiempo.

Sin embargo, la psicosis posparto, que es considerada una emergencia psiquiátrica, si bien puede aparecer en un contexto de cuadro depresivo, las probabilidades de que se desarrolle son bajas. Se caracteriza por delirios, confusión, desorientación extrema, manía, comportamiento errático y pensamientos peligrosos.

Lo que la maternidad idealizada no deja ver

Antes de cometer el crimen, y según sostiene su defensa, Clancy había manifestado a su esposo, Patrick Clancy, y a su entorno, el deterioro de su salud mental, hechos respaldados por su historial médico, mensajes de textos y testimonios de su entorno.

De hecho, meses previo a la tragedia, había presentado pensamientos intrusivos, desesperación, ansiedad generalizada e insomnio. Sin embargo, el día del crimen, y tras verse "normal", según describe su esposo, la mujer repentinamente comenzó a escuchar voces que le ordenaban cometer dicho acto, y que supuestamente era "su última oportunidad" para terminar con su propia vida y salvar a sus hijos.

Si bien el caso de Clancy representa un extremo alejado de la norma, la realidad cotidiana de las afecciones de salud mental en el posparto —que afecta a 1 de cada 5 mujeres, según señala Peralta— suele ser mucho más silenciosa y es alimentada por la idealización de la maternidad.

Estas señales de alerta invisibles son: irritabilidad y rabia constante, ansiedad permanente, miedo intenso a que le pase algo al bebé, pérdida de la propia identidad, sensación de incompetencia, desconexión emocional con el hijo, sentimiento de culpa y pensamientos intrusivos, indica la experta.

A ellos, se suman los síntomas visibles como llanto constante, desgano o poco apetito y, en algunos casos, la ideación suicida.

"La maternidad está muy idealizada en el sentido de cómo no vas a estar feliz si acabas de tener una guagua. Cómo no vas a sentirte dichosa si estás experimentando lo mejor de la vida. Esas son ciertas frases que nos han instalado socialmente, culturalmente, que hacen que muchas veces estos síntomas se esconden y no sean visibles, pero están", asegura.

Salud mental de las madres chilenas

De acuerdo con Peralta, el perfil de madres chilenas que acuden a su consulta "no necesariamente son mamás primerizas, pero sí hay un común denominador: falta de red de apoyo, mucha soledad y poco espacio para decir que no se sienten bien o que la maternidad no era lo que esperaban", situaciones que ella misma describe como factores de riesgo.

A ello se suma la falta de una atención integral por parte de los profesionales de la salud como ginecólogos, matronas y pediatras: "en la atención pública, con consultas de 15 minutos en promedio, es difícil detectar a fondo cómo está la mamá; muchas veces el foco está solo en el bebé".

De hecho, narra: "he visto casos de profesionales que sí lo detectan al conversar con la paciente, pero persiste un estigma y una falta de involucramiento, como si la salud mental no fuera parte de su rol".

Mientras el caso de Lindsay Clancy sigue en tribunales, casos como el suyo —extremos y poco frecuentes— han servido para que la conversación pública se detenga en un fenómeno mucho más común y menos visible: el de miles de mujeres que, como advierte Peralta, atraviesan en soledad algún grado de malestar posparto sin buscar ayuda ni ser detectadas a tiempo.

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