Lo que surgió en el universo digital, las plataformas de videos y las redes sociales trascendió la pantalla para tomarse las plazas y parques de Chile. Se trata de las populares batallas "farmear de aura”, encuentros al aire libre donde adolescentes se miden cara a cara mediante demostraciones de actitud, gesticulaciones y posturas.
La idea es captar la admiración del público asistente para coronarse como quienes proyectan una mayor presencia o magnetismo.
Esta práctica, que transforma los recintos comunitarios en plataformas de expresión y competencia presencial entre pares, está redefiniendo cómo las nuevas generaciones interactúan en la vía pública.
Códigos propios de la juventud
Frente a esta dinámica urbana, la psicóloga infanto-juvenil de la Universidad UNIACC, Camila Navarrete, analiza la raíz de esta tendencia: “Debajo de una expresión nueva hay algo bastante propio de este grupo etario: explorar quién soy, cómo quiero ser visto y qué lugar ocupo entre mis pares".
Agrega: "los adolescentes de otras generaciones también tuvieron códigos, estéticas, modas y formas de obtener reconocimiento. Lo que cambia hoy es que estos códigos nacen y se expanden muy rápidamente a través de las redes sociales”.
Lejos de catalogar el fenómeno como algo destructivo por definición, la profesional destaca el valor social y creativo que puede tener para el desarrollo personal.
“Participar de estas dinámicas puede ser una experiencia positiva si permite divertirse, expresarse, desarrollar confianza, pertenecer a un grupo o descubrir habilidades sociales. La influencia de los pares no es necesariamente negativa; también puede favorecer conductas adaptativas y experiencias de pertenencia”.
Asimismo, “en las batallas de aura hay además una especie de puesta en escena de la identidad. El joven prueba una manera de presentarse frente a otros: ‘puedo ser seguro’, ‘puedo hacer reír’, ‘puedo llamar la atención’, ‘puedo atreverme a ponerme frente a un grupo’”.
Orientaciones para madres y padres
Para dar tranquilidad a los hogares que observan con inquietud la llegada de estos juegos de roles a las plazas locales, Navarrete aclara que la mera participación en estos eventos o la difusión de material audiovisual no representa en sí una alerta.
“No miren solamente la conducta, sino sus efectos. Que un adolescente participe en una batalla, suba un video o utilice estos códigos no constituye por sí solo una señal de alarma”.
De lo que sí hay que preocuparse es de "observar cambios como una necesidad cada vez mayor de aprobación; angustia intensa cuando recibe críticas o pocas interacciones; comparación constante con otros; dejar actividades que antes disfrutaba porque 'no dan aura' o por miedo a hacer el ridículo; exponerse a situaciones peligrosas únicamente para obtener reconocimiento; conflictos importantes con amigos; o cambios persistentes en el ánimo, sueño, rendimiento o relaciones”, añadió.
Respecto a cómo abordar la situación en la cotidianidad, la experta propone cambiar la actitud defensiva por un enfoque inquisitivo y empático.
“Antes que prohibir, recomendaría sentir curiosidad. Muchas veces los adultos reaccionamos rápidamente frente a códigos juveniles que no comprendemos y corremos el riesgo de cerrar una oportunidad de conversación”.
Sin embargo, enfatiza que la presencia responsable de los adultos es indispensable ante situaciones que vulneren la integridad física o emocional de los involucrados:
“Si aparecen humillaciones, violencia, exposición riesgosa o difusión de imágenes sin consentimiento, los adultos sí debemos intervenir”, enfatizó.