Un equipo transdisciplinario del colectivo Pliegue desarrolla una investigación sobre los micro-paisajes de las turberas de Chiloé, combinando fotografía, microscopía, inteligencia artificial, ecología y filosofía. El proyecto, financiado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, propone cambiar la escala desde la cual se observa la naturaleza: pasar del horizonte y la montaña hacia el musgo, los tejidos vegetales y las formas que solo aparecen mediante dispositivos ópticos.
La iniciativa es liderada por Daniela Céspedes, máster en Arte Contemporáneo, e integra a Nicolás Martínez, doctor en Biología; José Llano Loyola, arquitecto y máster en Educación; George Somerville, máster en Estudios de la Imagen; y Javier Paredes, ingeniero TI especialista en análisis y procesamiento de datos.
El trabajo continúa una línea iniciada en un proyecto anterior, también financiado por el ministerio, que analizó un corpus de 3.000 imágenes institucionales del Sur de Chile mediante procesamiento computacional y redes neuronales como SAM y YOLOv8. Los resultados identificaron patrones recurrentes —horizontes lineales, configuraciones triangulares asociadas a montañas y composiciones de baja entropía visual— vinculados a imaginarios de aislamiento, monumentalidad y naturaleza prístina.
¿Qué es un "ectotipo" y cómo guía la investigación?
A partir de esos hallazgos, la investigación desarrolla la noción de ectotipo, un concepto que permite pensar las imágenes más allá de la oposición entre original y copia. "Un ectotipo es una forma que conserva ciertos rasgos reconocibles mientras cambia al circular entre imágenes, tecnologías y escalas. Una línea, un borde o una textura pueden aparecer en una fotografía de paisaje, ser aislados por un algoritmo, reaparecer transformados mediante inteligencia artificial y encontrar nuevas resonancias en una estructura microscópica", explica Céspedes.
De esta manera, el proyecto se desplaza desde las grandes vistas del Sur de Chile hacia las turberas de Chiloé, explorando qué sucede cuando el horizonte desaparece y el paisaje se presenta como superficie, humedad, fibra y materia orgánica. La metodología combina fotografía macro y gran angular, microscopía y análisis estético, junto con trabajo de campo en los santuarios de la naturaleza del archipiélago y la extracción de muestras acuáticas y vegetales.
Uno de los intereses centrales del equipo es cuestionar la idea de que la cámara, el microscopio o la inteligencia artificial sean instrumentos neutrales. Según los investigadores, cada dispositivo selecciona, recorta y organiza aquello que puede ser visto: el microscopio no solo "acerca" una realidad preexistente, sino que produce nuevas condiciones de visibilidad.
En las imágenes microscópicas, estructuras del musgo Sphagnum magellanicum y de otros organismos vegetales y fúngicos pueden aparecer inicialmente como líneas, membranas, transparencias o patrones abstractos. "Antes de reconocer una célula o identificar una especie, el espectador puede encontrarse frente a una composición de formas, texturas e intensidades. El cambio de escala transforma así no solamente aquello que vemos, sino la propia experiencia del paisaje", señala Martínez.
¿Cuándo y dónde se presentará el proyecto?
Además, la investigación incorpora una dimensión de divulgación y conservación, mediante la construcción de una cartografía visual y actividades abiertas en espacios científicos, culturales y territoriales. En esa línea, este viernes 28 de agosto, entre las 18:00 y las 20:00 horas, el equipo realizará un seminario gratuito en la Fundación Ciencia & Vida, en Santiago, en colaboración con MicroxChile.
Con esta investigación, Pliegue —activo desde 2017 en proyectos que vinculan arte, ciencia, tecnología y pensamiento contemporáneo— plantea una pregunta que atraviesa todo el proyecto: ¿qué dejamos de ver cuando utilizamos la escala humana como única medida del paisaje?