El cerezo pasó de ser un cultivo marginal a convertirse en uno de los principales motores de las exportaciones en la agricultura chilena. En ese contexto, los académicos Tomislav Curkovic y Luis Sazo, del Departamento de Sanidad Vegetal de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, publicaron el libro "Manejo sostenible de plagas del cerezo en Chile".
La obra sistematiza cerca de 16 plagas que afectan al cultivo y entrega herramientas para reducir la dependencia de plaguicidas de síntesis química.
Según explicó Curkovic en conversación con El Desconcierto, la publicación privilegia alternativas como agentes de control biológico, feromonas y plaguicidas de bajo riesgo, y reserva el uso de insumos químicos para los casos en que no existe otra solución, siempre cumpliendo con las normas de inocuidad exigidas por los países compradores.
"Si hay una solución alternativa a los plaguicidas químicos hay que privilegiarlos en un manejo. Pero cuando no hay una alternativa de ese tipo se usan los plaguicidas de síntesis artificiales", expresó el académico.
Si hay una solución alternativa a los plaguicidas químicos hay que privilegiarlos en un manejo. Pero cuando no hay una alternativa de ese tipo se usan los plaguicidas de síntesis artificiales Si hay una solución alternativa a los plaguicidas químicos hay que privilegiarlos en un manejo. Pero cuando no hay una alternativa de ese tipo se usan los plaguicidas de síntesis artificiales
Producto estratégico para la agricultura chilena
De acuerdo con Curkovic, el cultivo pasó de 3.000 a cerca de 80.000 hectáreas en tres décadas, y su expansión se extendió desde Coquimbo hasta Aysén, cuando antes se concentraba en torno a Curicó y algunas otras localidades del sur.
En ese mismo período, una temporada llegó a representar cerca del 45% de los retornos por exportación de fruta fresca chilena, con ventas que subieron de 50 millones a 3.000 millones de dólares, principalmente hacia China, que concentra alrededor del 90% del mercado de exportación.
Ese crecimiento territorial expuso al cerezo a nuevas especies de insectos y ácaros. Entre las plagas exóticas invasoras que se establecieron en el país, Curkovic destacó la llegada del trips de California hace casi tres décadas y de la Drosophila suzukii hace una década, ambas consideradas hoy entre las más relevantes para el cultivo.
Desplazamiento hacia el sur
El académico también advirtió que el desplazamiento de la fruticultura hacia el sur, impulsado por la escasez hídrica y el aumento de temperaturas, podría favorecer a especies que se desarrollan mejor en condiciones más húmedas y frías, como la propia Drosophila suzukii.
Respecto de las plagas que aún no están presentes en Chile, mencionó que el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) cumple un rol central en la prevención de ingreso de nuevas especies a través del control de material vegetal importado. "Somos el único país libre en Latinoamérica de la mosca del Mediterráneo", recordó.
Somos el único país libre en Latinoamérica de la mosca del Mediterráneo Somos el único país libre en Latinoamérica de la mosca del Mediterráneo
En cuanto a la adopción de estas herramientas por parte de productores medianos y pequeños, Curkovic reconoció una brecha entre la investigación académica y la práctica en huertos, aunque afirmó que el libro busca reducirla al estar disponible gratuitamente para consulta en la biblioteca digital de la Universidad de Chile.
El académico también señaló que la caída reciente en los precios de exportación, especialmente en el mercado chino, podría afectar con mayor fuerza a los productores de menor escala, cuyos márgenes son más estrechos frente a los costos de producción actuales.