El mejor camino no consiste en reemplazar personas, sino en amplificar y escalar su conocimiento. La mayoría de las organizaciones ha centrado la conversación en automatización de tareas y reducción de costos, cuando el verdadero potencial de la IA radica en aumentar la capacidad de las personas para generar valor.
Las empresas que obtendrán mayores beneficios no serán necesariamente las que automaticen más procesos, sino las que combinen mejor la velocidad de la IA con la experiencia, el criterio y el conocimiento de sus equipos. La tecnología puede procesar grandes volúmenes de información, identificar patrones y generar respuestas en segundos. Las personas aportan contexto, juicio, creatividad y la capacidad de actuar cuando la realidad se aleja de lo previsto. Son capacidades distintas, pero profundamente complementarias.
En este sentido, la IA debería asumir las tareas repetitivas y rutinarias, liberando tiempo para que las personas se concentren en actividades de mayor valor agregado. Pero el verdadero desafío no es tecnológico, sino organizacional. Requiere rediseñar procesos, redefinir roles y transformar la forma en que se toman decisiones. Incorporar IA sin modificar la manera en que opera la organización suele producir mejoras marginales; integrarla al conocimiento y a los procesos críticos del negocio puede generar ventajas competitivas significativas.
Hay además un factor que muchas empresas siguen subestimando: el conocimiento tácito. Gran parte del valor organizacional no está documentado en manuales ni sistemas, sino en la experiencia acumulada de quienes conocen a los clientes, entienden el negocio y saben cómo actuar frente a imprevistos.
La gran oportunidad de la IA no consiste únicamente en automatizar tareas, sino en capturar, preservar y amplificar ese conocimiento para que deje de depender de unas pocas personas y se convierta en una capacidad organizacional escalable.
La IA debería asumir las tareas repetitivas y rutinarias, liberando tiempo para que las personas se concentren en actividades de mayor valor agregado La IA debería asumir las tareas repetitivas y rutinarias, liberando tiempo para que las personas se concentren en actividades de mayor valor agregado
El futuro del trabajo
- ¿El futuro está determinado a reducir radicalmente el trabajo humano?
No creo que el futuro esté determinado a reducir radicalmente el trabajo de las personas, pero sí a transformar profundamente la forma en que generan valor. La discusión suele centrarse en cuántos empleos desaparecerán, cuando la pregunta realmente importante es si las personas, las empresas y los sistemas educativos serán capaces de adaptarse a la velocidad con que está cambiando el trabajo.
A diferencia de revoluciones tecnológicas anteriores, la IA no solo está automatizando tareas manuales o repetitivas. También está comenzando a realizar actividades cognitivas que durante décadas fueron consideradas exclusivamente humanas: analizar información, generar contenido, programar software, realizar diagnósticos preliminares o apoyar procesos de decisión. Por ello, es razonable esperar que muchas funciones cambien, que algunos puestos desaparezcan y que otros se transformen radicalmente.
Sin embargo, la historia demuestra que ninguna revolución tecnológica eliminó el trabajo humano. Lo que eliminó fueron determinadas formas de trabajo. La mecanización transformó la agricultura, la automatización modificó la industria y la informática cambió el trabajo administrativo. Cada una de esas transformaciones desplazó ocupaciones, pero también creó nuevas actividades e industrias.
La diferencia actual es la velocidad. La IA está avanzando más rápido de lo que muchas organizaciones, trabajadores e instituciones educativas pueden adaptarse. Por eso, el principal desafío de los próximos años no será la desaparición del trabajo humano, sino la capacidad de las personas para reinventar sus competencias en un entorno donde el conocimiento se vuelve obsoleto con mayor rapidez que en cualquier momento previo de la historia.
Existe además una dimensión económica que suele quedar fuera del debate. Las empresas necesitan productividad, pero también necesitan clientes. Una economía no puede sostenerse únicamente sobre la eficiencia tecnológica. Si la automatización avanza más rápido que la capacidad de una sociedad para crear nuevas oportunidades de valor, el desafío dejará de ser tecnológico y se convertirá en un problema económico y social.
El principal desafío de los próximos años no será la desaparición del trabajo humano, sino la capacidad de las personas para reinventar sus competencias en un entorno donde el conocimiento se vuelve obsoleto El principal desafío de los próximos años no será la desaparición del trabajo humano, sino la capacidad de las personas para reinventar sus competencias en un entorno donde el conocimiento se vuelve obsoleto
Inteligencia artificial, empresas y personas. Foto: Google
Omar Salinas (UNAB) asegura que "incorporar inteligencia artificial sin modificar la manera en que opera la organización suele producir mejoras marginales".
- ¿La IA y los humanos podrán convivir en un entorno laboral renovado?
Sí, creo que convivirán. Pero esa convivencia no está garantizada por la tecnología; dependerá de las decisiones que tomen empresas, gobiernos, sistemas educativos y trabajadores durante los próximos años.
La discusión suele plantearse como una competencia entre personas e IA, pero esa visión simplifica el problema. La verdadera pregunta no es quién reemplazará a quién, sino cómo se redistribuirá el valor dentro de las organizaciones. Los mayores beneficios observados hasta ahora no provienen de empresas que reemplazan masivamente trabajadores, sino de aquellas que usan la IA para potenciar sus capacidades.
Un analista puede evaluar más información, un médico puede disponer de más antecedentes para apoyar un diagnóstico y un ingeniero puede resolver problemas con mayor rapidez. En esos casos, la tecnología no sustituye el criterio humano: lo amplifica.
Sin embargo, la convivencia no será necesariamente equilibrada. Existe el riesgo de que una parte de los trabajadores aumente significativamente su productividad gracias a estas herramientas, mientras otra parte quede rezagada por falta de acceso, formación o capacidad de adaptación.
El desafío, entonces, es también económico y social. Las empresas deberán rediseñar procesos e invertir en nuevas competencias; los sistemas educativos deberán formar profesionales capaces de trabajar junto a la IA y no simplemente competir con ella; y los trabajadores deberán asumir que el aprendizaje continuo dejará de ser una ventaja para convertirse en una necesidad.
La tecnología no sustituye el criterio humano: lo amplifica La tecnología no sustituye el criterio humano: lo amplifica
Competitividad y urgencia de adaptación
- ¿Las empresas y los trabajadores están obligados a adquirir conocimientos de IA para no quedar rezagados?
Sí, tanto las empresas como los trabajadores están obligados a adquirir conocimientos y utilizar herramientas de IA si desean mantenerse competitivos. Pero la razón no es tecnológica, sino estratégica. La IA se está convirtiendo en una capacidad transversal, del mismo modo que ocurrió con internet, los computadores o el análisis de datos. Ignorarla no implica únicamente perder productividad; implica el riesgo de quedar rezagado frente a quienes aprendan a generar más valor con ella.
A nivel empresarial, el desafío no consiste en adoptar IA por moda o presión competitiva, sino en comprender cómo utilizarla para mejorar procesos, acelerar decisiones y potenciar el conocimiento de la organización. Las empresas que obtendrán mejores resultados no serán las que tengan acceso a la tecnología más avanzada, sino las que logren integrarla efectivamente a su estrategia, cultura y modelo de negocio.
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Lo mismo ocurre a nivel individual. Los profesionales que aprendan a trabajar con IA podrán analizar más información, resolver problemas con mayor rapidez y dedicar más tiempo a actividades de alto valor. No porque la tecnología los haga más inteligentes, sino porque amplifica sus capacidades.
A nivel empresarial, el desafío no consiste en adoptar IA por moda o presión competitiva, sino en comprender cómo utilizarla para mejorar procesos A nivel empresarial, el desafío no consiste en adoptar IA por moda o presión competitiva, sino en comprender cómo utilizarla para mejorar procesos
Existe, con todo, una reflexión más importante. Muchas organizaciones creen que la ventaja competitiva provendrá simplemente de incorporar IA. Probablemente se equivocan.
A medida que estas tecnologías se masifiquen, el acceso dejará de ser un factor diferenciador. Lo que hoy parece una ventaja exclusiva terminará convirtiéndose en un requisito básico. Cuando eso ocurra, la diferencia volverá a estar donde siempre ha estado: en las personas. En su capacidad para interpretar contextos, comprender necesidades, liderar equipos, innovar y transformar información en decisiones.
La IA podrá estar disponible para todos, pero la capacidad de convertirla en valor seguirá dependiendo de factores humanos y organizacionales mucho más difíciles de replicar.