El turismo sostenible se consolida como una respuesta concreta frente a los efectos del cambio climático, que en 2024 marcó el año más caluroso registrado desde 1880, según cifras del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). En ese contexto, una selección elaborada por Time Out identificó siete destinos que ya aplican modelos de conservación y desarrollo comunitario.
Estos se distribuyen entre Europa, Oceanía y Latinoamérica, donde Ecuador y Costa Rica aparecen como los representantes regionales.
Bosque Chocó Andino ecuatoriano
En el caso ecuatoriano, la capital Quito financia investigación científica a través del turismo en lodges. A pocas horas de la ciudad, 17 ecosistemas distintos dependen de la actividad turística para sostener labores de conservación.
En el Bosque Chocó Andino, los biólogos de la Reserva Mashpi han identificado numerosas especies nuevas para la ciencia en las últimas dos décadas, entre ellas la rana de cristal de Mashpi (Hyalinobatrachium mashpi), hallada en 2014 cerca del río Amagusa.
Ese trabajo se financia con los ingresos generados por el Mashpi Lodge. A su vez, en la comunidad de Yunguilla, los recorridos por caminos ancestrales entregan ingresos directos a proyectos de agricultura sostenible, complementando la investigación con desarrollo local.
Conservación local en Costa Rica
Por su parte, Costa Rica exhibe uno de los compromisos de protección territorial más ambiciosos del planeta: casi un tercio del país mantiene estatus de zona de conservación, mientras la matriz energética se sostiene mayoritariamente en fuentes renovables.
Entre sus principales atractivos figuran el Lapa Rios Eco Lodge, en la península de Osa, y la Reserva Biológica del Bosque Nuboso Monteverde, que documenta los desafíos y logros de la conservación local. El país alberga, además, un 6% de la biodiversidad mundial dentro de sus fronteras.
Europa: tradiciones y comunidades
Junto a los dos países latinoamericanos, la lista incorpora experiencias en otras regiones. En Escocia, la región de Aberdeenshire avanza en su transición desde la industria petrolera hacia el turismo renovable, con alojamientos fuera de la red eléctrica como Cairngorm Bothies y una oferta gastronómica basada en productores locales.
En Italia, la región de Emilia-Romaña ha desarrollado durante 35 años un modelo de agroturismo que reúne a más de 20.000 granjas y viñedos, entre ellos productores del vino Albana, canalizando las ganancias hacia comunidades rurales alejadas de los circuitos masivos de ciudades como Roma, Florencia o Venecia.
En tanto, Gales apuesta por estancias en granjas y casas de huéspedes gestionadas por comunidades locales, distribuidas entre Anglesey, Eryri —también conocida como Snowdon—, Ceredigion y Pembrokeshire. Eslovenia, en cambio, certifica formalmente a hoteles, restaurantes y operadores turísticos mediante su Esquema Verde nacional, un proceso de once pasos que incluye reportes ambientales periódicos y reevaluaciones cada tres años, con la capital Liubliana ya incorporada al listado oficial.
Límites para el acceso turístico
Finalmente, en Oceanía, el estado australiano de Queensland protege la Gran Barrera de Coral limitando el acceso turístico a solo el 7% de sus 2.300 kilómetros de extensión. La plataforma Guardianes del Arrecife orienta a los visitantes hacia operadores certificados, mientras iniciativas como Passions of Paradise y Reef Magic incorporan a los turistas en tareas de monitoreo de especies y restauración de coral.
En conjunto, los siete casos muestran que no existe un único camino hacia el turismo sostenible: mientras algunos gobiernos optan por certificaciones formales o restricciones de acceso, otros priorizan el financiamiento directo de la ciencia o el fortalecimiento de economías rurales.
Para los especialistas citados en el reporte, elegir operadores con políticas de sostenibilidad verificables y reservar directamente con negocios locales sigue siendo la recomendación más efectiva para los viajeros.