martes 01 de septiembre de 2026
Opinión

"Y va a caer, y va a caer...":  La Primera Protesta Nacional

El pueblo había perdido el miedo a la dictadura, con enormes sacrificios y cientos de vidas arrebatadas, cinco años antes del Plebiscito de 1988, se empezaban a abrir las puertas a la democracia.

1 de septiembre de 2026 - 11:45

A las 11:00 de la mañana del miércoles 11 de mayo de 1983, hace poco más de 43 años, cumpliendo las directrices de la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), comenzó la Primera Protesta Nacional.

Con esta manifestación empezó un ciclo de masivas jornadas antidictatoriales, que abrieron las puertas a la democracia.

La convocatoria

En medio de una gran crisis económica, con millones de personas sufriendo hambre, la CTC resolvió convocar a una protesta nacional y a un paro de actividades para el 11 de mayo de 1983.

La CTC justificaba el llamado porque el “problema no es una ley más o una ley menos (…): se trata de un sistema económico, social, cultural y político que (…) se contradice con nuestra idiosincrasia de chilenos y de trabajadores, que nos ha tratado de asfixiar con armas como el temor y la represión (…).

La convocatoria fue apoyada por los sindicatos del vidrio, cuero y calzado, construcción, campesinos, panificadores; también se sumaron pobladores, centros de alumnos, colegios profesionales y partidos políticos opositores.

Posteriormente la CTC ratificó la protesta y postergó el paro porque en Chuquicamata, el Ejército había instalado cañones; en el Salvador, soldados se habían colocado en la entrada de la mina; en Andina y El Teniente circulaban vehículos militares con ametralladoras en sus techos.

En definitiva, se convocaba a protestar no enviando los niños al colegio, no haciendo compras, tocando cacerolas en la noche, andando a no más de 30 kilómetros por hora en vehículos, no haciendo trámites, apagando luces a las 21:30 horas.

La protesta

El miércoles 11 de mayo de 1983 las ciudades parecían estar en guerra con militares armados en las esquinas y vehículos premunidos de ametralladoras .30 patrullando las calles. El ambiente era sumamente tenso como presagiando de que, por primera vez, el poder dictatorial sería cuestionado.

A eso de las 11:00 horas, venciendo el miedo, en Santiago las manifestaciones comenzaron en facultades y liceos; al mediodía numerosas personas se reunieron en la plaza de armas coreando, “y va a caer, y va a caer, la dictadura va a caer…”; abogados se manifestaron en los Tribunales de Justicia; 35 seminaristas que participaban en una marcha fueron detenidos. En Concepción, Valparaíso y otras ciudades también se realizaron protestas.

Las manifestaciones fueron reprimidas con dureza por carabineros utilizando gases lacrimógenos, vehículos lanza gases y carros hidratantes.

Pasadas las 15:00 horas, el centro de Santiago quedo vacío: tiendas y oficinas cerraron, la locomoción colectiva desapareció. A partir de las 19:00 horas, en muchos barrios, personas tocando ollas marchan gritando: “ahora, ahora, señora toque su cacerola”.

Mas tarde en la periferia santiaguina, con cadenazos al tendido eléctrico, jóvenes cortan el alumbrado y encienden barricadas para tratar de impedir el ingreso de vehículos militares y automóviles con civiles armados que disparan a los manifestantes.

El balance de la protesta fue de dos personas asesinadas por disparos: Víctor Rodríguez Celis, de 15 años, y Andrés Fuentes Sepulveda, de 21, quien se encontraba en la puerta de su casa en la Población La Victoria; un número indeterminado de ciudadanos fueron heridas a bala; y 652 arrestados solo en Santiago. En provincias también hubo decenas de detenidos que fueron muy golpeados.

Represalias

El 13 de mayo, para evitar que la población tuviera información alternativa a la oficial, por Decreto Supremo N°593, se suprimió el derecho a informar a Radio Cooperativa Vitalicia.

El 14 de mayo, fuerzas militares, de Carabineros, Investigaciones y agentes de la CNI, allanaron poblaciones de San Miguel, La Cisterna y La Granja cuyos habitantes habían participado masivamente en la protesta. El objetivo de los allanamientos era detener a militantes de partidos, dirigentes sindicales y sociales, e intimidar a los pobladores para que no volvieran a manifestarse.

Ese día a las 5:00 de la mañana, por altoparlantes, se conminó a todos los hombres mayores de 14 años a salir de sus casas solo con su carné y esperar en la puerta. Las mujeres y niños tenían que permanecer en el interior de las viviendas. Luego trasladaron a los hombres hasta sitios eriazos custodiados por soldados que portan fusiles y ametralladoras.

En cada uno de los verdaderos campos de concentración se formó un gran círculo de hombres apiñados, como animales en un corral, en el que, iluminados por potentes focos, funcionarios de civil interrogan a los secuestrados.

El 19 de mayo, el Ministerio del Interior presentó un requerimiento por Ley de Seguridad Interior del Estado contra de 10 dirigentes de la CTC. Los sindicalistas apercibidos eran: Rodolfo Seguel, presidente de la CTC, Manuel Rodríguez, Roberto Carvajal, José Pérez, Carlos Ogalde, Luis Morgado, Raúl Montecinos, Roberto Guerra, Ruben Rivera y Leonel Abarca.

El pueblo había perdido el miedo a la dictadura, con enormes sacrificios y cientos de vidas arrebatadas, cinco años antes del Plebiscito de 1988, se empezaban a abrir las puertas a la democracia.

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