El pasado 07 de julio fue ingresada la iniciativa que modifica el código sanitario para establecer el deber del médico de informar a la mujer sobre la actividad cardíaca embrionaria o fetal, y de ofrecer la oportunidad de escucharla, en forma previa a la interrupción del embarazo. Este proyecto es liderado por el diputado del distrito 21 y miembro del Partido Nacional Libertario, Cristóbal Urruticoechea Ríos.
La propuesta basada en leyes vigentes en Estados Unidos no es nueva, se alimenta de aquellas establecidas en estados como Kentucky, Texas y Wisconsin, entre otros, estados que últimamente se han caracterizado por un grave retroceso en derechos para las mujeres y las niñas en el país del norte.
Según estudios publicados en la National Library of Medicine (Upadhyay UD, Kimport K, Belusa EKO, Johns NE, Laube DW, Roberts SCM., 2017) reveló que el 88,8% de las mujeres mantuvo su decisión de abortar, mientras que sólo el 11,2% continuó con el embarazo. Esto demuestra que, además de cruel, no es una política efectiva si lo que busca es frenar la libre decisión de las mujeres y niñas que optan por un aborto bajo las tres causales vigentes en Chile.
Por otra parte, el proyecto no sólo indica que el médico debe ofrecer a la paciente escuchar los latidos del corazón del feto si no que, en caso de que ésta se niegue a hacerlo, el profesional de la salud no podrá efectuar la interrupción voluntaria del embarazo, transformando la situación en arbitraria y revictimizante para la paciente.
Recordemos que en Chile de acuerdo a la ley N°21.030 que regula la interrupción voluntaria del embarazo sólo se permiten tres causales muy específicas: Riesgo de la vida de la madre, inviabilidad fetal y violación. Tres causales que por lo demás ya implican mucho dolor, malestar físico, angustia y una fortaleza tremenda para tomar esa decisión.
¿Piensan exponer a escuchar los latidos de un feto a una mujer que se encuentra en quimioterapia? ¿Piensan exponer a escuchar los latidos del embrión a una mujer que sabe que si su embarazo llega a término su bebé nacerá y morirá de inmediato? ¿No piensan que ya esas situaciones implican demasiado dolor? ¿Piensan que es beneficioso para la salud mental de una niña de 13 años que fue violada por un familiar escuchar los latidos del embrión que crece en su vientre fruto de ese delito?
En Chile, según datos del departamento de estadísticas e información del Ministerio de Salud del 2018, a la fecha 6.298 mujeres y niñas aproximadamente han accedido a la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales, siendo la causal de violación la que más ha subido a lo largo de los años, sobre todo en menores de edad ¿pensamos condenar a nuestras niñas que han sido vulneradas a re victimizarse de esta manera?
El proyecto que se ingresó no sólo resulta una grave violación a los derechos humanos de las mujeres y niñas, sino que un acto de falta de humanidad tremenda por parte de estos congresistas.
Dice el diputado Urruticoechea que se quiere velar por el sufrimiento de un inocente que no tiene como defenderse, a los parlamentarios que sostienen este proyecto les invitamos a legislar por los miles de niños y niñas que se encuentran en residencias del servicio de protección Mejor Niñez, aquellos que se verán afectados/as por los recortes que su gobierno ha realizado a los ministerios más relevantes del área social, legislen por las miles de infancias que serán afectadas en nuestro país con el avance de la mega reforma que empobrecerá sus territorios y restringirá cada una de sus oportunidades.
El Comité de la CEDAW, convención de la que somos parte como país desde 1989, ha establecido que los Estados deben garantizar el acceso efectivo a servicios de salud sexual y reproductiva respetando la autonomía de las mujeres y asegurando que el consentimiento informado sea obtenido sin presiones, intimidación ni condicionamientos.
Los estándares internacionales nos mandatan a garantizar el respeto por los derechos humanos de las mujeres y niñas en Chile. Una ley que ha sido una eterna pelea aplicarla, no puede seguir produciendo obstaculizadores para su ejecución, bastante tenemos con la objeción de conciencia que aún abunda en los hospitales de nuestro país. Es hora de escuchar a las mujeres y niñas de Chile.