domingo 26 de abril de 2026

Violencia escolar: La Inteligencia Artificial como herramienta de apoyo

La inteligencia artificial, usada con responsabilidad, no resolverá por sí sola esta crisis, pero sí puede transformarse en una aliada concreta para prevenir, orientar y acompañar mejor.

26 de abril de 2026 - 16:45

A mi juicio, reducir este hecho a un episodio aislado o exclusivamente escolar sería un error analítico y también político. Lamentablemente la escuela se ha transformado en un espacio donde irrumpen tensiones, fracturas y violencias incubadas mucho más allá de sus muros. Por eso, más que hablar solo de una crisis escolar, quizás ha llegado la hora de reconocer que estamos frente a un espejo de la violencia social que desde hace un buen tiempo venía creciendo fuera de ella.

Lo ocurrido en Calama, por duro que resulte admitirlo, no puede entenderse solo como un problema de convivencia escolar. La violencia que hoy irrumpe en los establecimientos educacionales no nace únicamente en ellos: es también expresión de una sociedad tensionada, desigual, individualista y crecientemente agresiva, moldeada durante décadas por un modelo socioeconómico que debilitó vínculos, erosionó lo colectivo y naturalizó la competencia, la frustración y el abandono.

La escuela, en ese sentido, no produce por sí sola esta fractura, sino que la recibe, la contiene como puede y muchas veces termina siendo el escenario visible de un deterioro social mucho más amplio. Hablar de violencia escolar sin hablar al mismo tiempo de violencia social es, en el fondo, mirar solo la superficie del problema y eximir al país de una conversación mucho más incómoda sobre sí mismo.

Frente a este escenario, la principal respuesta del Estado ha tendido a moverse, sobre todo, en el terreno del control, la regulación y la reacción inmediata. Allí se inscriben tanto las recientes leyes sobre prohibición de celualres y sobre convivencia escolar en establecimientos educacionales.

Sin embargo, junto con reconocer la importancia de estos marcos normativos, también conviene advertir sus límites: con demasiada frecuencia, la discusión pública parece desplazarse hacia pórticos detectores, revisión de mochilas, prohibiciones generales o nuevas exigencias administrativas para docentes y equipos directivos, como si una crisis social profunda pudiera resolverse con dispositivos visibles y políticamente rentables.

Se actúa sobre lo que se ve, pero mucho menos sobre lo que produjo el quiebre. En otras palabras, se responde al síntoma con más control, pero no necesariamente con más comprensión, más acompañamiento ni más prevención efectiva. El problema de fondo, en cambio, sigue siendo mucho más profundo y difícil de abordar.

La violencia escolar no se resolverá únicamente con reglamentos, sanciones o dispositivos de vigilancia, porque hunde sus raíces en un entramado social marcado por la normalización de la agresividad, la fragilidad de los vínculos comunitarios, la sobrecarga de las escuelas y la falta de apoyo oportuno para quienes deben intervenir en situaciones críticas.

A ello se suma una presión creciente sobre docentes y directivos, a quienes con frecuencia se les exige responder rápida y correctamente ante escenarios complejos, incluso digitales, llenando registros, activando protocolos y cumpliendo nuevas obligaciones, pero sin entregarles herramientas claras, orientación suficiente ni tiempo real para actuar con criterio. El riesgo de ese camino es evidente: convertir a la escuela en la administradora burocrática de una violencia social que en realidad la desborda y la antecede.

Es justamente en ese vacío, entre la urgencia del caso concreto y la insuficiencia de las respuestas tradicionales, donde la Inteligencia Artificial puede comenzar a cumplir un papel de apoyo relevante. No como reemplazo del criterio humano, ni como sustituto de equipos de convivencia escolar, directivos o asesoría jurídica, sino como una herramienta capaz de orientar, ordenar información, sugerir rutas de acción y facilitar respuestas iniciales mejor fundamentadas.

En vez de pensar la IA solo como amenaza o moda, quizás ha llegado el momento de observar también su potencial para fortalecer una prevención más eficiente y eficaz, una gestión más clara y una intervención menos improvisada ante conflictos que hoy desbordan a muchas comunidades escolares.

Un ejemplo concreto en esta dirección es Ciudadanía Digital Inteligente, una herramienta gratuita de uso responsable que busca apoyar a docentes y equipos directivos frente a situaciones de ciberbullying, ciberacoso o violencia digital. Su aporte no consiste en reemplazar a las personas ni en emitir juicios definitivos, sino en ayudar a elaborar protocolos, generar guías de trabajo y orientar respuestas iniciales ante casos que muchas veces sorprenden a los establecimientos sin claridad suficiente sobre cómo actuar.

En un contexto donde la violencia también circula por pantallas, chats, imágenes y redes sociales, contar con apoyos de este tipo deja de ser un lujo tecnológico y empieza a parecerse más a una necesidad pedagógica e institucional (ver acá).

Si la violencia que entra hoy a la escuela es cada vez más compleja, más social y también más digital, entonces seguir respondiendo solo con control, castigo o sobrecarga administrativa será claramente insuficiente. Chile necesita discutir con mayor honestidad qué tipo de convivencia está produciendo como sociedad y qué apoyos reales está entregando a sus comunidades educativas para enfrentarla.

La inteligencia artificial, usada con responsabilidad, no resolverá por sí sola esta crisis, pero sí puede transformarse en una aliada concreta para prevenir, orientar y acompañar mejor.

La pregunta finalemente ya no es si la IA debe o no entrar en la escuela, sino si seremos capaces de ponerla verdaderamente al servicio del cuidado, la convivencia y la acción oportuna ante hechos tan deleznables como el asesinato de la asistente de la educación en Calama.

Sigue leyendo
LO QUE SE LEE AHORA
Imagen de una sala vacía a traves del vidrio de una puerta / Agencia Uno

Las más leídas

Te Puede Interesar