Quizás quien lea esta columna llegó a ella por el titular compartido en algún post de El Desconcierto en alguna de sus redes sociales, o por una búsqueda en el chat de IA de su preferencia a partir de una pregunta, o a través de un chat compartido.
Estamos en un tiempo en que más que “buscar” información o contenidos, está “llega” sin pedirla o buscarla con nada de esfuerzo, en el teléfono móvil hiper inteligente, que sostenemos en nuestras manos en el trayecto al trabajo o estudio.
Nada de esto sería posible sin la red de Internet, que ya lleva más de cinco décadas de existencia, y sin la www o la web (the web , la world wide web. El 30 de abril de 1993, el CERN( European Organization for Nuclear Research) liberó el software de la World Wide Web al dominio público. Posteriormente, el CERN publicó una versión con licencia abierta, que permitió que se difundiera masivamente, a través de páginas o sitios web, que son la existencia material de para contenidos e información digital sobre cualquier tema o servicio, desde compras hasta beneficios sociales, noticias o el acceso a la oferta académica.
Por décadas, todo lo que se consulta o se lee y ve en la web, a través de motores de búsqueda o a través de las plataformas de redes sociales, implica tener datos centrales para quienes sostienen esas páginas y sitios web: el tráfico de personas usuarias que llega a leer, ver o revisar el contenido que ahí hay. Este sistema, conocido como métricas y analíticas, ha sido el esquema central de sostenibilidad de proyectos digitales diversos.
Este panorama cambió radicalmente con las redes sociales. Son varios estudios acumulados en los últimos cinco años que indican que sólo en Chile, las personas se informan en redes sociales como: Tik Tok, Instagram, Facebook, Whatsapp, Youtube. Es interesante revisar los datos del estudio global Digital News Report , realizado por la Universidad de Oxford y el Instituto Reuters, o el estudio sobre consumo de medios y hábitos informativos en Chile para 2025, de la profesora Claudia Mellado, que muestran cómo en la actualidad personas de distintas edades y segmentos sociales, señalan que esa es la vía para “informarse”.
El punto central, al profundizar en este dato, es que, en general, eso implica quedarse con el texto de un titular de un post, que anuncia una noticia o un contenido de cualquier tema, y no se hace el gesto de ir a revisar la página o sitio web en que está detallado o explicada esa información. Quedarse con una información superficial, está estrechamente asociado al fenómeno de la desinformación, que coloquialmente es conocido como “fake news”, porque quienes generan ese tipo de contenido, informativo o no, puede ser cualquier persona desde sus perfiles de redes sociales o en plataformas de publicación de contenidos.
La llegada de los modelos chatbots de IA, desde ChatGPT, Gemini, Meta AI, Claude o el DeepSeek chino, cambió nuevamente de manera radical todo esto. Las personas, en todo el mundo, usan estas herramientas como nuevos atajos para navegar por la web y sus contenidos, y por supuesto, para obtener información directa y acotada. El mismo Digital News Report señala en su reporte de 2025 que estos chats emergen como fuentes informativas, especialmente en menores de 25 años.
Un hecho que seguramente pasa desapercibido es que Google, el motor de búsqueda dominante, añadió la versión “Modo IA”, que entrega un resumen de la información solicitada a partir de las preguntas realizadas, términos o conceptos, con referencias de los sitios y páginas web, donde se obtuvo la información.
Es importante comprender esta dimensión: la IA obtiene los datos (la información) desde plataformas (desde la biblioteca digital de una universidad hasta los centros de datos abiertos que procesa un gobierno), sitios y páginas web, para procesar las respuestas que entrega. La empresa Open IA, dueña de ChatGPT, estaría refinando un navegador, esto es el programa informático que le permite acceder, visualizar e interactuar con sitios web, imágenes y videos en internet.
¿Significa esto el fin de la web? Muchos titulares se han escrito para predecir que esto es inevitable, en la medida que la IA se masifica. Sin embargo, varios estudios y análisis muestran también la tendencia de que la web se está expandiendo, en la medida que los modelos de lenguaje que usan estos sistemas requieren más información y datos.
Otra pregunta central se abre en este nuevo escenario, y que venía desde el cuestionamiento sobre cuáles son y cuántas son las empresas que concentran la propiedad de los servicios digitales que utilizamos para navegar en la web, pero también sobre la información que se sube diariamente a plataformas digitales: la soberanía digital.
Medios de comunicación en todo el mundo, especialmente periodísticos, han levantado demandas y alertas contra el gigante dominante en las búsquedas, Google, por abuso de posición dominante en publicidad digital. Esto es, denunciar que el buscador posiciona a sitios y páginas web de noticias como resultados de búsqueda, sin pagar o retribuir a estos medios de comunicación, mientras se beneficia de la publicidad que controla.
La misma alerta se levanta contra el puñado de gigantes tecnológicas que controla la IA generativa que se utiliza diariamente. Porque no están sujetas a regulaciones o exigencias de transparencia algorítmica, y tampoco están retribuyendo a las fuentes referenciales, con las que entrenan a los modelos de lenguaje.
Comprender estas discusiones y debates son parte fundamental de una mirada más crítica que necesitamos potenciar en el país, para hablar de políticas públicas digitales en tiempos de IA.