jueves 17 de septiembre de 2026
Opinión

¿Por qué no se va?

Salir de una relación violenta puede ser una decisión. Pero que esa decisión sea realmente posible requiere mucho más que voluntad.

17 de septiembre de 2026 - 16:45

Cuando hablamos de violencia de pareja, todavía aparece una pregunta que parece sencilla, pero que dice mucho de cómo entendemos el problema: ¿por qué no se va?

La pregunta parece apuntar a la mujer, a su capacidad para tomar una decisión y poner término a la relación. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a mirar qué hay detrás de ese momento. Salir de una relación violenta no significa solamente cerrar una puerta. Puede significar perder una vivienda, reorganizar los cuidados, asegurar ingresos, cambiar las rutinas de los hijos y enfrentar un escenario de incertidumbre que muchas veces no tiene una respuesta clara.

Por eso, la violencia económica no consiste únicamente en no tener dinero. También puede existir cuando una mujer trabaja y recibe un sueldo, pero no tiene control efectivo sobre los recursos, cuando depende de la vivienda proporcionada por su pareja o cuando sabe que una separación puede poner en riesgo la estabilidad económica de sus hijos. El problema no es solamente cuánto dinero entra a una casa, sino cuánto margen de decisión conserva una mujer sobre su propia vida.

Cuando hay hijos, la dificultad aumenta. Una separación obliga a reorganizar mucho más que una relación de pareja. Hay que resolver quién cuida, quién traslada, quién responde frente a una enfermedad, quién puede faltar al trabajo cuando un hijo lo necesita y cómo se mantienen las rutinas. Muchas veces, esas tareas siguen recayendo principalmente en la mujer, incluso después de terminada la relación.

Ahí aparece una dimensión de la violencia que suele quedar fuera de la conversación. El miedo no siempre está relacionado con lo que ocurrirá al momento de separarse, sino con lo que puede pasar después. Dónde va a vivir, cómo sostendrá a sus hijos, quién los cuidará mientras trabaja, si se cumplirán los acuerdos, qué ocurrirá si el padre no responde o qué hará si la violencia continúa.

En los casos en que existen hijos, además, la separación no siempre significa dejar atrás al agresor. La relación de pareja termina, pero permanecen obligaciones y decisiones respecto de los hijos. Alimentos, cuidado personal y relación directa y regular pueden mantener un vínculo durante años. Por eso, una mujer puede dejar de convivir con quien la violentó y, al mismo tiempo, verse obligada a seguir relacionándose con él.

Frente a esas preguntas, decirle a una mujer simplemente que se vaya resulta insuficiente. No porque terminar una relación violenta no sea necesario, sino porque una decisión puede ser correcta y, al mismo tiempo, extremadamente difícil de sostener cuando no existen las condiciones para hacerlo.

La autonomía tampoco aparece automáticamente por el hecho de tener un trabajo o recibir un ingreso. Requiere condiciones concretas. Una vivienda segura, ingresos suficientes, redes de apoyo, acceso a cuidados y respuestas institucionales capaces de protegerla a ella y a sus hijos.

Esto obliga también a mirar de otra manera la violencia económica. No se trata solamente de privar a una mujer de dinero. Puede consistir en reducir su capacidad de decidir sobre la vivienda, los recursos, los tiempos y las condiciones en que organiza su vida. El control económico puede convertirse así en una barrera para terminar una relación y, posteriormente, en una herramienta para mantener el conflicto.

Nada de esto disminuye la responsabilidad de quien ejerce violencia. Al contrario, permite entender mejor por qué el problema no termina necesariamente cuando una mujer decide separarse. En presencia de hijos, la violencia puede prolongarse a través de los conflictos económicos, los cuidados o la necesidad de mantener un vínculo con quien la ejerció.

Quizás deberíamos dejar de preguntar solamente por qué una mujer no se va y comenzar a preguntarnos qué necesita para poder hacerlo. Porque salir de una relación violenta puede ser una decisión. Pero que esa decisión sea realmente posible requiere mucho más que voluntad.

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Imagen referencial: jóvenes caminando / Crédito: Agencia Uno

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