miércoles 23 de septiembre de 2026
Opinión

¿Más horas sentados para mejorar PISA?

Si queremos comenzar a revertir una tendencia de diez años, quizás también debamos revisar una idea profundamente arraigada en la sociedad y en algunas escuelas: que para aprender más nuestros estudiantes necesitan pasar más tiempo sentados.

23 de septiembre de 2026 - 05:00

Los resultados de PISA 2025 vuelven a mostrar las dificultades que enfrentan nuestros estudiantes, pero sería un error leerlos como un problema coyuntural. En una década, entre 2015 y 2025, la proporción de estudiantes chilenos que no alcanza las competencias básicas aumentó en 10 puntos porcentuales tanto en matemática como en lectura.

En 2025, solo el 41% alcanza al menos el nivel básico en matemática, mientras que en lectura lo consigue un 62%. Estamos, por tanto, ante una tendencia que obliga a mirar más allá de una prueba y preguntarnos por la experiencia educativa que estamos ofreciendo.

La reacción más inmediata podría parecer evidente: más tiempo sentado y más tareas de escritorio para reforzar aprendizajes. Sin embargo, esa respuesta puede estar mirando solo una parte del problema.

Una escuela que quiere mejorar sus aprendizajes también necesita preguntarse por las condiciones que permiten aprender. Entre ellas está el desarrollo de una vida activa.

No hablamos simplemente de “hacer ejercicio”. Construir una vida activa supone que niños, niñas y adolescentes desarrollen motivación, autonomía y experiencias que les permitan incorporar deportes, danzas, juegos, desplazamiento activo y otras prácticas corporales como parte de su vida cotidiana.

Su aporte trasciende la salud física. Deportes y danzas plantean desafíos de atención, anticipación, toma de decisiones, coordinación y adaptación. Estas experiencias pueden contribuir al desarrollo de funciones ejecutivas como la memoria de trabajo, el control inhibitorio y la flexibilidad cognitiva, fundamentales para enfrentar tareas complejas de aprendizaje.

Hay otra dimensión igualmente relevante: la pertenencia. En PISA 2025, un 76,8% de los estudiantes chilenos declara sentirse parte de su escuela. Sin embargo, solo un 74,1% señala que hace amigos con facilidad y un 77,5% siente que le agrada a sus compañeros, cifras inferiores a los promedios OCDE en estas dos últimas dimensiones. Deportes, danzas y actividades colectivas pueden ofrecer espacios para participar, cooperar, reconocerse y construir comunidad.

Por eso, frente a una década de resultados preocupantes, sería contradictorio responder construyendo una escuela todavía más sedentaria. No se trata de quitar tiempo al aprendizaje para desarrollar una vida activa. Se trata de reconocer que aprender, pertenecer y vivir activamente forman parte del mismo desafío educativo.

Si queremos comenzar a revertir una tendencia de diez años, quizás también debamos revisar una idea profundamente arraigada en la sociedad y en algunas escuelas: que para aprender más nuestros estudiantes necesitan pasar más tiempo sentados.

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