lunes 27 de abril de 2026

La restauración conservadora y soberbia del Pinochetismo (Parte II)

Lo que estamos viendo es el programa real de gobierno, disfrazado de reconstrucción. Su máxima ideológica es reducir al mínimo el tamaño del Estado y dejar que el mercado funcione sin restricciones, la receta neoliberal de Jaime Guzmán.

27 de abril de 2026 - 05:00

La restauración conservadora de José Antonio Kast se expresa en tres dimensiones: ambiental, derechos humanos y economía. Representan lo fundamental de su programa, “ordenar” este desobediente país al modo de la oligarquía, toda otra artimaña electoral era eso, artimaña, ahora viene la parte sería.

La dimensión ambiental

Lo que veremos en estos cuatro años será un afán por desregularizar todo lo posible, deshacer lo avanzado en resguardos de la naturaleza. La ultraderecha niega el cambio climático, lo considera una patraña. Por eso se han retirado más de 90 decretos en curso desde Contraloría, de los cuales 43 corresponden a regulaciones medioambientales: congelamiento de normas para controlar emisiones industriales, en especial del sector energético.

Nuevas normas de emisión para centrales termoeléctricas que buscaban subir los estándares para un sector muy cuestionado por su impacto ambiental. Otros, sobre normas de calidad del aire que respiramos. Reglas sobre límites de elementos contaminantes en aguas.

Reglamento de emisiones para fortalecer herramientas de fiscalización. Reglamentos de la Ley Marco de Cambio Climático, de la evaluación ambiental, de certificación de gases de efecto invernadero. Estos son ejemplos de la magnitud de la cruzada conservadora en contra de la regulación ambiental. De modo que, nada de quejarse porque el aire se torne irrespirable, o las aguas de ríos y lagos estén contaminadas.

La dimensión derechos humanos

En materia de derechos humanos partimos con que al ministro de Justicia y Derechos Humanos, abogado de Pinochet y admirador de la dictadura civil militar, estos derechos lo tienen sin cuidado. Al contrario, el ministro en su momento redactará los decretos de indultos para los presidiarios de Punta Peuco, y ahora sabemos que también los condenados por graves violaciones de estos derechos durante el estallido social.

En esta materia se ha retirado el decreto que da forma al Plan Nacional de Derechos Humanos. Se anunció que se reversará la futura expropiación de terrenos de Colonia Dignidad (en donde hay acuerdos con el gobierno alemán para su implementación). Se ha desmontado el Programa Nacional de Búsqueda de Desaparecidos, desvinculando a los tres principales funcionarios a cargo. Cuesta imaginar a un ministro defensor de Pinochet, buscando cuerpos de desaparecidos, o inaugurando un Sitio de Memoria en Colonia Dignidad, que fue un centro de tortura y muertes.

Su sola nominación como ministro únicamente puede entenderse como un acto soberbio y de provocación a los fallecidos, los torturados, los perseguidos y sus familiares y a la mayoría de los chilenos que repudian esas brutalidades. Es mofarse de lo avanzado desde la recuperación democrática, son acciones muy mezquinas, provocaciones que polarizan el país. Lo mismo puede decirse de un ministro de Defensa, también abogado de Pinochet, a cargo de las Fuerzas Armadas.

Y no solo eso, tenemos ahora subsecretarios que son ex uniformados, también otros altos cargos del aparato del Estado ex uniformados y parlamentarios ex uniformados, todos de un mismo sector político. No vaya a creer Ud., que hay algún socialista o demócrata cristiano. Es la oligarquía cooptando a los cuerpos armados, el mensaje político es “ustedes son nuestros” y para Chile “ellos son nuestros”. Chile tiene heridas que no han cerrado y que la ultraderecha no ve.

La dimensión económica

Aquí está el plato principal, denominado Plan de Reconstrucción Nacional. Esta reconstrucción es física, económica, institucional, fiscal y de seguridad. Todo requiere ser reconstruido en el país, aun cuando no sabemos dónde fue el terremoto. Nos cuentan ahora de un país quebrado que requiere partir de cero. Parece emular el plan de reconstrucción nacional de la dictadura después del golpe, el nombre no es casualidad y tiene también el color de la provocación.

Sabemos que “Chile se cae a pedazos” tenía el objetivo de convencer votantes desprevenidos. Ahora el título de la canción es “El país quebrado”, autor y música la ultraderecha pinochetista, baile y coros la derechita cobarde. Pero los países no quiebran, caen en cesación de pagos cuando no pueden pagar los intereses de la deuda. Chile tiene la deuda externa más baja de América Latina y bajo el promedio OCDE de 80 % del PIB.

Estamos muy lejos. De manera que declararse quebrado por el propio gobierno es irresponsable frente a los organismos internacionales, los inversionistas y más feo aún, el pueblo de Chile. El gobierno pretende gobernar como si estuviera en la reciente campaña, con anuncios tipo fuegos artificiales, titulares impactantes, mensajes a la galería, medias verdades, anuncios de auditorías que suenan como amenazas. Tal estrategia no sirve para gobernar, porque se gobierna necesariamente sobre el país real, no el inventado.

Lo que sí estamos viendo es el programa real de gobierno, disfrazado de reconstrucción. Su máxima ideológica es reducir al mínimo el tamaño del Estado y dejar que el mercado funcione sin restricciones, la receta neoliberal de Jaime Guzmán. El contenido principal de este plan es de carácter económico:

Reducción de la tasa de impuesto corporativa del 27 al 23 % (costo para el fisco US$1.800 millones en régimen), que aplica al gran empresariado, empresas con ventas anuales sobre 75.000 UF. Reintegración del sistema tributario, que disminuye los impuestos del propietario de grandes empresas (costo para el fisco US$ 800 millones). Eliminación del impuesto a las ganancias de capital, se refiere a la mayor ganancia en la transacción de acciones, es uno de los impuestos que financia la PGU.

En resumen, una reforma tributaria regresiva envuelta en papel celofán, nunca antes presentada en democracia, con rebajas de impuesto que favorecen al 1% más rico de los contribuyentes, unas 150.000 personas. Una suerte de mundo al revés. Por eso el gran empresariado, en estado de euforia con “su gobierno” solicitó un engañito más, la eliminación de los feriados irrenunciables.

Desde luego este verdadero “plan de devolución nacional ” para un sector super millonario, es impresentable junto a la brutal alza de la bencina dispuesta por el gobierno, la más grande de la historia y que afectará a millones de chilenos teniendo otras alternativas, en vez de obligar a las familias a financiar estas rebajas de impuestos (aplicación parcial del alza, aplicación gradual, eliminar exenciones tributarias, utilizar parte de los fondos soberanos, considerar el actual mayor precio del cobre, rebajar temporalmente el impuesto a los combustibles, etc.).

No hay otro gobierno en el mundo que haya actuado con tal insensibilidad frente a la crisis del petróleo, traspasando el costo íntegro a sus ciudadanos. Por eso hemos sido bombardeados con el jingle del “país quebrado”, para convencernos que no había otra posibilidad. La verdad la expresó la presidenta del Banco Central en reciente entrevista: “Es una decisión política”, y tiene razón, consiste en que las familias financien la rebaja impositiva de los millonarios.

Estamos frente a una restauración conservadora del pinochetismo, con soberbia incluida.

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