La decisión de EE.UU. de imponer aranceles del 12.5% a exportaciones del Reino Unido, Union Europea, Canada, India y de 15 países de Latinoamérica, no excluyó a Chile. Al menos no para las exportaciones del salmón y productos agrícolas.
Una decisión tomada después de investigaciones iniciadas en mayo en el país del norte, y concluídas en una reunión reciente en la que participó el gobierno, empresas, gremios y organizaciones no gubernamentales (ONG's). Estas presentaron algunos antecedentes sobre trabajo forzoso que no fueron aparentemente cuestionadas o refutadas por los representantes de empresas como Salmón Chile en sus intervenciones posteriores.
Extraña entonces que los dirigentes de Ecoceanos y Fundación Libera hayan sido criticados por no hacer estas denuncias en el interior del país y “frente a frente”, cuando lo hicieron en una reunión oficial de asuntos económicos bilaterales entre EEUU y Chile. ¿Qué más público y oficial?.
Más aun, el representante de Ecoceanos, Dr. Juan Carlos Cardenas, ha venido destacando por años públicamente por ejemplo la mortalidad récord de buzos y gente de mar relacionados con la acuicultura chilena y ha tenido una larga historia de defensa de la vida, de las ballenas, de la conservación y protección del patrimonio marítimo y de los trabajadores del mar.
Que más encomiable y valiente que en la búsqueda de mejorar o acabar con las imperfecciones, las externalidades, las zonas de sacrificio y los impactos en el ecosistema de la samonicultura, se identifiquen los vacíos, deficiencias e incoherencias del sistema productivo y exportador.
Por eso ha sido un alivio la declaración de la Subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Paula Estevez, quien señaló que “la Fundación Libera (que además representó a Ecoceanos) tiene todo el derecho de comunicar y de participar en la consulta pública en EEUU”, y que “ellos son una fundación y tienen libre expresión al respecto”.
Más aun, Mauro Gonzalez, parlamentario de RN indica que estas denuncias se orientan a “fortalecer la fiscalización interna y perfeccionar nuestra legislación laboral”. Que contraste con la campaña de violencia desatada de otros parlamentarios y representantes de empresas que acusaron a estos profesionales de antipatriotas, de deslealtad e intensión encubierta de mentir.
No puedo menos que solidarizar con estos defensores de la naturaleza y de los trabajadores que, durante gobiernos de izquierda y derecha, anunciaron sus puntos de vista, y que por esta campaña insensata pudieran ser hoy víctimas de amenazas de muerte y eventualmente de violencia y ajusticiamiento popular.
Podría esperar que todos quienes hemos defendido (más modestamente) el patrimonio marítimo a través de escritos, reuniones y muchas otras gestiones, pudieran también expresar su derecho a pensar, diferir y compartir su conocimiento en busca de una mayor protección del patrimonio del mar, el cual se relaciona con “patria”, “patriotismo”, con “legado de nuestro padres” y en una vision más universal con la “casa común”, regalo del Padre Dios para nuestro cuidado.
Y finalmente, en vez de condenar a quienes difieren, sería muy oportuno reflexionar sobre las imperfecciones actuales de la salmonicultura, como por ejemplo que por décadas ha funcionado sin una estimación de la capacidad de carga (o punto de equilibrio entre producción y resiliencia ambiental), sin una estimación integral del impacto ambiental, y sin fiscalización y penalización disuasivas de los impactos ambientales.