miércoles 10 de junio de 2026

Del dato a la decisión: El desafío climático de América Latina y el Caribe

La pregunta ya no es si podemos identificar las emisiones. La tecnología ya lo está haciendo. La verdadera pregunta es si seremos capaces de transformar esa información en políticas, innovación y soluciones concretas

10 de junio de 2026 - 11:45

Mientras gran parte del debate climático sigue concentrado en combustibles fósiles, transporte o energía, los satélites están revelando otro problema que América Latina y el Caribe continúa subestimando: las emisiones de metano provenientes de vertederos, rellenos sanitarios y sistemas de gestión de residuos.

Los datos son difíciles de ignorar. Durante 2025, sistemas internacionales de monitoreo identificaron que varios de los principales focos de emisión de metano detectados a nivel mundial se encuentran en América Latina. Entre ellos aparecen sitios ubicados en Argentina, Brasil, México y también en Chile, particularmente en zonas como Tiltil, Talagante y Penco.

No se trata únicamente de una cifra técnica. El metano es uno de los gases de efecto invernadero más potentes del planeta y tiene una capacidad de calentamiento significativamente superior al dióxido de carbono en el corto plazo. Reducir sus emisiones es una de las formas más rápidas y efectivas de generar impactos positivos sobre el clima.

Lo preocupante es que muchas de estas emisiones provienen de sistemas formalmente regulados. Esto obliga a preguntarnos si el problema radica únicamente en la tecnología disponible o si refleja una forma históricamente insuficiente de abordar la gestión de residuos en nuestras ciudades.

Durante décadas, gran parte de la región trató la basura como algo que debía desaparecer de la vista. Los residuos se trasladaban lejos de los centros urbanos y con ello parecía resolverse el problema. Sin embargo, el cambio climático está demostrando exactamente lo contrario: los residuos no desaparecen. Se transforman en emisiones, contaminación y riesgos ambientales que terminan afectando a los territorios y a las comunidades.

La diferencia es que hoy contamos con herramientas capaces de mostrar esa realidad con una precisión inédita. Gracias al monitoreo satelital, el análisis geoespacial y el uso de inteligencia artificial, es posible identificar emisiones, localizar puntos críticos y mejorar significativamente el seguimiento de fenómenos que hasta hace pocos años permanecían invisibles.

Y eso cambia la conversación.

El desafío ya no es solamente generar más información. El desafío es transformar esa información en decisiones. Porque la evidencia, por sí sola, no reduce emisiones. Lo que genera cambios es la capacidad de utilizarla para mejorar políticas públicas, fortalecer la gestión ambiental y acelerar respuestas oportunas.

En este contexto, la innovación se vuelve una herramienta fundamental para la acción climática. Hoy contamos con tecnologías que permiten observar fenómenos ambientales con una precisión impensada hace apenas algunos años. El monitoreo satelital, el análisis geoespacial y la inteligencia artificial están transformando nuestra capacidad para identificar riesgos, comprender patrones de emisión y generar información útil para la toma de decisiones.

Con esa convicción, desde FLACSO Chile hemos impulsado una línea de trabajo que busca conectar ciencia, tecnología y políticas públicas, desarrollando herramientas y capacidades que contribuyan a enfrentar los desafíos climáticos de América Latina y el Caribe. A través del Programa de Investigación Cambio Climático e Innovación, promovemos la generación de conocimiento aplicado y soluciones basadas en evidencia que permitan anticipar riesgos, monitorear impactos y fortalecer la acción climática en la región.

Porque enfrentar la crisis climática no depende únicamente de comprender mejor los problemas, sino también de desarrollar capacidades para actuar sobre ellos.

La paradoja es evidente. Mientras América Latina y el Caribe avanzan en compromisos climáticos cada vez más ambiciosos, continúan dependiendo de modelos de gestión de residuos que generan emisiones significativas y desaprovechan oportunidades para capturar y valorizar gases como el metano. Contamos con más información, más tecnología y mejores herramientas que nunca. El desafío es convertir ese conocimiento en decisiones capaces de acelerar la transición hacia sistemas más sostenibles.

Sin embargo, también estamos frente a una oportunidad inédita. Nunca habíamos contado con tanta capacidad para observar lo que ocurre en nuestros territorios. Satélites, inteligencia artificial, sensores remotos y análisis de datos están transformando la forma en que entendemos los problemas ambientales y las posibilidades de respuesta.

La pregunta ya no es si podemos identificar las emisiones. La tecnología ya lo está haciendo. La verdadera pregunta es si seremos capaces de transformar esa información en políticas, innovación y soluciones concretas.

Porque los satélites están mostrando algo que América Latina ya no puede seguir ignorando: los residuos son también un problema climático. Y cuanto antes lo asumamos, mayores serán las oportunidades para convertir un pasivo ambiental en una herramienta de desarrollo sostenible para la región.

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