Entre los países más sísmicos y con más volcanes activos en el mundo, Chile es altamente susceptible a sufrir emergencias que generen desastres en su territorio. Sin embargo, investigadores detectaron una grave brecha en el país a la hora de prevenir los riesgos de desastres.
Según los datos recopilados por investigadores del Programa de Riesgo Sísmico de la Universidad de Chile, el país se prepara más para responder ante emergencias y desastres, que para prevenir los daños antes de que ocurran las emergencias.
Hay 132 comunas del país que no tienen ningún plan vigente para prevenir emergencias, mientras que solo 28 carecen de planes para responder a estos eventos. La prevención contempla instrumentos como mapas de riesgo, planes de evacuación, cortafuegos y otras medidas para adelantarse y reducir los daños.
Los investigadores alertan por esta brecha entre prevención y respuesta a emergencias, agregando además que hay 25 comunas que no tienen planes ni para prevenir ni para responder. Las regiones de Los Lagos y Valparaíso son las que tienen más comunas sin ninguno de los dos planes.
Personas expuestas a desastres
La falta de estos instrumentos no es solo un problema administrativo, sino que deja sin protección a personas que viven en estas comunas, y que tendrán más dificultades para evacuar, para anticiparse a daños que puedan sufrir sus viviendas, o para reducir las pérdidas.
“El desafío no es solo exigir planes a los municipios, sino asegurar apoyo técnico, financiamiento y coordinación estatal para que todas las comunas, especialmente las de menor capacidad institucional, puedan planificar antes de que ocurra el desastre”, sostiene Julián Cortés Oggero, profesor experto en riesgos de desastres.
A nivel regional, las mayores coberturas conjuntas —es decir, comunas que cuentan con ambos planes— se observan en las regiones de Magallanes, Araucanía, Maule, Metropolitana y Los Ríos. En contraste, las coberturas más bajas se presentan en Arica y Parinacota, Atacama, Los Lagos, Coquimbo, Tarapacá, Aysén y Antofagasta.
El análisis de los investigadores muestra un avance importante en planificación para responder a una emergencia que ya ocurrió, pero una deuda aún significativa en planificar para reducir el riesgo.
“Esta diferencia es relevante, porque la reducción de riesgo requiere no solo contar con procedimientos de respuesta, sino también con diagnósticos territoriales, coordinación interinstitucional, medidas de prevención, inversión pública, continuidad administrativa y participación local”, concluye Cortés.