viernes 06 de noviembre de 2026
Opinión

Cuando la derecha no acepta perder: Lula y los desafíos de la democracia

Al parecer, la estrategia del bolsonarismo no es impugnar institucionalmente el proceso, sino que generar las condiciones para no reconocer el triunfo de Lula y generar una oposición más allá de los canales institucionales.

6 de noviembre de 2026 - 11:45

La democracia es un régimen político, que incluye un conjunto de instituciones, procedimientos y reglas que regulan el acceso al poder y establecen límites para su ejercicio. La existencia de un sistema de partidos plural y competitivo, la celebración de elecciones abiertas y transparentes; la alternancia en el poder, la separación de poderes, el respeto al estado derecho y la protección a los derechos fundamentales constituyen algunas de las principales garantías institucionales de un sistema democrático.

Sin embargo, la democracia no se agota en sus instituciones ni puede reducirse al cumplimiento de determinadas reglas electorales, también es un valor social, una forma de convivencia que se educa, transmite y se construye colectivamente. Supone reconocer al otro como un legítimo adversario, aceptar la diferencia, y fundamentalmente la convicción de que el poder se puede ganar o perder mediante mecanismos democráticos, y no a través de la imposición, la violencia o la deslegitimación de las instituciones.

La victoria de Luis Ignacio Lula da Silva en las elecciones presidenciales, el pasado domingo 25 de octubre, vuelve a poner en el centro del debate una pregunta fundamental para las democracias contemporáneas: ¿Qué ocurre cuando quienes participan de una elección no están dispuestos a reconocer la legitimidad de sus resultados?

En la última década, el asalto al Capitolio, promovido por un grupo de ciudadanos que no reconocían el triunfo electoral de Joe Biden sobre Trump, en enero del 2021, para detener la sesión del Congreso que certificaba la victoria del 2020; así como también el asalto a la plaza de los tres poderes, el 8 de enero del 2023, cuando Jair Bolsonaro, no reconoce la victoria electoral de Lula el 2022 y promueve un golpe ciudadano, ponen en el centro del debate la calidad de la democracia, cuando no se reconocen sus procedimientos institucionales.

La elección del líder de la izquierda no solo es importante porque frenó el avance de la ultraderecha en el continente, dejando un espacio abierto para la reconfiguración del mapa político de América Latina, sobre todo frente a los afanes imperialista de Estados Unidos y la doctrina Monroe. Sino también por que dejó, y según las propias declaraciones del candidato perdedor, Flavio Bolsonaro, muchas dudas sobre si realmente existen credenciales democráticas en un sector que ha ganado mucho espacio en los sistemas políticos actuales.

Por cierto, que en una elección saber ganar es importante, pero saber perder resulta decisivo, y una democracia es más sólida en la medida que el bando perdedor asume la derrota y se posiciona políticamente como oposición, considerando la posibilidad de una nueva aventura electoral que los puede colocar en el poder, nada de eso ocurrió al final de las elecciones en Brasil.

Luego de que el Tribunal Superior Electoral brasileño confirmara el triunfo del actual mandatario, el candidato ultraderechista apareció en televisión, no solo no reconociendo la derrota, sino también impugnando institucionalmente la elección, aunque no dijo la palabra “fraude”, sus declaraciones apuntan directamente hacia ello.

Flavio Bolsonaro, en una clara estrategia política, decide impugnar las elecciones, solicitando que la institucionalidad se pronuncie. Sabe perfectamente que es un camino que no conduce a sus aspiraciones, y lo que busca no es precisamente discutir los alcances legales de la elección, sino más bien deslegitimar la misma y con ello abiertamente posicionarse en un espacio antidemocrático y autoritario. ¿Puede el Fascismo creer en la democracia y utilizarla como herramienta de acceso al poder?, solo cuando esta le sirve, de lo contrario, no dudará en establecer un ánimo antidemocrático y autoritario que se traduzca en oposición al gobierno del presidente.

Al parecer, la estrategia del bolsonarismo no es impugnar institucionalmente el proceso, sino que generar las condiciones para no reconocer el triunfo de Lula y generar una oposición más allá de los canales institucionales. En América Latina la democracia ha sido históricamente frágil, especialmente cuando grupos de poder utilizan espacios para deslegitimarla y generar condiciones para acabar con gobiernos legítimamente constituidos.

Sin duda el próximo gobierno de Lula será complejo, no solo deberá lidiar con una oposición mayoritaria en el congreso, sino también con el posicionamiento de un sector ultra radicalizado, de corte fascista, que no cree en la democracia como forma de vida y que estuvo muy cerca de llegar al poder en Brasil.

Notas Relacionadas
Lo más leído
Imagen editada del Presidente Kast y Rodrigo Orellana / Crédito: El Desconcierto

Las más leídas

Últimas noticias