Del fanatismo callejero al silencio parlamentario: Soto, Durán, Romero, Concha y Muñoz
La fe, en su dimensión más profunda, debería abrir caminos de encuentro y dignidad. Pero cuando quienes dicen representarla se aferran al fanatismo o guardan silencio frente a él, se produce un doble daño: a la vida democrática, que necesita voces espirituales que construyan y no dividan, y a los propios creyentes, que ven cómo el mensaje que los sostiene se convierte en un arma arrojadiza.
Por
Wido Contreras Yévenes