Súmate a nuestro canal en: WhatsApp
Anime, “therians” y culpables
Foto: Pinterest / @calitherian

Anime, “therians” y culpables

Por: Heber Leal | 18.02.2026
Incluso quienes desconfiaron del arte sabían que la tentación no equivale al acto, que la ficción no es mandato y que la responsabilidad última sigue siendo humana. Convertir una estética en causa moral es una simplificación que ni la tradición más severa sostuvo sin matices.

Cada vez que ocurre algo que incomoda a la sociedad, algo que no sabemos explicar del todo o que preferimos no mirar de frente, se repite el mismo gesto antiguo y perezoso: buscar un culpable visible. Algo joven, algo distinto, algo fácil de señalar. Hoy, con demasiada frecuencia, ese algo se llama anime.

Si aparece una identidad que desconcierta, anime; si hay violencia juvenil, anime; si un grupo se organiza para hacer daño, anime. La lógica es simple, tranquilizadora y, sobre todo, falsa.

[Te puede interesar] Persecutor de ProCultura renuncia al Ministerio Público por supuesto hostigamiento de fiscal regional Juan Castro Bekios

Que dos cosas coincidan en el mismo espacio cultural no significa que una cause a la otra. Ver anime no fabrica identidades ni produce asesinos; nadie sale de una serie convertido en otra cosa por contagio estético. La vida no funciona así, aunque en internet nos empeñemos en reducirla a explicaciones instantáneas.

Se habla del fenómeno therian como si hubiera nacido en TikTok o en un opening japonés, cuando la relación simbólica entre lo humano y lo animal es tan antigua como la cultura misma: está en los mitos, en los dioses con rasgos de bestia, en los relatos fundacionales de pueblos enteros. El anime no inventó esa pregunta; simplemente la volvió visible en un lenguaje contemporáneo.

El problema empieza cuando dejamos que redes sociales y foros como Reddit piensen por nosotros. Allí todo se simplifica: un dato aislado se convierte en prueba, una coincidencia en causa, una intuición en sentencia moral. Se comparte, se comenta, se indigna y se pasa a otra cosa; pensar más allá ya no entra en el formato.

Hace poco en nuestro país, Chile, un crimen brutal perpetrado por jóvenes en una fiesta de año nuevo ofreció el combustible perfecto para este tipo de lectura superficial: los agresores se organizaban en un grupo de mensajería cuyo nombre hacía referencia a una serie o a un anime. Para muchos, con eso bastó. El caso quedó “explicado”, como si ponerle nombre a algo fuera lo mismo que darle origen, como si la violencia necesitara referencias culturales para existir.

[Te puede interesar] Mariana Camejo, directora de La Joven Cuba: "El proyecto de país que tenemos no da un horizonte de realización a los cubanos"

Pero no. La violencia no nace de una estética; nace del vacío, del grupo que se deshumaniza, de la normalización del daño, de la falta de límites y de responsabilidad. Pensar eso exige más esfuerzo que culpar a una serie, así que se evita.

El anime no es una ideología ni un manual de conducta; es un lenguaje narrativo, contradictorio, excesivo a veces, profundo otras, exactamente como el mundo que lo produce y como quienes lo consumen. Convertirlo en chivo expiatorio es una forma cómoda de no asumir lo que de verdad incomoda.

Se dirá, con una larga tradición filosófica detrás, que el arte forma el alma, que las estéticas educan el carácter y que no hay imágenes inocentes. Es verdad. Pero formar no es programar, influir no es determinar. Incluso quienes desconfiaron del arte sabían que la tentación no equivale al acto, que la ficción no es mandato y que la responsabilidad última sigue siendo humana. Convertir una estética en causa moral es una simplificación que ni la tradición más severa sostuvo sin matices.

Quizá el problema no sea lo que miran los jóvenes, sino que nadie quiera tomarse en serio lo que sienten; quizá no necesitemos menos historias, sino más pensamiento crítico, menos pánico moral y más voluntad de comprender.

No confundamos el opening con el argumento, ni el estilo con la causa. El anime no escribe la realidad; apenas la refleja. Lo demás lo hacemos nosotros.

[Te puede interesar] La tragedia de habitar un planeta dañado