Una crisis que, vista desde La Habana por Mariana Camejo (34), directora del medio independiente La Joven Cuba, tiene dos responsables: la asfixia deliberada que ejerce Washington sobre la población cubana —"perseguir asfixiar a la población para impulsar un cambio político es profundamente inhumano", asegura a El Desconcierto vía mensajería instantánea, y una estrategia que, además, no conlleva "ningún avance en el sentido del desarrollo democrático"— y un gobierno que lleva años postergando reformas que sus propios economistas reclaman. "El proyecto de país que tenemos no da un horizonte de realización ni un proyecto de vida alcanzable" a los cubanos, agrega.
El impacto de la orden ejecutiva de Trump —que busca sancionar a los países que envíen combustible a Cuba— se sintió de un día para el otro. La isla ya arrastraba una escasez seria y una policrisis palpable en todos los ámbitos de la vida, desde apagones de más de 20 horas, inflación que ha encarecido en grado sumo el costo de la alimentación, servicios básicos deterioradísmos como salud y abastecimiento de agua. La orden ejecutiva vino a catapultar la paralización del país y la total precarización de la vida.
El transporte público está prácticamente paralizado. La mayoría de los centros de trabajo bajaron a operar dos o tres días a la semana. En ese contexto, llegar a un hospital para consultas o tratamientos se ha imposibilitado aún más. Si un taxi directo a un hospital, que antes de la orden ejecutiva costaba 6.000 pesos —que ya era alto—, ahora se ha duplicado. Hay que tener en cuenta que el salario mínimo en Cuba es de 2.100 pesos y hay pensiones mínimas de poco más de 1.500.
En la capital ya se ve a personas y familias caminando tramos entre paradas de ómnibus, los vendedores de frutas y verduras no saben si en dos semanas seguirán operando, y el saco de carbón para cocinar durante los apagones también subió de precio.
Por todo esto, el punto actual de Cuba es un momento de crisis inédita en el período post-1959, profundamente agudizada por la orden ejecutiva de Trump, que tiene el objetivo de paralizar definitivamente el país y provocar un estallido social que produzca la caída del gobierno mediante la asfixia económica. Si bien el gobierno cubano no ha impulsado reformas que quizás hubieran atenuado el momento actual, sin duda la orden ejecutiva ha empeorado muchísimo la situación de crisis que ya existía y asegura, para la mayoría de las familias, una mayor precarización de sus condiciones de vida.
Las reformas pendientes
-¿Cuáles son los desafíos propios de Cuba, más allá del entramado internacional? ¿Hacia dónde se puede avanzar?
Ese es un punto neurálgico. Cuba necesita dejar de funcionar con un modelo económico obsoleto y agotado para salir de la crisis. Los especialistas coinciden en eso, ahí están los economistas cubanos, de las propias instituciones nacionales que llevan años diciéndolo. En La Joven Cuba hemos publicado mucho al respecto y hemos entrevistado economistas que consideran que Cuba tiene que hacer esas reformas ya.
Cada vez hay un margen más estrecho para esas reformas, pero no queda otra de cara a la ciudadanía, que merece bienestar y que no recibe bien las convocatorias a resistir ni las apologías de la resistencia.
Las personas están cansadas. El país tiene cifras récord de emigración —sobre todo joven—, lo que genera un envejecimiento poblacional importante y son esas personas la que hoy reciben el efecto más duro de la orden ejecutiva de Trump.
Esa reforma económica debería ir acompañada de políticas sociales que protejan a los más vulnerables durante un eventual período de ajuste. Lo que sucede es que hoy vulnerable es prácticamente toda la población. Aun así, no es lo mismo un hogar de madre cuidadora, con varias personas a su cargo y sin familiares fuera que envíen remesas, que un hogar que sí las recibe.
Y una reforma económica es, en esencia, también política. Cuba debe apostar por reformas políticas; hay una crisis de participación popular que merece ser atendida, y los espacios de deliberación deben ser más y realmente fértiles. Hoy eso está profundamente deteriorado, cuando en la sociedad cubana existe un pluralismo de ideas y posturas políticas que los espacios formales no pueden seguir desconociendo.
Lo que no se ve desde fuera de la isla
- ¿Qué aspectos sobre Cuba suelen quedar fuera del debate internacional? ¿Qué miradas faltan?
Los análisis sobre Cuba suelen ser muy sesgados y dejan de lado matices que no se pueden ignorar. La mayoría de la población cubana quiere ver un cambio en el país, porque el proyecto que tenemos no da un horizonte de realización ni un proyecto de vida alcanzable a los cubanos. Y un país no puede construirse perennemente sobre la resistencia frente a la precarización.
Las cifras de emigración muestran sobre todo a una juventud que busca condiciones dignas de vida que no ha encontrado dentro de Cuba, y que encuentra más factible ser obrero migrante en otro país que profesional en el suyo. Esta realidad importa porque tiene un impacto en la configuración de aspiraciones, en el imaginario popular y, muy concretamente, en las formas en que las familias adaptan sus proyectos de vida.
Con todos los problemas que tiene Cuba, la apertura de la posibilidad de tener emprendimientos y negocios marcó una diferencia real en la vida de muchas personas. Impulsó a muchos cubanos a emprender como forma de ganarse la vida. Me refiero no solo a empresas con capital importante, sino a la cantidad de personas que mejoraron abriendo un negocio de barrio —de venta de confituras, por ejemplo—. Eso abrió un margen para que mucha gente con su propio esfuerzo saliera adelante.
Lamentablemente las políticas no lo acompañaron del todo, las exenciones de impuestos para impulsar esos pequeños negocios durante sus primeros años de operación se fueron eliminando gradualmente. No obstante, sigue siendo la salida que escogen cada año muchas personas para mejorar o aliviar su situación económica. La orden ejecutiva de Trump impacta esos pequeños negocios de los barrios cubanos con dificultades para trasladar mercancías, encarecimiento de productos y otros que dejan de estar disponibles.
Washington y el bloqueo
- ¿Cómo evalúas el rol de Estados Unidos en todo esto? ¿El bloqueo ha servido para presionar al gobierno hacia reformas?
Creer que la guerra económica de Estados Unidos a Cuba ha significado alguna mejora para los cubanos es falso. No ha supuesto una mejora nunca. Las políticas del país se han desarrollado con una mentalidad de plaza sitiada que ha marcado en gran medida las decisiones internas, siempre condicionadas por razones de seguridad del Estado.
Perseguir asfixiar a la población para impulsar un cambio político es profundamente inhumano, violatorio del derecho internacional y terrible en sus efectos concretos dentro de los hogares. Es un retroceso en los niveles de vida alcanzados. Y no impulsa ningún avance en el sentido del desarrollo democrático. ¿Qué puede esperarse en un país profundamente precarizado y casi paralizado? Aumento de la violencia, la criminalidad y la inseguridad.
Es difícil creer que con un gobierno como la administración Trump —que tiene agentes enmascarados en las calles y desprecia profundamente a los migrantes— haya mucho margen de negociación, pero el diálogo siempre será el camino. El hecho de que la agenda y la carrera de Marco Rubio se definan por si logra tumbar al gobierno cubano también lo hace más difícil.
Durante la apertura de Obama el clima en Cuba era de esperanza y futuro. La Habana estaba llena de turistas, los Rolling Stones tocaron en la ciudad. Hubo una revitalización que se sintió en la economía y en la vida de muchas personas. Esa política que Trump detuvo en su primer mandato no debió parar si de verdad se hubiera querido influir positivamente en la vida de los cubanos. Lamentablemente no fue así, pero el diálogo y la negociación siguen siendo el camino, y ese camino sigue estando disponible.
Periodismo desde adentro
- ¿Cómo es ser de izquierda y crítico del gobierno cubano? ¿Qué contradicciones aparecen?
Ser de izquierda y crítico con el gobierno cubano, como nosotros lo vemos, implica ser críticos con el gobierno que sea. Si mañana es otro, queremos hacer el mismo ejercicio periodístico, porque creemos que es importante para la ciudadanía. Lo estamos intentando desde valores que compartimos, valores de izquierda, de justicia social, de tener políticas que realmente impliquen mejoras palpables y concretas en la vida real de las personas, que es algo que Cuba necesita.
No creo que haya contradicción en ser de izquierda y crítico con este gobierno. Se trata de visibilizar realidades y poner en la esfera pública opiniones contrapuestas, algo que se ha perdido en los espacios oficiales cubanos. Huyendo permanentemente de la polarización y los extremismos, porque los matices de la realidad cubana a veces se pierden entre tanto ruido.
- ¿Cómo es dirigir un medio independiente en Cuba?
Dirigir un medio independiente en Cuba es un desafío, puesto que la prensa independiente no tiene marco jurídico que la reconozca y se opera sin garantías para el ejercicio periodístico. Pero igual se hace y se intenta sacar adelante.
En el caso de La Joven Cuba hemos logrado que muchos expertos confíen en nosotros para dar entrevistas. Nos interesa colocar en la esfera pública cubana opiniones responsables e informadas, de expertos dentro de su campo, vinculados a instituciones nacionales, con estudios actualizados sobre lo que está pasando en el país. A menudo los análisis sobre Cuba llegan desde afuera, y nosotros queremos aportar el valor de tener voces expertas hablando sobre la realidad desde adentro.