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Nuevo Latam-GPT: ¿Soberanía digital en riesgo?
Foto: Agencia Uno

Nuevo Latam-GPT: ¿Soberanía digital en riesgo?

Por: Jorge Olguín Olate | 16.02.2026
Latam-GPT no enfrenta solo un desafío tecnológico, sino que también enfrenta un test de supervivencia institucional. Entonces, ¿el modelo se transformará en infraestructura estratégica protegida por el Estado -más allá del gobierno de turno- o quedará como un hito inaugural que se apaga cuando la ciencia se vuelve un lujo y la soberanía digital, un discurso sin presupuesto?

Acaba de lanzarse en Chile Latam-GPT, un modelo de inteligencia artificial abierto concebido desde y para Latinoamérica, impulsado por el CENIA de Chile y una importante red de instituciones de la región.

En un escenario actual donde los extraordinarios avances de la IA se concentran entre Estados Unidos y China, con Europa algo más rezagada, es de suma importancia este hito geopolítico para América Latina.

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Una de las motivaciones principales del proyecto es justamente intentar corregir la actual brecha de los mayoritarios datos anglosajones o chinos, mediante el desarrollo y entrenamiento de un modelo IA que privilegie los datos locales, los cuales ayuden a disminuir los evidentes sesgos colonialistas de las actuales IAs.

Lo anterior es una de las mayores fortalezas de Latam-GPT, ya que al ser un modelo abierto se presenta como la infraestructura base para que Estados, universidades y privados construyan soluciones tecnológicas más acordes a la realidad, cultura e identidad latinoamericanas.

De cumplirse con ese objetivo central, las respuestas de Latam-GPT a sus usuarios tendrán una clara identidad local, moldeando los recuerdos y el conocimiento de acuerdo con quiénes somos y no como otros tradicional e históricamente han querido que seamos. 

Los datos técnicos del asistente son potentes. En su base arquitectónica como software, el asistente se construyó sobre el avanzado modelo Llama 3.1 de Meta. En tamaño del modelo, hablamos de 70 mil millones de parámetros (70B), una escala propia de LLMs grandes y capaces de sostener lenguaje complejo con mayor consistencia.

Y en datos de entrenamiento, el proyecto declara un corpus del orden de 300 mil millones de tokens, orientado a capturar mejor el contexto latinoamericano.

En síntesis, sus fortalezas en el aspecto geopolítico, cultural y técnico están a la vista, pero también su principal debilidad se vuelve evidente: si los Estados de la región no aseguran un financiamiento, gobernanza y operación permanente a Latam-GPT, el modelo corre el riesgo de quedarse en un flamante hito inicial sin capacidad de proyección para enfrentar este nuevo ciclo de revolución digital en desarrollo.

La fragilidad no se mide solo en continuidad institucional, sino en el costo cultural de no tener un modelo propio. Cuando una región externaliza su inteligencia lingüística, también externaliza sus marcos de interpretación: qué se considera relevante, cómo se explica la historia, qué vocabulario se normaliza, qué ejemplos se ponen por defecto, qué referencias quedan invisibles.

En un continente marcado por la desigualdad del acceso al conocimiento, esa dependencia no es neutra: tiende a reforzar las mismas jerarquías simbólicas que ya operan en medios de comunicación, plataformas de redes sociales y hasta en la educación. Por eso Latam-GPT no es solo un proyecto tecnológico; es un intento de disputar el “sentido común” que las máquinas amplifican cuando se masifican.

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Esa fragilidad se vuelve todavía más delicada cuando se comprende que “mantener vivo” un modelo público: no es solo pagar servidores y funcionarios, sino sostener una cadena completa de decisiones incómodas y permanentes.

Entonces es válido preguntarse por el futuro: ¿Quién define prioridades y límites para la IA? ¿Quién responde por sesgos, errores o usos indebidos del modelo? ¿Quién financia la evaluación continua y la actualización responsable, cuando la presión política pide resultados inmediatos y recortes visibles? Allí es donde un proyecto regional puede perder su rumbo, especialmente por falta de gobernanza sólida y por la tentación de improvisar, justo cuando la confianza pública exige reglas estables.

La gran prueba de fuego, sin embargo, será la adopción. Porque un modelo regional que no se usa queda como símbolo, y un símbolo que al final no corrigió sesgos ni cambió prácticas que dijo trasformar. Como política pública, la pregunta clave pasa por demostrar valor con rapidez y legitimidad: en servicios públicos con lenguaje claro, en educación con apoyos culturalmente pertinentes, en medios y archivos con herramientas de búsqueda y síntesis con contexto local.

Y en Chile, esa tensión se amplifica con la llegada del nuevo ciclo político encabezado por Kast, donde ya se percibe un clima de dureza frente a la ciencia dura y una disposición a reordenar el gasto con criterios de confrontación y eficiencia fiscal.

Si Latam-GPT no logra instalarse en esos espacios, su existencia se vuelve difícil de mantener, ya que quedará expuesto a que un gobierno escéptico de la ciencia lo reduzca a “gasto prescindible”, precisamente cuando más se necesita demostrar su importante utilidad social.

Para que Latam-GPT no quede atrapado entre el entusiasmo del lanzamiento y el eventual recorte del siguiente presupuesto, la salida razonable es mínima y concreta: asegurar continuidad plurianual, con metas públicas y responsables claros; establecer una gobernanza robusta con auditoría permanente, criterios de calidad y mecanismos de rendición de cuentas; y, sobre todo, activar un plan de adopción con pocos casos prioritarios en instituciones donde el impacto sea medible y socialmente defendible. Si ese piso existe, la discusión deja de ser “ideológica” y se vuelve práctica: qué funciona, para quién, con qué estándares y con qué resultados.

En ese escenario, Latam-GPT no enfrenta solo un desafío tecnológico, sino que también enfrenta un test de supervivencia institucional. Entonces, ¿el modelo se transformará en infraestructura estratégica protegida por el Estado -más allá del gobierno de turno- o quedará como un hito inaugural que se apaga cuando la ciencia se vuelve un lujo y la soberanía digital, un discurso sin presupuesto?

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