El Estado no es un gusto, ni es un lujo prescindible
¿Cuál es el problema, entonces? ¿Es el Estado, o es un Estado con problemas en diseño e ineficiencias? ¿Arreglamos lo que está mal, o desarmamos la casa y partimos de cero? ¿Necesitamos menos Estado, o un mejor Estado? Esa es la pregunta. ¿Y la respuesta? A mediados del siglo pasado, el humanismo cristiano nos orientó al respecto, proponiéndonos la Economía Social de Mercado: “Tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario”. Lo demás es ideología, ya que está tan de moda hablar de ellas.