En un país sin fiesta pública ¿que nos dejó Halloween?
También necesitamos darle sentido a nuestra vida cotidiana, a nuestros lugares y a las relaciones con los demás. Las fiestas son un momento especialmente propicio para esto. Producen conexión con el presente y con el lugar. La festividad, y también el juego, contienen una potencia transformativa que rompe lo ordinario y altera las condiciones de la cotidianeidad.
Por
Francisco Letelier Troncoso