lunes 26 de octubre de 2026
Opinión

2026, año de inflexión en Medio Oriente

Aún hay muchas incógnitas sobre cómo evolucionarán los eventos, pero una cosa está clara: estamos en medio de procesos que transformarán el Medio Oriente, y este año será recordado como un punto de inflexión.

26 de octubre de 2026 - 16:45

Este 2026 será estudiado por los historiadores del futuro como un año de inflexión en las relaciones internacionales del Medio Oriente. Hay tres procesos que se están concatenando, procesos que no son nuevos, pero que este año se entrelazan de tal forma que significarán un cambio de época para esta región. Esos tres procesos son: la guerra en Irán, la guerra de Israel contra Palestina y el Líbano, y la retirada de EE.UU. de Irak. Explicaremos brevemente los tres para comprender la magnitud de lo que se está viviendo.

Primero, es importante entender que el Medio Oriente no es simplemente un espacio geográfico bien definido. En realidad, se trata de una red de relaciones, intereses y un imaginario colectivo que ha configurado lo que llamamos Medio Oriente. Este concepto ha evolucionado con el tiempo; durante la era del imperialismo colonial europeo, se refería principalmente a las tierras habitadas por árabes en el antiguo Imperio Otomano.

Más tarde, durante la Guerra Fría, su alcance se amplió para incluir a Irán y al norte de África, regiones distintas del Oriente Próximo árabe de la época otomana. En años posteriores, tras la Guerra Fría y en el contexto de la Guerra contra el Terrorismo de Estados Unidos, el Departamento de Defensa acuñó el término Gran Medio Oriente, que abarcaba desde Marruecos, en el norte de África, hasta Pakistán, en Asia Central. Este concepto incluía regiones, países y culturas muy diversas, cuyo único nexo común era la predominancia del islam.

Desde la Primavera Árabe y con las consecuentes guerras civiles en Siria y Libia, sumado a las inestabilidades causadas por la presencia de EE.UU. en Irak y Afganistán, el diseño del Medio Oriente ha ido cambiando, pero no hay un solo relato que permita agrupar, condensar o explicar en su conjunto esta región.

En 2021, el presidente Joe Biden retiró a los Estados Unidos de Afganistán, poniendo fin a dos décadas de presencia militar. El resultado de esas dos décadas es desastroso; ese país no ganó nada con la guerra contra el talibán. Aquellos radicales no solo sobrevivieron, sino que volvieron al poder.

Cuando en 2016 Donald Trump asumió la presidencia, la política estadounidense hacia el Medio Oriente cambió drásticamente. En un principio, podía parecer atractivo que EE.UU. se retirara de la región; el problema es que la pléyade de conflictos que generó su presencia militar no se solucionaría con su retirada; de hecho, eso terminaría agravando la situación, porque dejaría un vacío de poder que sería aprovechado por diversos grupos radicales en Irak y Siria.

Trump, además, motivado por su odio visceral hacia el expresidente Obama y su afinidad con el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, retiró a su país del JCPOA, el acuerdo diplomático conjunto entre ese país, sus aliados occidentales e Irán, relativo al programa nuclear iraní. Ese acuerdo diplomático estaba dando resultados; no había evidencia alguna de violación de sus puntos, pero Trump decidió retirarse unilateralmente y sancionar a Irán. El resultado ha sido un desastre económico para ese país y un problema diplomático grave para Occidente.

La motivación de Israel para presionar a Trump es clara: Netanyahu quiere desestabilizar el régimen iraní. Las sanciones económicas no han tenido efecto, por lo que pensaron que, al descabezar al país, este colapsaría. Tampoco resultó; a comienzos de este 2026 asesinaron al líder, el ayatolá Jamenei. El régimen no colapsó, como pensaban.

Hay que destacar que ese asesinato es un acto criminal; por mucho que se considere a un líder un criminal, el derecho internacional no permite acciones unilaterales de esa índole. Estados Unidos abaló el crimen y continuó la guerra, a pesar de los esfuerzos diplomáticos. Irán respondió cerrando el estrecho de Ormuz, una vía marítima fundamental para el comercio global. EE.UU. no previó lo que sucedería. Al momento de escribir estas líneas, ese impasse no se ha resuelto y, por ello, el orden internacional está en vilo.

Cuando en octubre de 2023 Hamas lanzó su ataque contra Israel, asesinando a miles de ciudadanos de ese país, lo que buscaba era llamar la atención de los vecinos árabes de Israel sobre el hecho de que el problema palestino seguía vigente. A los líderes de Hamas les frustraba tremendamente que Palestina estuviera estancada en sus pretensiones de autonomía. En el marco de los Acuerdos de Abraham, Israel fue normalizando relaciones con algunos vecinos árabes, pero faltaba uno de los más importantes: Arabia Saudita. Para evitar que aquello sucediera, Hamás lanzó ese ataque.

Ese acto terrorista estaba planificado y era de conocimiento de los servicios de inteligencia del Golfo; el presidente de Emiratos Árabes Unidos advirtió a Netanyahu, quien le restó importancia a la amenaza. En el marco de la guerra en Gaza, Netanyahu también ha aprovechado para lanzar un ataque frontal contra Hezbolá en el Líbano, manteniendo abiertos dos frentes. En paralelo, la violencia de los colonos judíos extremistas en Cisjordania se ha intensificado. Estos colonos actúan en connivencia con el ejército israelí, despojando a los campesinos palestinos de sus tierras.

Israel pretende extender su guerra incluso hasta Turquía; ya hay bastantes voces en Israel que señalan a Turquía como la siguiente amenaza. Esto revela que Israel está empeñado en rediseñar el Medio Oriente a su conveniencia.

La retirada de las tropas de EE.UU. en Irak forma parte de un proceso más amplio de reajuste de sus recursos militares en la región, debido a la guerra contra Irán. Esta guerra ha sido más larga y costosa de lo previsto inicialmente, lo que revela la falta de planes concretos y obliga a EE.UU. a redirigir recursos hacia Irán. Con los bombardeos iraníes contra bases militares norteamericanas en la región, ha quedado claro que la presencia militar de EE.UU. no garantiza la seguridad de sus aliados.

Pero Irak es un caso particular, porque ese país no permitió la presencia militar en su territorio; fue invadido en 2003. Desde entonces, solo ha vivido inestabilidad política y económica; no ha obtenido nada bueno de la presencia militar estadounidense y su ausencia entusiasma a algunos, pero también representa un enorme desafío para ese país, porque deberá enfrentar a diversos grupos radicales presentes en su territorio. Queda por ver si aquel país árabe puede ejercer plenamente su soberanía y mantener a raya a los radicales.

Todos estos procesos son una manifestación de que EEUU es una potencia en declive en la región y de que su ausencia será aprovechada por otras potencias para ejercer su hegemonía regional. Irán, lejos de estar derrotado, ha mostrado una enorme capacidad de adaptación; quedará por ver cómo se reconstruye internamente tras la guerra y cómo restablece las relaciones con sus vecinos. Por otra parte, Netanyahu es quizás el líder más desestabilizador de la región, pero no está claro si su derrota electoral este octubre signifique realmente un cambio de rumbo para Israel.

Aún hay muchas incógnitas sobre cómo evolucionarán los eventos, pero una cosa está clara: estamos en medio de procesos que transformarán el Medio Oriente, y este año será recordado como un punto de inflexión.

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