En los 70, la artista Cecila Vicuña aún vivía en Chile y tenía un sueño: que el pueblo chileno reconociera y cuidara las semillas nativas de Chile, para evitar su desaparición.
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Vicuña recuerda en su arte un proyecto de los 70 para instaurar el Día de las Semillas, recuperar especies nativas y reforestar las ciudades de Chile.
En los 70, la artista Cecila Vicuña aún vivía en Chile y tenía un sueño: que el pueblo chileno reconociera y cuidara las semillas nativas de Chile, para evitar su desaparición.
“En 1971 propuse a Salvador Allende celebrar un día de la semilla: recoger y plantar semillas. Convertir terrazas y techos en jardines, plazas y parques, en bosques y chacras, las ciudades y campos en vergel. Allende se rió y dijo pensativo: quizás para el año 2000”, explica la artista.
Y aunque la idea en su momento “no germinó”, Vicuña se dedicó a crear pequeños bosques en los jardines locales y vecindarios, intentando materializar la idea hasta que el golpe de estado sacudió para siempre la vida en el país.
Durante los 2000, Vicuña creó obras de arte rememorando su proyecto de restauración de la semilla nativa, creando un quipú o tejido ancestral usando semillas nativas en peligro de extinción.
La artista dedicó la obra a las y los detenidos desaparecidos. Según Vicuña estas personas, tal como las semillas extintas, desaparecen dos veces: primero cuando las desaparecen y luego cuando el pueblo chileno las olvida.
A pesar de que la propuesta concreta de la artista para rescatar las semillas nativas se vio truncada por la dictadura, en ese momento el país atravesaba un proceso de reforma agraria cuyas formas generaron polémica y cuestionamientos pero que buscó democratizar el acceso a la tierra para campesinos familiares, que históricamente y hasta el día de hoy han sido los que mantienen y propagan las semillas nativas y tradicionales.
El objetivo era mejorar las condiciones de campesinos familiares, modernizar la agricultura y mejorar la producción de alimentos con un objetivo de soberanía alimentaria para que el país no dependiera de importaciones.
Ante la crisis climática y la huella ecológica y de carbono que significa el modelo agroexportador, además de la debilidad de las cadenas de suministro ante crecientes amenazas, ha vuelto a discutirse el rol de la agricultura familiar campesina para la soberanía alimentaria.