El Lago Caburgua, ubicado en la comuna de Pucón, se está transformando durante la última década en uno de los símbolos más visibles de la crisis climática e hídrica que afecta al sur de Chile.
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Tras un histórico retroceso de sus aguas, en el 2024 el lago Caburgua pudo recuperar parte de sus recursos hídricos, pero la crisis climática y el humano lo afectan ahora.
El Lago Caburgua, ubicado en la comuna de Pucón, se está transformando durante la última década en uno de los símbolos más visibles de la crisis climática e hídrica que afecta al sur de Chile.
Sus extensas playas expuestas, la reducción de su espejo de agua y la preocupación de habitantes y organizaciones ambientales marcaron una discusión que hasta hoy sigue sin una explicación única y definitiva.
El fenómeno comenzó a hacerse evidente desde fines de la década de 2000. Desde aproximadamente 2008, vecinos y especialistas comenzaron a registrar una disminución sostenida en el nivel del lago, situación que se profundizó durante los años de la mega sequía que afecta gran parte de Chile.
Durante más de una década surgieron diversas hipótesis para explicar la pérdida de agua. Entre ellas se mencionaron los efectos de la sequía prolongada, la disminución de precipitaciones y nieve en la cordillera, posibles alteraciones hidrogeológicas asociadas al terremoto de 2010, así como intervenciones humanas en cursos de agua que alimentan el lago.
La situación llegó a ser tan crítica que organizaciones locales advirtieron que, de mantenerse la tendencia, el lago podría sufrir transformaciones irreversibles en su ecosistema durante las próximas décadas.
Tras años de retroceso, el escenario cambió drásticamente en 2024. Mediciones realizadas por la agrupación Vigilantes del Lago mostraron que el nivel del agua avanzó más de 350 metros lineales respecto de los registros más bajos observados durante la crisis. En varios sectores, playas que permanecían expuestas volvieron a quedar cubiertas por agua.
Especialistas atribuyeron esta recuperación principalmente al aumento de las precipitaciones registrado entre 2023 y 2024, que favoreció lluvias superiores a los promedios históricos en distintas zonas del país.
El climatólogo Raúl Cordero, de la Universidad de Santiago, explicó entonces que la recuperación de caudales y embalses observada en diversas regiones estaba directamente relacionada con las abundantes precipitaciones generadas por dicho evento climático.
La recuperación, sin embargo, no logró consolidarse.
A comienzos de 2026, habitantes de la zona volvieron a alertar sobre un nuevo retroceso del lago. Las orillas nuevamente comenzaron a expandirse y extensas franjas de arena reaparecieron en sectores que apenas un año antes habían recuperado cobertura de agua.
La situación genera preocupación entre vecinos, comunidades y autoridades, especialmente porque aún no existe una explicación oficial concluyente sobre las causas exactas del fenómeno. Ante ello, la Universidad de La Frontera (UFRO) inició estudios destinados a determinar tanto las razones de la disminución del nivel del agua como el estado ecológico del lago.
Aunque las investigaciones continúan, los expertos coinciden en que la crisis climática sigue siendo uno de los principales factores de presión sobre el sistema lacustre.
El aumento de las temperaturas, la reducción de precipitaciones en determinados períodos, la menor acumulación de nieve en la cordillera y una mayor frecuencia de eventos extremos están modificando el comportamiento de cuencas y lagos en distintas regiones del país.
En este contexto, la recuperación observada en 2024 podría interpretarse como un alivio temporal impulsado por condiciones climáticas excepcionalmente favorables, más que como una solución estructural al problema.
Los especialistas han advertido que el comportamiento del Fenómeno de El Niño y de su fase opuesta, La Niña, puede influir significativamente en la disponibilidad de agua.
Mientras El Niño suele favorecer mayores precipitaciones en parte de Chile, la transición hacia condiciones más secas reduce los aportes hídricos que alimentan lagos, ríos y embalses. Precisamente, tras el episodio lluvioso que favoreció la recuperación del Caburgua en 2024, el retorno a condiciones menos húmedas comenzó a reflejarse nuevamente en los niveles del lago.
Los científicos advierten además que la crisis climática puede intensificar la variabilidad natural de estos fenómenos, haciendo más frecuentes los períodos de sequía o provocando alternancias cada vez más bruscas entre años muy lluviosos y años deficitarios.
Junto a los factores climáticos, persiste la discusión sobre el impacto de ciertas intervenciones humanas en la cuenca.
Uno de los puntos más controvertidos ha sido la situación del río Trafampulli, afluente vinculado al sistema hídrico que alimenta el lago. Durante los últimos años se han registrado disputas por obras y modificaciones en su cauce, tema que continúa generando diferencias entre comunidades, autoridades y organismos técnicos.
La combinación entre cambio climático, alteraciones en los regímenes de lluvia y posibles intervenciones humanas mantiene abierto el enigma del Lago Caburgua, cuyo comportamiento sigue siendo objeto de estudio.
Por ahora, la imagen que sorprendió a los visitantes en 2024, cuando el lago recuperó gran parte de su superficie perdida, parece desvanecerse nuevamente.
Y con ello reaparece una pregunta que preocupa a toda la zona lacustre de Región de La Araucanía: si la recuperación fue solo un respiro temporal o si todavía existe la posibilidad de recuperar de manera sostenible uno de los cuerpos de agua más emblemáticos del sur de Chile.