sábado 08 de agosto de 2026
Animales

Abandono, muerte o caza: los destinos de los galgos tras ser usados en carreras de perros

A la espera de definiciones legislativas sobre las carreras de perros, sectores de Marchigüe, Melipilla, Lampa y Limache concentran el rescate de galgos abandonados con fracturas por sobreexigencia y fallos renales por dopaje. Ante las graves secuelas físicas y psicológicas que sufren estos animales, las organizaciones rechazan la regulación y exigen su prohibición definitiva.

8 de agosto de 2026 - 09:00

El pasado lunes 3 de agosto, la Cámara de Diputados tenía programada la discusión de dos proyectos de ley sobre las carreras de perros galgos: uno que busca prohibirlas con penas de cárcel, impulsado por el exdiputado Tomás Hirsch, y otro que propone regularlas, presentado por el exdiputado UDI Pablo Lorca.

Sin embargo, por falta de acuerdo y tiempo en la tabla, el debate no se realizó. En ese contexto de incertidumbre legislativa, y a pocos días de que se celebre una nueva "liebrada" en la comuna de Marchigüe, conversamos con Carla Araneda, encargada de rescate y redes sociales de la Fundación Brigada Galgos —organización nacida en 2023 que funciona a base de hogares temporales— sobre la realidad de esta raza en Chile y por qué rechazan categóricamente la opción de regular la actividad.

"Necesitamos que exista una ley que prohíba, para que en algún momento se acabe esta actividad y ojalá ya no tengamos a quién rescatar", afirma Araneda.

Abandono, muerte o caza: El "descarte" del galgo

En la práctica del canódromo y la cacería, la juventud del animal lo es todo. Según explica la encargada de rescates, los galgos enfrentan una corta etapa competitiva —su mayor rendimiento físico oscila entre los 2 o 3 años de edad—. Luego de eso, pasan a ser vistos como una carga financiera.

Desde la fundación sostienen que la edad promedio de los galgos que rescatan fluctúa entre los 4 y 7 años. Muchas veces, se encuentran en situación de abandono, principalmente en las regiones de O'Higgins (Marchigüe), Valparaíso (Limache y Olmué). y Metropolitana (Lampa, Batuco, Melipilla y Curacaví) —según los registros de la fundación—. La mayoría en zonas rurales, en donde existen canódromos, donde se suelen realizar este tipo de carreras.

Sin embargo, si no es el abandono, el destino de los galgos es la muerte. Uno de los casos más estremecedores que circuló por las redes fue el de la comuna de Marchigüe, cuando el activista Luis Martinez —también conocido como Luis Galgo— difundió el caso de un perro encontrado ahorcado en un árbol en julio pasado.

Dos semanas después de este hallazgo, otro caso volvió a conmocionar a los rescatistas: la Organización Animalista Huellas denunciaron que otro perro fue encontrado en el mismo estado, pero en el sector de San Juan de Machalí.

Dar muerte a un galgo tras dejar de competir es una práctica frecuente. De hecho, Araneda cuenta el caso de un perro cuyo dueño intentó cortarle el cuello con un hacha, pero al estar en estado de ebriedad, terminó por cortarle una pata. Pese a las lesiones, el animal logró ser rescatado y hoy vive con una familia que sí lo cuida.

Los casos siguen. Araneda cuenta que otra forma de darles muerte es amarrándolos a los autos en movimiento o lanzándolos a fosas para que no puedan escapar.

Otro de los destinos que enfrentan los galgos —aunque en menos casos— es ser entrenados para la caza. En particular, para la persecución de presas pequeñas como conejos, liebres o aves de corral. Sin embargo, esta práctica se les da mejor en el peak de su juventud: "muchos tienen la doble función de competir y cazar", explica.

Asimismo, en otros casos, "si el perro tuvo buena línea de sangre, lo usan para reproducción, ya sea como semental o como hembra reproductora, buscando siempre un beneficio económico", señala Araneda.

Las fracturas que delatan el uso de galgos en carreras

El contraste entre un galgo criado como mascota y uno explotado en las carreras es abismal. Mientras que un galgo en un entorno familiar saludable alcanza una expectativa de vida de entre 14 y 15 años sin enfermedades crónicas, los ejemplares rescatados presentan un envejecimiento prematuro y múltiples fallos orgánicos a los siete u ocho años.

Muchos de ellos sufren de severos problemas cardíacos y renales, directamente atribuidos al uso de sustancias inyectadas para forzar su rendimiento. Según explica Carla Araneda, el riñón es el órgano que suele verse más afectado debido a la sobrecarga química.

Un hecho comprobado de forma concreta durante la demolición del antiguo canódromo de Peñalolén, donde se hallaron agujas y envases de vitaminas para caballos, cuyo exceso genera daños renales irreversibles.

A esto se suman constantes luxaciones y fracturas provocadas por la alta exigencia física en la pista o el campo. De hecho, un gran porcentaje de los abandonos ocurren inmediatamente después de que el perro se fractura durante una jornada de caza y deja de ser útil para su tenedor.

En el plano psicológico y conductual, el trauma del confinamiento y la explotación deja marcas profundas en la personalidad del galgo. Al haber vivido encerrados en caniles sin más contacto humano que el momento del entrenamiento o la competencia, desarrollan una severa ansiedad por separación y un miedo paralizante, que en muchos casos se dirige específicamente hacia los hombres.

Otros llegan en un estado de alerta constante y muestran una agresividad defensiva producto de los abusos sufridos. Esta desconexión afectiva dificulta su rehabilitación, ya que cuando finalmente son integrados a un hogar donde se les entrega cariño y compañía, no saben cómo canalizar esa nueva realidad, lo que inicialmente les desencadena episodios de alta ansiedad, según explica Carla Araneda.

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