En los últimos años se han empezado a masificar en Chile las Obras de Conservación de Agua y Suelo en cerros de Santiago y otras ciudades de Chile. Se trata de pequeñas intervenciones como zanjas de infiltración y terrazas que funcionan como mini humedales, restaurando la capacidad del suelo para absorber el agua.
Tras las intensas lluvias de los últimos días, la efectividad de estas técnicas, que han sido utilizadas por pueblos indígenas desde antes de la colonia, quedó demostrada en lugares como el cerro Chena o el cerro Colorado en Renca.
Así lo constataron autoridades del Ministerio de Medio Ambiente, que visitaron distintos cerros isla de Santiago tras las lluvias, donde se han aplicado estos mecanismos de restauración de paisaje. Algunas de estas iniciativas fueron instaladas por empresas para compensar el impacto ambiental de proyectos de inversión o las emisiones contaminantes.
Esto porque el retorno de vegetación a los cerros restaura los suelos pero también fomenta la captura de dióxido de carbono de la atmósfera, por lo que se utiliza como mecanismo compensatorio para empresas emisoras, ayudando a cumplir las metas del Plan de Descontaminación Atmosférica de la Región Metropolitana.
Lluvia, inundación y restauración de suelos
Las OCAS redujeron la velocidad del agua al correr por las laderas, logrando su retención y permanencia en el suelo, lo que permite la infiltración y relleno de acuíferos y mejora la salud del suelo facilitando que se establezca vegetación, la que a su vez también ayuda a retener más agua en el suelo e infiltrarla al subterráneo.
Todo esto disminuye la erosión que genera el paso de la lluvia por suelos degradados y también limita la cantidad de agua que corre por la superficie, mitigando el riesgo de inundación, aluviones y anegamientos.